19 junio 2007
A los 69 años de edad
Muere el actor y cantante José Luis Cantero Rada «El Fary» y los programas de ANTENA 3 y TELECINCO se ceban con su vida personal recordando acusaciones de malos tratos
Hechos
El 19 de junio de 2007 fue noticia el fallecimiento de El Fary.
Lecturas
ANUNCIAR UNA MUERTE ANTES DE TIEMPO.
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LA ACTITUD DE ANTENA 3 TV Y TELECINCO.
20 Junio 2007
Vital, feliz, humano
Increíblemente humano, con los ojos muy brillantes, una sonrisa amplia y contagiosa, vivaracho y divertido, así recuerdo a El Fary. La picardía personificada, la chulería simpática y bien entendida, el rey del requiebro golferas y salao, el más grande jugador de mus del condado, el dueño de un pedazo de voz que no pudo contener un taxi, El Fary fue quizá uno de los cantantes de copla más populares y queridos de todos los tiempos.
Le conocí el mismo día que hicimos una proyección privada para él y su representante de la película Torrente, el brazo tonto de la ley, yo estaba empeñado en que cantara una canción, que yo mismo había escrito para los títulos de crédito, Apatrullando la ciudad.
Se sentó justo detrás de mí. En la sala habría tan sólo unas 12 personas. A la película le faltaban aún efectos de sonido, el montaje no era el definitivo y yo realmente estaba muy nervioso. No tenía ni idea de cómo este hombre podría encajar el hecho de ser una deidad para un personaje tan excesivo y limítrofe como Torrente. La proyección fue muy bien. El Fary no paraba de reírse y de vez en cuando exclamaba: «¡Qué arte!». Al final me dijo que le había encantado y que estaba dispuesto a cantar la canción, pero que él no podía hacerlo al estilo Santiago Segura, que él tenía que hacerlo al estilo Fary. Ahí me quedé un poco confundido, pero enseguida me di cuenta de a qué se refería. En la maqueta que le habíamos enviado de la canción, la voz solista, a falta de algo mejor, la había puesto yo mismo. Me dio la risa y le dije que por supuesto tenía que hacerlo como sólo él sabía.
Lo siguiente que recuerdo es la felicidad absoluta que me produjo oírle cantar la canción cuando se grabó en el estudio. Es difícil de describir, El Fary estaba cantando mi canción.
También conseguí, gracias a su generosidad, que participara en Torrente 3, la última entrega de la saga. Allí, entre destellos de luz blanca y envuelto en un halo de divinidad, se aparecía al protagonista para aconsejarle y guiarle a modo de maestro yoda. Para mí fue un momento glorioso, el encuentro de Torrente con su ídolo en la pantalla, y el mío con un actor ocasional (me fascinaba su interpretación en la serie Menudo es mi padre, de Antena 3, me era difícil entender por qué aquel hombre sin ninguna formación actoral conseguía escenas de tanto brillo y emoción), pero con un estilo sencillo y contundente, que transmitía verdad, que transpiraba autenticidad en lo que decía.
Tampoco coincidí demasiado con él, algo que ahora me fastidia aún más, pero me gustaba mucho verle, siempre nos reíamos, siempre se preocupaba por sus hijos (que no sólo han heredado parte de su talento musical, sino también su sencillez y buen rollo), siempre tenía alguna broma que contar.
Me pongo triste si pienso que no está y se me ocurren gilipolleces como que estará alegrando a los ángeles del cielo con alguno de sus ritmillos, como que por qué siempre se van los mejores y que cómo es posible que el gasto militar en armamento sea siempre infinitamente superior al que se destina a la investigación y a la lucha contra el cáncer.
Se escribirán cientos de palabras, cientos de elogios sobre este hombre, este personaje querido y popular, muy natural, campechano y asequible, dotado de un increíble talento para cantar; se escribirán, espero, muchas y emotivas necrológicas; al final lo que quedará serán los sentimientos. Los sentimientos de alegría, de amor a la vida, de amor a su familia, de cercanía y complicidad. Los sentimientos que este hombre derrochaba. Un hombre con ojos brillantes y sonrisa amplia y contagiosa, pero, sobre todo, increíblemente humano.
20 Junio 2007
Menudo era
Él mismo se definió como «recortadito y no muy agraciado de morros». José Luis Cantero, El Fary, era feo (hay quien dice que no feo, sino abstracto), pequeño (con alzas manifiestas en los tacones), sentimental, pinturero, muy madrileño (pero no chulapo, sino chulín). Y, además, entrañable. Por eso caía bien a casi todo el mundo. Vendía discos razonablemente y se abarrotaban los locales donde actuaba. Tenía adeptos muy dispares, desde amas de casa hasta rockeros especulativos, pasando por intelectuales, frikis o individuos exquisitos de altos vuelos que cometerían desatinos por escuchar en directo cualquier fuga de Bach o un tango de Gardel. Algunos artistas, por razones misteriosas, caen en gracia a los públicos, al margen de su arte.
Pero es que El Fary era también muy bueno en su estilo, un estilo difícil de explicar, flamenqueos de un rumbero de vocación acosado por lo moderno y bregando con el pop o con lo que fuere. Hay que adaptarse a los tiempos para sobrevivir. Tenía voz vibrante y versátil, cristalina, con facilidad para ese gorgorito que encandila al respetable. Sus maestros habían sido figuras como Juanito Valderrama, Manolo Caracol, Antonio Molina o Rafael Farina (de quien tomó el nombre artístico). Con este bagaje, El Fary, en los años ochenta y noventa, logró infiltrarse clamorosa- mente en las discotecas de moda.
Aunque analfabeto hasta los 20 años, compuso cerca de 300 canciones, solo o en compañía de otros autores. Algunas de ellas, en los límites de lo políticamente incorrecto, como La mandanga: «Dame el chocolate / que me ponga bien. / Dame de la negra / que hace buen olor. / Y con la maría, ¡vaya colocón!». Posteriormente, el cantante pidió disculpas a las autoridades y al público en general porque la canción podría ser interpretada como un aliciente al consumo de drogas blandas. En Amor secreto, una mujer se enamora de su párroco y lo pasa muy mal la pobre, hasta el punto de que «le pide a Dios / que haga que le borre de su pensamiento / o que le dé su amor». Así era El Fary.
Su talante madrileño era una mezcla de Arniches, el cheli, la jerga carcelaria de Carabanchel, la plaza de toros de Las Ventas, el código secreto de los taxistas y el casticismo de los camareros de la Villa. Ya van quedando muy pocos de ésos. Era íntimo del diestro madrileño Antoñete, a quien dedicó un pasodoble. Conocía el Rastro como la palma de la mano. En su juventud, ganó cuatro años consecutivos el concurso de cantantes del barrio de La Elipa. Pero, sobre todo, era el rey de los taxistas, profesión que ejerció casi una década. Arrasó en las gasolineras. Muchos coches en España llevan detrás un carro-Fary, minifigura de goma, de ocho centímetros de altura, con El Fary, micrófono en mano, en actitud de arrancarse por bulerías. Hizo de taxista en la serie de TVE Menudo es mi padre.
«Lo mismo rescata a un perro de morir atropellao / que evita que den un golpe / en el Vizcaya-Bilbao» (Apatrullando). Así era él.