8 septiembre 1977
Molowny recupera el cargo que ya ocupó anteriormente
Miljan Miljanic dimite como entrenador del Real Madrid y Santiago Bernabeu lo sustituye por Luis Molowny
Hechos
El 8 de septiembre de 1977 se hizo público el cese de Miljan Miljanic como entrenador del Real Madrid club de fútbol y sus sustitución por Luis Molowny.
Lecturas
El 8 de septiembre de 1977 Miljan Miljanic deja de ser entrenador del Real Madrid. Miljanic acudió a visitar al presidente del Real Madrid, D. Santiago Bernabeu, que se encontraba en la clínica de San Camilo, para hacerle entrega de la carta en la que ponía su cargo a su disposición. Esta, reunida el 7 de septiembre de 1977 en Junta, y con la conformidad del Sr. Bernabeu acordó aceptar la dimisión de Miljanic y nombrar para sustituirle a Luis Molowny que vuelve al cargo de entrenador del Real Madrid.
09 Septiembre 1977
Consideraciones sobre un cese
No hay manera de evitar el comentario. Miljanic ha sido un entrenador pregonado. Para lo bueno y para lo malo. Cuando se anunció que iba a tomar las riendas técnicas del equipo, la noticia produjo alegría y esperanza. Hay quien ha dicho que Miljanic es el mejor relaciones públicas de sí mismo. Quizá por eso, porque el estrella Roja, bajó su mandato, cosechó numerosos éxitos en Yugoslavia; quizá porque a él se le atribuyó la calificación de la selección de su país a costa de la española, cuando llegó a Chamartín entró como un Napoleón futbolístico, y todo el mundo pensó que el club, bajo al dirección de tan famoso técnico iba a comenzar otra tacada de éxitos, como los que había logrado bajo el mando de Miguel Muñoz, y la colaboración especialísima (no se olvide) de los Kopa, Di Stéfano, Rial, Santamaría, Puskas, etcétera.
No voy a enumerar los errores que ha cometido Miljanic en su labor, de sobra conocidos y de sobra repetidos. Pero sí quiero decir que el Miljanic repudiado por la afición madrileña y finalmente por la Directiva blanca, no es distinto del que llegó. El Madrid nunca jugó bien con Miljanic en el banquillo. Pero nadie se metía con él, porque el Madrid ganaba. era aquel Madrid, si se quiere, el tuerto del país de los ciegos. Nadie le hacía sombra y su flojo juego se perdonaba en gracias a su clasificación.
¿Qué sucede entonces? Primero, que a los entrenadores se les concede una importancia superior a la que tienen. En muchas ocasiones los triunfos del equipo les son atribuidos, como si ellos marcaran los goles o defendieran la puerta. Como si ellos desarrollaran el juego de la zona central, a la que tanta responsabilidad se le concede en este fútbol carente de empuje y sobrado de recursos defensivos. Son los jugadores los que ganan y los que pierden.
Pero a la hora de anotar las derrotas o a la mala marcha del equipo, el que sale a la palestra es el nombre del entrenador. Claro que para eso tienen primas dobles – no sé por qué – y unas cichas, en la mayor parte de los casos, superiores a las del más caro jugador de la plantilla. Pero eso es otro cantar.
La melodía va por otro camino. La melodía tiene un tema que se repite hasta la saciedad, como la que compone el bolero de Ravel. Lo que quieren las Directivas y los aficionados son triunfos. En el fútbol – cosa curiosa – no importa el fútbol y muy pocos se recrean con un partido, por muy bueno que sea, en el que haya salido derrotado su equipo favorito. Y así no es raro que los entrenadores se apunten a la horrible muletilla de que lo que importa es vencer, aunque se juegue mal. Y así nos va.
Cronos