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Mediaset recupera como personaje a Rocío Carrasco ‘Rociito’, que denuncia en prime time que fue maltratada por Antonio David Flores cuando este era su marido

HECHOS

El 21.03.2021 se emitió el primer episodio de una entrevista-documental a Dña. Rocío Carrasco.

24 Marzo 2021

Sobre Rocío Carrasco

Barbijaputa

Mediaset ha comenzado a emitir una serie documental sobre Rocío Carrasco, como ya todo el mundo sabe. Durante muchos años, el propio Mediaset cubrió horas y horas de emisión donde tertulianos varios insultaban de muchas formas a Rocío Carrasco. Mediaset fue cómplice necesario del daño que se le ha infligido a la víctima por la que ahora saca pecho. Como guinda del espectáculo en el que han convertido un testimonio de violencia machista, Jorge Javier recordaba entre toma y toma de una Rocío completamente devastada que «en esta noche tan especial puedes ganar 12.000 euros».

Cuando no se ha hecho nunca nada con dignidad, cuando tu forma de negocio y de vida es la carroñería sin escrúpulos de vidas ajenas, no puedes ni imaginarte cómo sería resarcirte sin seguir picoteando cadáveres. Y eso es lo que ha hecho Mediaset, una vez más. Es como la fábula del escorpión y la rana. Es su naturaleza. Es la naturaleza del propio capitalismo.

Es curioso cómo, justo al inicio del programa, Jorge Javier se sorprende porque en redes hay gente que no cree lo que Rocío Carrasco tenía que decir incluso antes de haberla escuchado. No sé a qué se debe la sorpresa, es lo que ha hecho él mismo y los tertualianos y tertualianas que le suelen acompañar. Es lo que han hecho durante 20 años: insultarla incluso sin haberla escuchado jamás. Todos estos años han estado educando a una audiencia que, ahora, resulta que les sorprende porque recitan lo que han aprendido.

El relato de Rocío Carrasco es el de una mujer maltratada. En este caso ocurre que la violencia no solo la han ejercido los habituales: maltratador, justicia y/o entorno, sino que se le han unido poderes mediáticos, que han generado una violencia contra ella que se materializaba luego incluso en la calle. No es de extrañar que la llamaran sinvergüenza o mala madre en espacios públicos, lo que se repite mil veces ante 20 millones de personas, acaba siendo replicado por lo más ignorantes y acríticos de toda esa masa.

Estoy de acuerdo en que hay un sector de la población (incluido Jorge Javier y algunos tertulianos habituales, porque lo demuestran durante las 4 horas de programa) al que este tipo de relatos, de información, de sensibilización contra la violencia machista no llega si no es a través de estos programas. Estoy de acuerdo en que es positivo que también en la telebasura se hable de esto, se le dé voz a víctimas y se haga en prime time. El problema es ¿cómo se comunica lo que ocurre? En el plató solo había dos personas que sabían perfectamente de lo que hablaban, Ana Pardo de Vera y una psicóloga especialista en violencia machista a la que dejan hablar dos frases.

En este programa, no cabía que ni presentador ni tertualianos fueran los mismos que han contribuido a destrozar a una persona. Por decencia, al menos, tendrían que haber sido otras personas. Formadas, que explicasen qué ocurre en cada fase del ciclo de la violencia machista, porque el relato de Rocío es el relato de millones de mujeres en todo el mundo. Si hubieran tenido un mínimo de dignidad, esto le podría haber quedado claro a toda la audiencia, porque hubiera sido explicado y reexplicado por boca de las expertas (será que no hay expertas) que conocen esta lacra al dedillo.

Las redes sociales mostraron su capacidad para ser carroñeras también, como siempre, con un montón de cuentas pidiendo RT si se estaba con Antonio David o Me Gusta si se estaba con Rocío Carrasco. Esto es lo que consume ese sector que vive con Sálvame de fondo cada día: ¿a quién te crees en este nuevo cotilleo premium?  ¿Quién miente y quién dice la verdad?

Sería muy optimista pensar que este programa va a cambiar muchas mentes. Lo que cambia muchas mentes es la matraca de estar día y noche humillando a personas que no quieren siquiera participar del espectáculo circense que es Mediaset. Y si no participas, más culpable parece que eres. Tan culpable que te insultan por la calle hasta el punto en el que «solo en mi casa me siento segura», como decían Rocío Carrasco.

El circo en torno al testimonio de Rocío seguirá todo lo que Mediaset tenga a bien alargarlo que será lo que dure el champán con el que andarán brindando por el fabuloso dato de share, haciendo caja como pocas veces con la publicidad y regalando miles de euros si llamas al teléfono que aparece en pantalla. Que en ningún caso fue el 016.

Habrá víctimas de la misma violencia que ha sufrido Rocío entre las televidentes de Sálvame, que habrán mirado de reojo a su maltratador y se habrán hecho preguntas. Pero, ¿sabéis qué? Que ni siquiera se las ha informado (en las 4 horas de programa) de las posibilidades que tienen para salir con vida de allí. Porque no lo han hecho profesionales sino los colaboradores del maltrato, y porque les importa -permítanme el tono- una soberana mierda todo lo que no sea más y más audiencia, más y más dinero, más y más carroñería. Lo que hemos visto es el capitalismo salvaje, el único capitalismo posible, jugando a las cartas con el patriarcado. Próximamente, la siguiente partida.

26 Marzo 2021

Eres tonta

Luz Sánchez Mellado

En cuanto él te dice tonta, inútil, patética y tú no le respondes ahí te quedas, estás cavando tu tumba. La de tu paz. La de tu alegría. La del respeto a ti misma. Nunca es pronto ni tarde para levantar cabeza, pero ya te tiene cogida del cuello y solo te soltará cuando se canse de ser tu yugo, si no eres tú quien le quita el poder que le diste. Por eso, en cuanto la oí decir en la tele, llorando desde las tripas, que él la llamaba desde novios tonta, inútil, gorda patética, sin que ella le dijera ahí te quedas hasta que fue tarde, supe que eso era cierto. Tanto como que ella no es una santa ni una madre perfecta. A quien lo sea que la saquen en procesión y le canten saetas.

Desde el instante en que pares ya no eres tú, no solo. Eres la madre y lo serás hasta que mueras. Así te miran, así te llaman, así te juzgan. Una madre nunca haría eso, lo que sea, sentencian, y lo peor es que son mujeres las que lanzan las peores piedras. Una madre no decide no amamantar pudiendo. Una madre no sale de juerga y deja a sus hijos con otra. Una madre no cede la custodia de los hijos por su carrera. Una madre aguanta lo que le echen. De los padres no se habla. Son hombres, ya sabes. Los hijos son de las madres, aunque lleven de primer apellido el de alguien que ni está ni se le espera. Dicho esto, se puede ser maltratada y avariciosa. Maltratada y egoísta. Maltratada y vuelta a maltratar sabiendo lo que sabes. Y, sí, maltratada y madre mejorable. Las maltratadas no son ángeles. Son humanas. Eso es lo que vi el domingo en la tele. Una mujer contando el proceso del maltrato mejor que cien libros blancos. Lo demás: la música apocalíptica, las plañideras rasgándose la camisa después de haberle arrancado la piel a tiras, las políticas subiéndose al carro, los sorteos de 12.000 pavos entre golpes de pecho, sobra. Con que una cría de 17 años oiga la alarma si el noviete la llama tonta y le diga ahí te quedas, algo habremos ganado.

04 Abril 2021

Mal tratar el maltrato

Elvira Lindo

El documental de Rocío Carrasco está referido a la violencia machista y eso parece haber suspendido nuestro sentido crítico, despreciamos a todo aquel que intente amargarnos este momento televisivo

Si el documental de Nevenka, austero, en absoluto melodramático, tiene de fondo la España del pelotazo, la burbuja inmobiliaria y el sesgo misógino de la sociedad y la justicia, porque las vidas no suceden en un limbo ahistórico sino en un contexto concreto; si una persona joven que no vivió esos años del falso milagro económico ve hoy la historia de la concejala y comprende por qué aquel era el hábitat perfecto para que un hombre poderoso se creyera impune, como así lo escribió Juan José Millás; si ese era el objetivo del documental, narrar una vida que se ve sacudida por el contexto moral y político de una época, está de sobra cumplido. En la exitosa narración televisiva que Telecinco está ofreciendo de Rocío Carrasco falta, a mi parecer, ese fundamental contexto. Cuando la protagonista de este programa se sale del asunto esencial del abuso lo que se narra deriva hacia aquello que leeríamos o veríamos en cualquier “exclusiva” del corazón. Pero el hecho de que lo que se cuenta esté referido al matrato parece haber suspendido nuestro sentido crítico, de tal manera que despreciamos a todo aquel que intente amargarnos este momento televisivo al señalarnos que tal vez esta no es la manera de tratar el maltrato. El contexto en el que se desarrollaron los hechos sucede en los mismos años desquiciados del abuso que padeció Nevenka, pero en el caso de Carrasco se elude probablemente ese relato porque la propia cadena oculta su ineludible responsabilidad de convertir a personas muy poco preparadas en seres para el desguace. No le conviene el ejercicio autocrítico sino el de lavar la imagen. Y es ahí donde ha seducido al público, ¡incluidas dos ministras!, conduciéndolo a mirar sin cuestionar, a aplaudir sin recordar. Pero hay que recordar. Hay que recordar cómo era aquel Canal Nou, precursor incluso de las maneras políticas de hoy, que hubiera admirado al pope de este negocio, el viejo Berlusconi. Hay que recordar lo que se veía y la suciedad de la trastienda: ahí estaba ese Vicente Sanz, presidente de la tele pública valenciana, pidiéndoles a algunas de sus colaboradoras que le hicieran ”una chupaeta”. Hay que ver las veces en que apareció la misma Rocío Carrasco (algunas sí se emitieron la semana pasada), tan jovencilla que daba mucha lástima, dando ruedas de prensa por su embarazo, o muy crecida en Tómbola, poseedora de un tono desafiante, espetándole sin rubor a una colaboradora que a lo mejor lo que envidiaba es que su marido (Antonio David) tenía la suerte de no tener que trabajar para vivir. Asombroso. Asombroso el desfile de hijos de madres y padres que fueron algo, tonadilleras, toreros, boxeadores, presentadoras, y a los que nadie, ni sus progenitores ni la prensa caníbal, dejaron crecer en su legítima privacidad: los fagocitaron, los convirtieron en personajes que poco tenían que contar más que esas cosas comunes que nos pasan a todos, que nos embarazamos, que tenemos hijos, que los bebés son nuestro motor, que por nuestros hijos matamos. En fin. Los programas exhiben ya la tercera o cuarta generación de estos personajes sin rumbo. La tele alimentó la curiosidad por la podredumbre, y el dinero, ahí está la clave, los condujo a un nivel de vida altísimo y sin fuste. Ese es el lamentable paisaje de esta historia. Pero parece que por el hecho de tratarse de un maltrato hemos de anular cualquier otra perspectiva sociológica. No debiera ser así en un relato tan confuso en donde se mezcla lo que verdaderamente es violencia —el desprecio, la bofetada, el insulto— con unos cuernos que, siendo muy desagradables, no están tipificados como delito en el Código Penal.

12 Abril 2021

Rocío Carrasco ante los hechos probados

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

EL MUNDO inicia hoy un largo reportaje de investigación en varias entregas en el que, dada la relevancia social que ha adquirido el reality de Telecinco sobre Rocío Carrasco, y alarmado por la irresponsable intervención política de destacados miembros del Gobierno intentando capitalizar electoralmente las declaraciones de la hija de Rocío Jurado, pretende contribuir a aclarar los hechos probados por la Justicia, que son, en definitiva, los que conforman la verdad sobre el asunto. Este periódico ha accedido a los autos judiciales que provocaron el sobreseimiento -sin posibilidad de «recurso ordinario alguno», según resolución de la Audiencia Provincial de Madrid, el pasado 30 de septiembre- de la denuncia de Rocío Carrasco contra Antonio David Flores, por un posible delito de lesiones psicológicas, y a la documentación judicial completa, incluidos el material audiovisual, los interrogatorios, los informes periciales y forenses, las valoraciones del equipo psicosocial de los juzgados e incluso las declaraciones de los psiquiatras que trataron a Carrasco entre 2011 y 2019. No corresponde a este periódico -ni ha sido nunca su motivación- discernir cuál de los participantes en este show televisivo tiene o no razón.

Lo que interesa a nuestros lectores, y esta es la razón de esta investigación periodística, es poner de manifiesto cómo, al convertir a Rocío Carrasco en una víctima de malos tratos de su ex marido -algo que la Justicia no ha probado nunca-, este Gobierno, a través de la vicepresidenta Carmen Calvo y de la ministra de Igualdad, Irene Montero, han querido suplantar a los tribunales españoles por una suerte de justicia televisiva y popular, provocando con ello un grave daño a la credibilidad del Estado de derecho.

Desde el momento en el que el Gobierno convierte un asunto circunscrito a la llamada prensa rosa en una cuestión política, la democracia inicia una peligrosa deriva populista en la que la ficción termina por suplantar a la realidad. Recientemente vimos a varios dirigentes políticos, incluso al entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, mostrarse comprensivos ante la insumisión que otra supuesta víctima del machismo, Juana Rivas, inició contra las justicias española e italiana para lograr la custodia de sus hijos. Nuestros representantes no pueden caer en la trampa de la sentimentalización de la política poniendo en cuestión a las instituciones democráticas y convirtiendo a una supuesta voz del pueblo en fuente de legitimación. La ley, en un Estado de derecho, está por encima de cualquier otra consideración. También en el caso de Rocío Carrasco, como reflejaremos en estas páginas.

12 Abril 2021

No, no, no

Cayetana Álvarez de Toledo

«LA audiencia de Ya es mediodía decide que, a viernes 19 de marzo, apoya a Antonio David Flores en su conflicto con Rocío Carrasco».

Lo de audiencia en minúsculas tuvo que ser una errata. Debieron escribir Audiencia y añadir Nacional. El programa, dirigido nada menos que por una periodista curtida en los tribunales, había animado a la gente a votar la inocencia o culpabilidad de un hombre. Cuatro días más tarde, tras el exitazo dominical, sus productores volvían a colocar otro rótulo en pantalla: «Vota. Tras ver el primer programa de Rocío Carrasco, ¿a favor de quién estás: de Antonio David o de Rocío?»

No sé si conmovidos por el testimonio de Rociíto los espectadores de Telecinco cambiaron de opinión ni me interesa. Lo relevante es que una cadena de televisión se erija en tribunal. Bueno, en tribunal. Eso exigiría guardar cierto respeto por los procedimientos y las garantías procesales, empezando por el principio de contradicción. Y aquí nadie se ha tomado el trabajo de examinar no ya la versión del presunto inocente sino la de los jueces: los hechos probados. Ni siquiera para refutarlos. «¡Que somos tertulianos, oiga, no peritos!» Se nota. Aquí lo único que ha valido, sobre todo en la primera acepción del verbo, son las lágrimas de la presunta víctima. El poder del corazón y el corazón al poder. Abajo los sesos. Aquí el principal condenado es el Estado de derecho. Es decir, usted y yo.

Supervivientes, Sálvame, Salvados… Más que nombres de programas, parecen alusiones a la tesitura del ciudadano en la selva populista. «La culpa es del pueblo», te dicen, «le encanta el circo». Quizá. Aunque habría que liberalizar la oferta mediática y ver qué pasa. Y, en todo caso, la responsabilidad del ciudadano no exime a la élite. El poder obliga. Y el poder es inmenso. Hace un año, en una entrevista en Onda Cero, dije que había medios en España que hacían negocio con la erosión de la democracia. Cuando Carlos Alsina me preguntó a quién me refería contesté que a La Sexta. Fui prudente. También lo hace Mediaset, el grupo que junto con Atresmedia ostenta el oligopolio de la televisión en España. Y hasta la Televisión Española de Cintora y los impúdicos émulos de TV3, más que vertebradora, invertebrada.

En una democracia, ¿se puede criticar a los medios? Sí, y al Rey y a un gay. Siempre y cuando la crítica esté sometida a la razón. Señalamientos para amedrentar, no. Vídeos contra periodistas para asomar la cabeza en campaña, ahórrenselos. Y, sobre todo, ¿se puede discutir una resolución judicial? Por supuesto. Yo discrepo de la sentencia del 1 de Octubre porque reduce los hechos de Puigdemont y Junqueras a una ensoñación de Puigdemont y Junqueras. Y qué habría sido de tantos inocentes -y tantos culpables- sin la mirada incisiva, exigente, rigurosa de un periodista durante un proceso judicial o incluso después. J’accuse…! Pero ni Rociíto es Dreyfus ni Jorge Javier, Zola. En nuestra atrofiada ágora no se están discutiendo racionalmente los hechos de un caso con el ánimo y la esperanza de llegar a la verdad. Se está instaurando una verdad paralela -subjetiva, sentimental, cochambrosa, puramente populista-, que enmienda la verdad judicial y la invalida. Es decir, se está liquidando la propia idea de la verdad y, con ella, cualquier posibilidad de mantener una conversación no ya civilizada y constructiva, sino pacífica. Tu verdad contra la mía y lo resolvemos a gritos. En el mejor de los casos… Es lo que vino a decir el socialista Montilla con esta frase nuclear del proceso separatista catalán: «Los tribunales no pueden juzgar sentimientos». La relación no es casual. No hay caldo de cultivo más favorable a un nuevo despotismo de post-juicio que la identidad.

Medio siglo después de Mayo del 68 y, sobre todo, diez años después de Tony Judt, algunos jóvenes progresistas ilustrados por fin empiezan a asumir que la identidad ha sustituido a la igualdad como el gran tótem de la izquierda y que esto supone una regresión. Ovejero ya no está solo; bienvenido Soto Ivars. La identidad es el neo-Dios al que la hueca moral dominante nos obliga a rendir pleitesía. Una nueva forma de religión y, como todo separatismo, incompatible con la democracia. Lo dijo Macron en referencia al islamismo: es separatista porque crea una legitimidad paralela a la republicana, que socava la comunidad de los libres e iguales. Su reflexión es igualmente válida para cualquier expresión identitaria, desde el nacionalismo, centrífugo o centrípeto, hasta el feminismo de tercera ola que tan perfectamente representa nuestra insólita ministra de Igualdad.

«El testimonio de Rocío Carrasco es el de una víctima de violencia de género. #RocíoYoSíTeCreo». No sé si Irene Montero se paró medio segundo a reflexionar antes de dictar su sentencia-tuit. Prefiero pensar que no. Tampoco lo habrá hecho la portavoz socialista, Adriana Lastra, antes de condenar a un hombre en prime time: «Rocío Carrasco es una mujer valiente, una superviviente. [¡Supervivientes!]. Su testimonio tiene un gran valor para visibilizar la violencia de género. No pararemos hasta que la vida sea segura y libre para todas las mujeres. #RocíoVerdad1».

No se pararon ni pararán, bien. Pero, ¿y si la cabecita que rodara por el plató fuera la del padre, hermano o pareja de alguna de las dos? La del propio Pablo Iglesias, por qué no. Hay que pararse, sí. Concreta y enérgicamente ante estas cinco palabras: «Yo sí te creo, hermana». La frase, consigna del nuevo separatismo, lo tiene todo. El «yo» afirma la primacía de lo subjetivo sobre lo objetivo. El «te creo» antepone la opinión, una fe cuasi-mística, al hecho probado. El «hermana» reivindica la identidad colectiva. En este caso, un feminismo que se ha vuelto puritano y pendenciero. Juntos, estos tres elementos impugnan el Estado de derecho y estimulan el conflicto social. Porque, si las opiniones se convierten en hechos y los hechos en opiniones, cualquier persona implicada en un litigio podría preguntarse: «¿Y por qué sus percepciones valen más que las mías?» Y, con toda la legitimidad de un mundo sin legalidad, lanzarse a la caza de seguidores para afirmar su verdad. Y entonces, ¿quién será inocente? ¿El que movilice más audiencia o consiga más likes? ¿El que llore más fuerte? El que no llora no mama y el que no mama es un gil, cambalache. ¿Y quién será culpable? ¿Lo decidirán en votación, clic, clic, los espectadores del oligopolio? ¿O directamente Irene y Pablo desde la piscina de Galapagar? Y aun decía el sábado El País, por boca de una magistrada, que convendría trasladar el modelo Rociíto a la Justicia ordinaria: testimonio televisado, sin cortes ni apenas injerencias, si acaso unas pocas preguntas planteadas por un psicólogo, para que la mujer pueda «contar libre su verdad». Y el hombre penar en la cárcel sin las garantías de un proceso justo.

QUIZÁ SEA ESTO lo que nos distinga de Francia: aquí el ataque populista al demos se produce desde las propias instituciones del Estado. Por eso, además de una reflexión sobre la responsabilidad de las élites mediáticas, el caso Carrasco exige una lectura política. Otra frase que me trajo problemas: «¿De verdad van ustedes diciendo: ‘Sí, sí, sí, hasta el final?’» En directo, la futura ministra de Igualdad me acusó de legitimar la violación. Dos años después, el Consejo General del Poder Judicial, por unanimidad -todas las ideologías, todos los géneros-, emitió contra su proyecto del solo sí es sí un dictamen devastador. Montero contestó: «Será Ley». Debió decir: «Seré Ley».

Pablo Iglesias es un político fracasado. Por eso trabaja para el fracaso de la política. Es decir, para el triunfo del populismo y la demolición de la democracia. Sólo le queda un camino, una vuelta de Tuerka. Lo ha demostrado en Vallecas. Ni él ni sus ministros y portavoces han condenado la violencia contra un adversario político, en este caso Vox. Al revés. Han jaleado a la turba y justificado sus pedradas. Iglesias aspira a ser un híbrido entre Otegi, Ortuzar y Puigdemont: mis escuadrones en la calle, mis peones en las instituciones y mi poder en las televisiones. Su figura sería marginal y hasta patética si no fuera por la complicidad de Pedro Sánchez y la degradación de las élites. Pocas veces había sido tan necesario un periodismo de calidad, inmune al cinismo, inasequible a la demagogia, combativo con la ignorancia y comprometido con los hechos. Porque la verdad no es una opinión. Y porque en su fariseísmo y su frivolidad los agitadores mediáticos y políticos del show de Rociíto no juegan con la reputación de un zascandil, sino con la libertad de todos.

Cayetana Álvarez de Toledo es diputada nacional del Partido Popular por Barcelona.

12 Abril 2021

TODO LO QUE DIJO LA JUSTICIA SOBRE LAS ACUSACIONES DE CARRASCO A FLORES

Rebeca Yanke

Fue el 11 de marzo de 2020, tres días antes de la declaración del Estado de Alarma por la pandemia, cuando la historia que hoy acapara la atención de todo un país vivió un instante decisivo. En Alcobendas (Madrid), el Juzgado de Violencia sobre la Mujer Nº1 abordaba aquella jornada la petición de reapertura de diligencias por un presunto delito de lesiones psicológicas contra una mujer. «No ha lugar», dictó la juez , con iniciales S.L.G.

Pasado medio año, la sección número 27 de la Audiencia Provincial de Madrid ratificaba la decisión de la juez de Alcobendas. «Debemos confirmar y confirmamos la resolución recurrida», resolvían los magistrados F.J.M.D., J.M.C.G. y C.R.V., la ponente de un auto con fecha del 30 de septiembre.

Y, hace ahora justo tres semanas, el relato autobiográfico de la mujer que vio rechazada por dos veces su petición, Rocío Carrasco Mohedano, llegó como un tsunami a la opinión pública. Su apasionada denuncia televisiva del maltrato psicológico a manos de su ex marido, Antonio David Flores, tuvo consecuencias en todos los ámbitos de nuestro país: el político, el social, el mediático… Se han generado intensos debates -en las redes, en los medios y en la calle- sobre uno de nuestros problemas más graves, la violencia de género, y también sobre el grado de conocimiento que sobre él tienen las instituciones judiciales y la sociedad en su conjunto. En 2020, 45 mujeres murieron por violencia machista.

Ese 21 de marzo, el programa Rocío, contar la verdad para estar viva iniciaba su periplo en el prime time de Mediaset como un documental en el que la hija de la fallecida cantante Rocío Jurado, decidía «romper un silencio de más de 20 años». Lo hacía para relatar el porqué de su desaparición mediática, la nula relación que mantiene con sus hijos… y, también, para denunciar una vivencia de maltrato que, hasta el momento, los tribunales no han considerado procedente investigar.

EL MUNDO ha accedido no sólo a los dos autos ya citados que rechazaron la reapertura de diligencias contra Antonio David Flores. También al archivo completo, material audiovisual, informes periciales y forenses, valoraciones del equipo psicosocial de los juzgados, interrogatorios, declaraciones de la recurrente y del denunciado e incluso a declaraciones de los psiquiatras que, entre 2011 y 2019, atendieron a Carrasco.

En total son miles de páginas que, valoradas en conjunto, ofrecen los hechos probados judicialmente de una polémica que ha saltado de la televisión al debate político y que se desgranarán a lo largo de los próximos días.

Aquel domingo 21, en un plató de penumbras y silencios, durante una emisión que llegó a alcanzar por momentos cifras cercanas al 40% de audiencia, el presentador de aquel primer episodio, Jorge Javier Vázquez, se quitaba las gafas para poder leer fielmente un tuit que acababa de colgar la ministra de Igualdad, Irene Montero. En él se afirmaba, sin ninguna concesión a la presunción de inocencia, que «el testimonio de Rocío Carrasco es el de una víctima de violencia de género». Luego añadía: «Cuando una mujer denuncia públicamente la violencia puede ser cuestionada o ridiculizada. Por eso es importante el apoyo. #RocioYoSiTeCreo».

Esa misma noche, Adriana Lastra, portavoz del PSOE en el Congreso, tuiteaba también: «Rocío Carrasco es una mujer valiente, una superviviente. Su testimonio tiene un gran valor para visibilizar la violencia de género. No pararemos hasta que la vida sea segura y libre para todas las mujeres. #RocioVerdad1».

Lastra y Montero empleaban en sus mensajes el hashtag que la productora de la docuserie, La Fábrica de la Tele, proponía en sus redes para comentar el asunto. Y el testimonio se emitía en la misma cadena de televisión, Telecinco, en la que desde hace años trabajaba el acusado de maltrato, padre de los hijos de Carrasco, que fue despedido el lunes 22 de marzo, nada más emitirse el primer capítulo. Un sillón, un proyector y una voz que preguntaba eran todo el atrezzo empleado por la productora para su gran apuesta de prime time.

El objetivo del Gobierno era evitar la «revictimización» de una víctima. Así lo explicó la propia ministra de Igualdad en otro directo, el lunes 22 de marzo, en el programa Sálvame, también de Telecinco. «Esto es un ejercicio de periodismo que legitima la voz de la mujer contra la violencia machista», dijo Montero desde su despacho ministerial para justificar su aparición televisiva.

El Gobierno abanderaba así la justicia televisiva… y las redes sociales hicieron el resto. Mediaset había entonado el mea culpa incluso días antes de emitir aquel capítulo cero. También a través de Sálvame, advirtieron de que la prensa del corazón tal y como se conocía en España iba a dar un giro copernicano y que muchos de los presentes -sus propios colaboradores- se verían envueltos.

La batalla judicial al completo de dos personas -con menores de por medio- se trasladaba no ya a las portadas y programas del corazón, sino a la arena política, mediática y social. En el debate posterior a aquel primer episodio sólo se mencionó en dos ocasiones la «presunción de inocencia» de Antonio David Flores.

También se enseñaron algunos informes con partes tachadas que se referían, sobre todo, a la situación médica de Carrasco quien, «con un diagnóstico de síndrome ansioso depresivo», denunció haber sido juzgada social y mediáticamente, tildada de «mala madre» y víctima de un «maltrato continuado». Todo ello, aseguró, la llevó a un «intento de suicidio en 2019», año en el que el padre de sus hijos participó en el programa Gran Hermano VIP de Telecinco.

Lo primero que se vivió tras la emisión fue el silencio, roto por una Belén Esteban que asumió su parte de culpa: «Yo he contribuido». Rocío Carrasco acababa de relatar con vehemencia el inicio de su relación con Antonio David Flores, sus 17 años, aquel enamoramiento y aquel verano. También contó lo que ocurrió el año siguiente cuando, ya mayor de edad, ambos iniciaron su convivencia. Carrasco hiperventilaba cuando mencionaba a sus hijos, la respiración se entrecortaba y su sufrimiento se evidenciaba especialmente en esos momentos.

La oleada de apoyo fue amplia y rápida en la opinión pública. A los habituales periodistas del corazón, como Lydia Lozano, los acompañaban en plató profesionales de corte más social, como Ana Pardo de Vera, de Público, que acudía para aportar conocimiento sobre violencia de género y quienes la sufren. A partir de ese momento y hasta ahora, a cada edición de la docuserie han acudido expertas en violencia de género y también psicólogas de todo tipo.

Sin embargo, en el programa no se han incluido las apreciaciones de los jueces en relación al caso. Tampoco la opinión de la Fiscalía al respecto, que por dos veces tuvo que manifestarse sobre el asunto. En ambas ocasiones se mostró en contra de la reapertura de diligencias por un presunto delito de lesiones psicológicas por parte de Antonio David.

EL MUNDO muestra a partir de hoy las piezas que faltan para entender el puzle al completo. Además de la violencia de género, en el caso también entran en juego la salud mental de la denunciante, una denuncia archivada por sustracción de menores, una querella sobreseída por impago de la pensión de alimentos e, incluso, la agresión sufrida por Carrasco a mano de su hija, que se saldó con una condena por un juzgado de menores. Además, dada la repercusión generada, no puede obviarse el relato que se realiza en televisión de lo que sucedió previamente en sede judicial.

Todo arrancó en diciembre de 2016, cuando Rocío Carrasco presentó una denuncia «por un delito de lesiones psicológicas» contra Antonio David Flores, de quien se divorció en 2001. Inicialmente, la juez acordó «la continuación de los trámites del procedimiento abreviado», pero la resolución fue recurrida con éxito por el denunciado: la Audiencia de Madrid la dejó «sin efecto, sobreseyendo provisionalmente la causa». A iniciativa de la defensa de Carrasco, el caso llegó hasta el Tribunal Supremo, que rechazó el recurso de casación y el posterior de queja.

Ya en 2019, Carrasco presentó un escrito ante el Juzgado de Violencia de Género sobre la Mujer nº1 de Alcobendas. En él, solicitaba «la apertura de diligencias» y la «ampliación de la denuncia» que ya había presentado contra Antonio David «por lesiones psicológicas».

En septiembre de ese año, Antonio David había entrado en el concurso Gran Hermano VIP de Telecinco. Su hija, Rocío Flores, ya mayor de edad, era la encargada de defenderlo en los platós. Veinteañera, aparecía por primera vez ante la multimillonaria audiencia del reality de la cadena de Mediaset.

Los abogados de Carrasco entendieron que debía «procederse a la apertura al entender que han sucedido hechos nuevos e importantes que han llevado a que Rocío padezca unas lesiones psíquicas gravísimas». Su explicación sobre estos «hechos nuevos» era la siguiente: «Don David iba a participar en un programa televisivo, Gran Hermano Vip, y la hija mayor de ambos, Rocío, intervendría en el plató defendiendo al padre, hecho que dio lugar a que doña Rocío en día 5 de agosto de 2019 acudiera a Urgencias por sobreingesta de benzodiazepinas […] Dando lugar a que se hable de doña Rocío no sólo en ese programa sino en numerosos programas televisivos de la cadena».

La docuserie de Telecinco comienza precisamente con el suceso que se describe en el auto: el presunto intento de suicidio de Rocío Carrasco, cuya verdad judicial se revelará en próximas entregas. «En ese momento no estaba bien, por todo lo que llevaba pasando, nadie lo sabe pero llevo en tratamiento psiquiátrico y psicológico desde el año 2011», relató en el programa. «No quería salir de mi casa, no podía desarrollar mi vida como una persona normal… De repente me llegó esa noticia y por mi cabeza empezaron a pasar todos los 20 años anteriores y todo lo que se me venía encima otra vez, pero ya con un elemento mayor que era mi hija en un plató defendiendo a su padre. Yo no quería volver a sentir miedo y vergüenza ni volver a sentirme cuestionada por todo el mundo otra vez, no quería seguir viviendo en esas circunstancias».

Pese a la insistencia de Carrasco, el auto del juzgado de Alcobendas lo resuelve de forma contundente: «No ha lugar la reapertura de las diligencias ni su ampliación de hechos». Así lo argumentó la juez S.L.G. en su resolución del 18 de noviembre, que luego confirmaría el 11 de marzo: «De la documental aportada y teniendo en cuenta que don Antonio David en esas fechas todavía no trabajaba en el programa televisivo mencionado cabe concluir que no existen indicios suficientes para poder acordar la reapertura de la causa y mucho menos la ampliación de la misma, dado que ni siquiera existen indicios de que dicho ingreso fuera motivado por el hecho de que Antonio David entrara en el programa, incluso cuando todavía no había formulado ningún tipo de comentario a la conocida como prensa rosa, ello unido a que doña Rocío, reconoció en el centro de urgencias, pese a estar en tratamiento con diversos psicofármacos, falta de adherencia o cumplimiento mantenida a lo largo de su evolución».

Y continúa: «Tales hechos no pueden implicar la reapertura de las presentes diligencias, dado que conforme manifestó la Audiencia Provincial, a tenor de los informes emitidos por los médicos forenses ‘no pueden determinar la causa fundamental que ha provocado el trastorno que sufre la perjudicada, ya que desde que se producen los hechos relatados por la paciente hasta que se realiza el primer diagnóstico de la enfermedad transcurren varios años; tales hechos no permiten acreditar ni siquiera de forma indiciaria que la causa fundamental que ha provocado el trastorno que sufre la perjudicada sea imputable a Antonio David Flores’».

La representación de Carrasco intentó de nuevo la reapertura de diligencias ante la Sección número 27 de la Audiencia de Madrid. Y, como se describió en el inicio de estas líneas, la decisión fue clara: «Debemos confirmar y confirmamos la resolución recurrida».

El acuerdo de la sala, comunicado a las partes el 30 de septiembre del pasado año, incluía la siguiente apostilla: «Contra esta resolución no cabe recurso ordinario alguno».

Apenas seis meses después, con el caso estancado en los tribunales, la justicia ordinaria daba paso a la justicia televisiva al emitirse el primer capítulo de Rocío, contar la verdad para estar viva. Continuará.

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DOCUMENTOS REPRODUCIDOS

LOS PAPELES

Tres extractos del auto de la Audiencia Provincial de Madrid del 30 de septiembre que rechaza reabrir las diligencias contra Antonio David Flores

13 Abril 2021

Un intento de suicidio que cuestionan los informes médicos

Rebeca Yanke

El primer episodio de la docuserie de Rocío Carrasco tiene como elemento primordial un asunto grave: su declarado intento de suicidio el 5 de agosto de 2019. Los hechos se producen, según relata ella misma, apenas unos días después de enterarse de una «noticia» que daña su delicada salud mental. La propia Rocío da el diagnóstico que tanto la hace padecer: «Un trastorno ansioso depresivo moderado y grave cronificado en el tiempo».

«Por mi cabeza empiezan a pasar los 20 años anteriores y lo que se me venía encima, con un elemento mayor, mi hija», enfatiza ante las cámaras.

Se refiere Carrasco a la inminente entrada -el mes siguiente- de su ex marido Antonio David Flores, al que acusa de un «delito de lesiones psíquicas y maltrato continuado», en el programa Gran Hermano Vip 7 de Telecinco. Una vez en el concurso, sería su hija en común, Rocío Flores, quien defendería a su padre en los platós. En este formato, es habitual que un familiar o íntimo amigo respalde las acciones de los concursantes. Ese «elemento mayor» se suma a la preocupación de Carrasco por volver a verse expuesta en los platós que, paradójicamente, hoy la acogen para contar sus vivencias de los últimos 20 años en prime time.

-¿Cómo ha sido tu forma de tocar fondo?-, pregunta una voz en la docuserie.

-Rocío, contar la verdad para estar viva es un título que tiene que ver con esa fecha, con un suceso en mi vida que yo no hubiese verbalizado jamás si no fuese porque sé que se ha ha ofrecido a medios. Me pertenece a mí contarlo.

Mientras la hija de Rocío Jurado ahonda en que «sentía miedo y vergüenza y no quería seguir viviendo en esas circunstancias», suena su voz en off mientras se muestra un párrafo de un informe médico con membrete del Hospital HM Sanchinarro (Alcobendas, Madrid) y en el que la paciente es Rocío Carrasco Mohedano. Más adelante, otro extracto médico -que el documental da a entender que pertenece al mismo informe- afirma que una doctora, cuyo nombre aparece tachado, sostiene: «Acudo a valorar paciente de 42 años por sobreingesta medicamentosa (…) Comenta que se siente desbordada por lo que identifica como conducta de acoso por su ex marido». Y culmina citando a la propia Carrasco que, presuntamente, afirma: «Siempre queda el puente de Segovia».

La propia Carrasco refrenda el informe con estas palabras en la docuserie: «En Urgencias me preguntan, yo digo que no quiero seguir así, que me da igual, que no lo he conseguido pero lo conseguiré… Y que siempre me quedará el Puente de Segovia para tirarme».

Ningún documento oficial acoge, sin embargo, el relato de un «intento de suicidio». No lo hacen las dos resoluciones judiciales que dan carpetazo el asunto, pero tampoco los partes médicos de los dos hospitales en los que fue atendida: el de Sanchinarro y, horas después, el HM Puerta del Sur. Sólo en este segundo ingreso, el facultativo habla de «una supuesta finalidad autolítica».

En la ingente documentación que obra en poder de EL MUNDO, que incluye autos que describen pormenorizadamente la crítica situación de salud mental que padece Carrasco, no constan tales referencias al puente de Segovia. Ese lugar aparece únicamente en un escrito de apelación que la representación de Rocío Carrasco presenta cuando intenta, a finales de 2019, la reapertura de diligencias por una denuncia de lesiones psicológicas que había presentado contra Antonio David Flores en 2016 y que fue rechazada por la Audiencia Provincial de Madrid.

Lo que sí contiene la documentación del caso es un auto de la sección nº27 de la Audiencia Provincial de septiembre de 2020 que niega la reapertura de diligencias. En esta resolución se menciona un informe de Urgencias del Hospital HM Sanchinarro que se describe así: «Allí fue atendida la recurrente [Rocío Carrasco] tras la sobreingesta medicamentosa… Aunque atribuyó su problemática a una ‘situación grave y mantenida en el tiempo conflictiva con su ex pareja’, también consta que la apelante no reconoció un ‘desencadenante inmediato’ de su acción». El auto señala también que, además, «vino a reconocer que aun padeciendo un síndrome ansioso depresivo […] refirió falta adherencia/cumplimiento al tratamiento prescrito a lo largo de su evolución».

Se refiere el auto al informe de urgencias del Hospital Sanchinarro de Madrid donde Carrasco ingresa el 5 de agosto a las 14.24 horas. En él, se menciona como motivo de consulta un «mareo». Y, en el apartado de «enfermedad actual», se amplía: «Acude por sobreingesta de benzodiazepinas esta mañana a las 8 am. Refiere que está muy agobiada por problemas con terceras personas».

No se especifican cuáles son esos problemas. Tampoco se alude en ese informe ni a la situación familiar general ni a la conflictiva relación con su ex marido.

El siguiente informe, del Hospital HM Puerta del Sur, donde la derivan ese mismo día desde Sanchinarro, aparecen datos que no se recogían en el primero. Como «motivo de ingreso» se pasa del «mareo» a una «sobreingesta medicamentosa voluntaria» y el número de pastillas que dice haber ingerido es algo mayor.

Ambos informes contienen las cifras exactas de las pastillas ingeridas por Carrasco. Se trata de dos ansiolíticos y un antidepresivo de uso común en los trastornos ansioso-depresivos como el que sufre. «En absoluto se trata de una dosis letal», confirman a este diario los jefes de Psiquiatría de dos de los hospitales más prestigiosos de España. «Los efectos más probables de esa ingesta serían aletargamiento, somnolencia o mareo, pero nunca un daño grave sobre la salud».

El segundo informe, del HM Puerta del Sur, tampoco cita un «desencadentante inmediato», aunque sí recoge que Carrasco ya habla de una relación «grave», «conflictiva» y «mantenida en el tiempo» con su ex pareja. Los familiares de la paciente (su marido y su suegra) refrendan su versión de los hechos, «niegan episodios similares en el pasado» y añaden que «la paciente no les había referido ideas de muerte».

Ya en la exploración física, el médico de urgencias (C.H.P.) anota lo siguiente: «Preguntada por el episodio de la sobreingesta que precipitó su ingreso, la paciente realiza crítica del mismo, dice varias veces que se siente arrepentida, que fue un error… Asimismo lo define como un acto impulsivo, sin planificación previa. En la actualidad niega ideas de muerte o intencionalidad autolítica. Planes de futuro coherentes. No autoheteroagresividad. Buen apoyo familiar».

Esto es, rechaza expresamente que tuviera voluntad de suicidarse.

Carrasco permanece aislada en su habitación junto a su suegra hasta que al día siguiente decide marcharse a casa. «La paciente solicita el alta voluntaria e insiste en dicha demanda a lo largo de la mañana», anotan los médicos sobre su evolución. «Insisto en recomendarle ingreso para observación y ajuste de tratamiento previo al alta».

Justo al final del documento, en el que se especifica el tratamiento a seguir, el psiquiatra C.H.P. es escueto: «Alta por fuga».

Los papeles del caso también incluyen informes posteriores, realizados a petición de Carrasco, en clínicas de salud mental privadas y que datan del 2 y 7 de octubre de 2019. Es decir, dos meses después del presunto intento y donde, ya sí, el relato encaja más con lo descrito por Carrasco en la docuserie: «Solicita el alta voluntaria tras tener conocimiento de que los medios de prensa del corazón están presentes en el hospital y tras considerar que el ingreso sin la compañía de sus seres queridos la va a empeorar».

En el programa de Telecinco, es ella misma quien da detalles sobre las sensaciones, sufrimientos y emociones que en esos días le recorrían mente y cuerpo: «Decidí que no quería seguir viviendo, determino que no puedo… Que yo ya había hecho todo lo posible para que eso cesara, había puesto en manos de la justicia una serie de actitudes que yo consideraba maltrato; no quería seguir viviendo de esa manera y la única manera era quitarme de en medio, y me tomé varias pastillas diferentes».

Esa justicia que Carrasco menciona en su testimonio, sin embargo, no consideró que hubiera indicios que permitieran reabrir el caso contra su ex marido por este episodio. «Tampoco pueden ser acogidas», dice el auto de la Audiencia Provincial de Madrid, «las pretensiones de la recurrente al aportar nuevos informes psiquiátricos a través de los que pretende (una vez más) acreditar que es la conducta de su ex marido la que le produce los daños psicológicos».

En este punto, el auto ahonda: «Debe reiterarse lo ya expuesto, al no poder inferirse ni que la actitud del denunciado al actuar de la manera que lo hace -aunque haya vuelto a criticar a su ex mujer una vez comenzado el programa televisivo ya indicado- esté motivada por la intención de dañar a su ex mujer ni que las acciones del denunciado tengan relación directa con los daños sufridos por la hoy apelante».

Alude también el auto al segundo informe médico, del Hospital Puerta del Sur. «La presunta perjudicada ni siquiera aceptó ser entrevistada sin presencia de familiares ni accedió a someterse al tratamiento e ingreso que se consideró conveniente al derivarla desde el ya citado Hospital de Sanchinarro al Hospital Puerta del Sur, donde la apelante fue dada de alta ‘por fuga’, [una] falta de colaboración con los servicios médicos que, desde luego, no ayuda a entender que su acción estuviese determinada no ya por la acción sino por la intención del denunciado que, en todo caso, estaría proyectada hacia un futuro y no a hechos concretos, como es necesario para un proceso penal».

La docuserie da su propia versión del rocambolesco episodio del «alta por fuga». De Sanchinarro, cuenta Carrasco, la «derivan e ingresan en otro hospital, con una planta especializada para eso». Se trata del HM Puerta del Sur, como menciona el auto, y es allí donde la hija de Rocío Jurado se da cuenta de la «barbaridad» que había hecho al ingerir tantos medicamentos. «Uno no piensa, piensa sólo en que no quiere volver a pasar por lo mismo, no volver a ver el odio en tu hija ni sentirte mala madre, y no quieres verlo reflejado en los medios de comunicación», cuenta Carrasco en el documental.

Relata, finalmente, que se fue del hospital porque le avisaron de que «había alguien de prensa merodeando por el párking». Esta cuestión, la de la prensa rosa que merodea el centro médico, no está recogida en el auto de la Audiencia Provincial ni en el resto de la documentación del caso.

«Tuve una entrevista con el médico», relata. «Le dije que me quería ir, que me quería ir, que me quería ir a mi casa porque era el único sitio en el que me sentía segura. No me esperé a que me dieran el alta. Me fui».

Cuando la ponente del auto, C.R.V., se refiere a estos documentos, menciona también los informes periciales que, con anterioridad, había elaborado el Equipo de Unidad de Valoración Integral de Violencia de Género del Tribunal Superior de Justicia y los médicos forenses. «Siguen siendo absolutamente válidos en la actualidad sin que proceda que, a la vista de los nuevos informes psiquiátricos aportados por la víctima, proceda que sea otra vez examinada por el equipo señalado, como pretende la recurrente», afirma la magistrada.

Este equipo especializado, prosigue, «ya tuvo en cuenta los informes psiquiátricos aportados en su día por los psiquiatras que la trataban por este tipo de hechos sin que, como señala la juez, ‘el que la recurrente sea ahora tratada por nuevos psiquiatras deba conducir a la reapertura del procedimiento’ para que los peritos forenses examinen los nuevos informes de parte».

Por eso, el auto de septiembre de 2020 confirma los escritos anteriores y rechaza la reapertura de diligencias: «No puede determinarse que fuera precisamente una conducta voluntaria del denunciado de dañar a la recurrente con sus actuaciones futuras en los medios de comunicación lo que motivase que la recurrente realizara la ingesta de pastillas anteriormente referida».

Lo que sí apunta el documento judicial es un cierto reproche a Antonio David Flores, aunque nunca como sospechoso de una lesión psicológica: «La conducta del investigado relatando intimidades familiares quizá pudiera no ser muy adecuada éticamente e incluso quizás pudiera ser objeto en alguna de sus manifestaciones de otro tipo de procedimiento judicial».

Pero, de nuevo, el auto rechaza las pretensiones judiciales de Rocío Carrasco: «De lo expuesto no puede deducirse la concurrencia de los elementos e indicios necesarios para que los hechos sean penalmente perseguidos».

La Justicia no vio mimbres para investigar, confirmó la resolución objeto de recurso y, seis meses más tarde, el mismo asunto, con algunos matices, comenzó a formar parte de los hogares españoles con la emisión del documental de Rocío Carrasco, que ha conseguido ampliar la polémica hasta cuestiones como el grado de conocimiento de la violencia de género que tienen nuestras instituciones judiciales, la realidad de las mujeres maltratadas y la repercusión que todo lo anterior tiene en los medios de comunicación y los programas de televisión.

«Empecé a madurar la idea…», culmina la hija de Rocío Jurado casi al final del primer episodio, «de que había tocado fondo y de que debe saberse la verdad, la verdad constatada, la verdad documentada, la verdad probada. Quiero que se haga justicia y que se sepa la verdad».

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