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Era miembro del Opus Dei

Muere Antonio Fontán Pérez, ex Presidente del Senado con UCD y ex Director del periódico MADRID

HECHOS

El 15 de enero de 2010 se informó del fallecimiento de D. Antonio Fontán Pérez en prensa.

15 Enero 2010

Antonio Fontán y los extraterrestres

Miguel Ángel Aguilar

Antonio Fontán (Sevilla, 1923), enraizado en una gran familia, parecía destinado a seguir su vocación por los estudios clásicos, a mantener una conversación de por vida con Horacio, Tito Livio o Séneca, a esclarecer el valor actual de sus enseñanzas. Sin recluirse en la torre de marfil de los intelectuales entregados a la abstracción, pero sin alistarse en las batallas políticas del momento. Aunque le pudo su compromiso cívico. Por eso le vimos al frente del Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra, en la dirección de la revista Nuestro Tiempo o del semanario La Actualidad Española, el consejo privado de don Juan de Borbón, conde de Barcelona, y como director del diario Madrid, desde 1967 hasta la orden de cierre dictada por el Gobierno de Franco y Carrero Blanco el 25 de noviembre de 1971.

A nuestro Antonio Fontán, fallecido ayer en Madrid a los 86 años, le cuadran bien las palabras que acaba de escribir Jean Daniel, el director de Le Nouvel Observateur, a propósito de Albert Camus, cuando señala que se la jugó al servicio de la moderación, que se atuvo a la lucidez, que definió un comportamiento y una actitud, sin renunciar por otra parte a un credo de cristiano ajeno al fanatismo y atento a su entorno de discípulos y amigos. Su condición de miembro numerario del Opus Dei nunca le sirvió de ventaja, siempre la entendió como obligación de servicio a los más próximos, a sus colegas y a sus discípulos en el ámbito de los estudios clásicos, a sus compañeros de aventuras periodísticas y políticas y al conjunto de sus compatriotas. Prueba también de esto último es su pasaje por los puestos de responsabilidad como primer presidente del Senado y ministro de Administración Territorial en el Gobierno de Adolfo Suárez.

En el Palacio del Senado se le rindió homenaje el 6 de junio de 2000, con motivo de la distinción otorgada por el Instituto Internacional de Prensa, que le designó en su 50º aniversario como uno de los 50 «Héroes de la libertad de prensa» en el mundo. Fue el único español incorporado a esa nómina por su labor como director del diario Madrid. Allí, en una de las intervenciones de quienes trabajaron con él defendiendo las libertades en aquel diario -habitado de tanta nobleza y de algunos extraterrestres- se subrayó la inferioridad de medios. También el intento de perseverar en los lugares de mayor riesgo y fatiga, actitudes que calificaron el mérito de la empresa.

Antonio Fontán sabía bien el imposible de hacer un periódico de oposición, como los defensores de las Termópilas sabían que los persas terminarían pasando. Pero los trabajadores y redactores, llegado el momento, prefirieron el cierre del diario a transigir con un director impuesto por el ministro de turno. Transigencia que les hubiera permitido garantizarse la nómina de fin de mes. Por eso fue inolvidable la estampa de aquella votación en la que la plantilla del Madrid transgredió la ley de la gravitación laboral y decidió que más valía Fontán con honra que la continuidad en el empleo con vilipendio. Pasado el tiempo, la perspectiva adquirida confirma que valió la pena semejante proceder.

Fue una ocasión límite, iluminadora sobre la condición humana. Queda bien definida por los versos de Agustín García Calvo: «Enorgullécete de tu fracaso / que sugiere lo limpio de tu empresa». Valió la pena y Antonio Fontán alguna vez mirando alrededor decía que los demás se habían salido con la nuestra. Es la hora de guardar la memoria de Antonio Fontán como un estímulo que saque también de los periodistas de ahora mismo lo mejor. Atentos.

20 Enero 2010

Antonio Fontán, periodista, político y profesor ejemplar

Pedro Crespo de Lara

Primero fue catedrático de Filología Latina, luego periodista de ilustre ejercicio y fecundo magisterio. Atraído por la política, figuró entre los grandes de la Transición y, de vuelta a la vida privada, continuó sirviendo a la sociedad mediante el consejo, la ayuda generosa a quien se la pedía y el testimonio, nunca desmentido, de cómo se puede ser fiel a un credo -era miembro numerario del Opus Dei- y al mismo tiempo tener abiertos los poros del alma a todas las comprensiones; a saber, la conducta de un verdadero liberal, que es el que sabe ponerse en el lugar del otro. Fue liberal como decía Marañón que había que serlo, «sin darse cuenta, como se es limpio o, como por instinto, nos negamos a mentir».

El paso de Antonio Fontán por la Universidad ha dejado la huella del hombre sabio que transmite con rigor y con amor los conocimientos que a sus alumnos convienen, justamente lo que éstos pueden aprender. Copiosa es su obra, principalmente en el campo de su especialidad, la filología latina y la historia del humanismo, innumerables son sus alumnos y fervorosos sus discípulos. Fue un profesor querido y de buen dejo.

Su afición al periodismo se plasmó en la fundación del Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra, en la dirección de la Actualidad Española, el impulso a Nuestro Tiempo, la participación societaria y de gestión en la SER, pero fue en calidad de director del diario Madrid como Antonio Fontán entró en la historia del periodismo español y dio la vuelta al mundo, junto a la fotografía de la voladura del edificio del periódico, víctimas, el periódico y su director, de la intolerancia y la censura del franquismo.

En efecto, Antonio Fontán transformó, entre los años 1967 y 1971, el periódico fundado por Juan Pujol, ligero, simpático y muy madrileño, con las plumas bien cortadas de Francisco de Cossío, Serrano Anguita, Antonio de Obregón… lo transformó, digo, rodeado de una espléndida redacción, en un vespertino vibrante que pedía la apertura del régimen a la democracia y a la Monarquía. Sufrió por ello amenazas, sanciones administrativas y, finalmente, el cierre de la publicación. En la última edición del Madrid, Antonio Fontán decía Adiós a sus lectores con sereno razonar y ánimo socrático para entrar en el martirologio y en la leyenda de la prensa. Años más tarde, el Instituto Internacional de Prensa le distinguió con el título de Héroe de la Libertad de Prensa.

Las buenas cualidades de Antonio Fontán, bien conocidas por el rey Juan Carlos, de quien fue profesor, y por Adolfo Suárez, como militante de UCD, ocuparon lugar idóneo en la Transición, a la que Fontán sirvió como presidente del Senado, como ministro de Administración Territorial en el segundo Gobierno de Suárez y como diputado por Madrid. En estos cargos quedó bien acreditado su equilibrio, serenidad, altura de miras y buenas maneras. El último tramo de su vida, entre los 68 años y los 86 que tenía al morir, permite apreciar su gran talla moral, desprendido de los prestigios que prestan los cargos públicos, él solo con su saber y su carácter y su indeclinable interés de periodista por todas las cosas.

Alfonso XIII hizo marqués de Luca de Tena al fundador de Abc, Torcuato Luca de Tena, y conde de Godó a Ramón Godó (hijo del fundador de La Vanguardia). A su vez, don Juan Carlos otorgó el título de marqués del Valle de Tena con Grandeza de España a Guillermo Luca de Tena, en el centenario de Abc, y el pasado año premió el mérito de Antonio Fontán con el título de marqués de Guadalcanal. Ya son cuatro los periodistas españoles ennoblecidos por sus virtudes, émulos de la fama de los lores británicos de la prensa: Northclife, Rothermere, Beaverbrook, Tompson….

Antonio Fontán felicitaba la Navidad con un opúsculo, bellamente editado, que contenía un trabajo suyo, de gran calidad literaria, que llamaba «estrenas navideñas» (del latín strena: presente que se da en demostración de gusto, felicidad o beneficio recibido). La de 2009 se titula La familia real. La operación histórica del rey Juan Carlos. Dice «que don Juan Carlos es seguramente el español que ha tratado y conoce personalmente a un mayor número de compatriotas, de todos los sectores profesionales, políticos y sociales del país, con los que ha tenido oportunidad de conversar y recibir información sobre toda clase de problemas políticos». Antonio Fontán fue una joya de nuestro tiempo. Le vamos a echar mucho de menos.

Pedro Crespo de Lara

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