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Con 50 años en el poder es el dictador que más años permaneció en el cargo de todo el siglo XX

Muere el Dictador comunista de Corea del Norte, Kim Il Sung, que será reemplazado por su hijo Kim Jong Il

HECHOS

El 9.07.1994 falleció Kim Il Sung, fundador de la República Democrática de Corea de la que era Primer ministro, Jefe de Estado y ‘Gran Líder’.

10 Julio 1994

Primera y única página

Georgina Higueras

La súbita muerte de Kim Il Sung cierra la primera y única página de la historia de Corea del Norte en un momento de suma trascendencia política. El hombre que ha llevado con puño de hierro la República Democrática Popular desde su fundación, en 1948, ha muerto en vísperas del encuentro con su enemigo del Sur. La primera cumbre entre los presidentes de la dividida península coreana, Kim II Sung y Kim Young Sam, estaba prevista para el próximo día 25. Ahora, el Kim del Norte está muerto y la incógnita de lo que hubiera supuesto esa cumbre queda borrada por el tremendo interrogante que supone la pérdida del llamado Gran Líder.Desaparecido lósif Stalin, el gran valedor de Kim II Sung y Mao Zedong, el vecino que no, dudó en apoyarle en la contienda desatada por Corea del Norte contra eldemonio capitalista del Sur y su aliado EE UU, a comienzos de los años cincuenta, el Gran Líder se había quedado solo. «China y Corea del Norte siguen manteniendo muy buenas relaciones, pero el culto a la personalidad que mantiene el régimen de Pyongyang nos hace recordar a nosotros los duros tiempos de la gran revolución cultural [1966-1976] e impide un mejor entendimiento entre los dos Gobiernos», afirmaba el mes pasado un diplomático chino.

El aislamiento y el secretismo que rodean al régimen norcoreano, cuya única cabeza visible era Kim II Sung, hacen muy difícil predecir cuál será el rumbo que tomará Kim Jong II, el sucesor de la única dinastía comunista que ha conocido el mundo.

No existe oposición conocida. No hay militares, ni políticos, ni burócratas que destaquen. No hay nombre a quien referirse más allá de Kim II Sung. El Gran Líder formó una masa de súbditos compacta y sumisa y sólo cuando sintió que podían flaquearle las fuerzas elevó a los altares a su hijo como único heredero de su obra.

«Lo único que está claro es que la situación de Corea del Norte no seguirá como está», aseguraba hace unas semanas en Seúl el diputado del gobernante Partido Liberal Democrático, Kang Sam Jae.

Cientos de intelectuales, militares, economistas y políticos surcoreanos se dedican desde hace años a analizar todos los escenarios posibles tras la muerte del presidente norcoreano o la caída de su régimen.

Lo primero que ha declarado la delegación norcoreana que se encuentra en Ginebra para iniciar la tercera ronda de negociaciones con EE UU es que la situación en su país es de «absoluta normalidad». Con ello ha querido dar al traste con lo vaticinado por muchos observadores de que la desaparición del Gran Líder sumiría al país en la inestabilidad. Pero el que los norcoreanos, en este momento de dolor, permanezcan unidos no quiere decir que el inevitable cambio que la muerte de un dictador supone no esté ya cociéndose en la oscura olla del régimen, de Pyongyang.

Precisamente en las negociaciones de Ginebra, ahora suspendidas, Pyongyang buscaba un mayor reconocimiento internacional y una apertura de vías comerciales que permitieran al país salir de la fuerte crisis económica por la que atraviesa y que ha colocado a buena parte de la población al borde del hambre. Estados Unidos, a su vez, quería asegurarse que el régimen norcoreano dejase de jugar la baza de si tiene o no capacidad nuclear bélica y obligarle, a cambio de ciertas prebendas, a seguir las reglas del juego internacional, que no permiten a los parias del mundo amenazar con botones nucleares.

Tanto Washington como Seúl han expresado sus condolencias y su deseo de que puedan reanudarse las negociaciones bilaterales. Tal vez el espeso velo que cubre la política norcoreana que daría definitivamente rasgado si Kim Jong II asumiera también el último reto de su padre y mantuviera la cumbre con Kim Young Sam.

«Sabemos que Kim Jong Il se ha rodeado de un equipo de tecnócratas, pero también que su posición es vulnerable porque ha fracasado en la única gran misión que ha tenido hasta ahora, sacar al país de la crisis económica», asegura Kil Jeong Woo, investigador del surcoreano Instituto para la Reunificación Nacional.

Tanto los norcoreanos como los surcoreanos están convencidos de que el país ha de reunificarse antes o después, porque la decisión les fue impuesta desde fuera por las potencias vencedoras de la II Guerra Mundial, EE UU y la URSS. Y Seúl veía en Kim Il Sung el principal obstáculo para esa reunificación.

Convertida en uno de los dragones asiáticos, Corea del Sur ha experimentado en la última década un crecimiento económico que permite a sus habitantes aventurar que sus familiares y vecinos del Norte vivirían mejor bajo su política capitalista. La situación económica de Corea del Norte es tan mala qué a Kim Jong II parece no quedarle otra solución que acercarse al Sur para buscar una salida a la crisis.

Li Han Ku, director del Instituto de Investigación Económica de Dae Woo -uno de los cinco grandes conglomerados surcoreanos-, señala que una unión amistosa permitiría dar un fuerte impulso a la economía norcoreana e incluso acelerar el ritmo de crecimiento del Sur, situado actualmente en un 7% anual.

Rodeada por dos gigantes territoriales y políticos, como China y Rusia, y otro económico, como Japón, la mayoría de los coreanos considera que la reunificación es casi un deber.

10 Julio 1994

Cambio de Kim

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

KIM IL SUNG pudo decir que duró más que el comunismo soviético. La muerte anunciada ayer del jefe del Estado norcoreano se produce en un momento de peligroso aislamiento de su país, inducido ‘ por las ambiciones nucleares de su propio líder, pero también cuando alienta la posibilidad de que Pyorigyang busque un mejor lugar en el mundo.Kim II Sung, oficialmente reinante desde 1948, con la constitución del régimen comunista de Corea del Norte y la división de la península coreana, y en la práctica desde 1945, tras la derrota de los japoneses, era la viva imagen del líder dado a todas las sicofancias. Dictador estrecho de miras, mal estudiante según sus mentores soviéticos, ridículamente pagado de su obra, rodeado de monumentos en el más rotundo estilo estalinista, Kim Il Sung desaparece sin haber comprendido, con gran probabilidad, lo que ha sucedido a su alrededor en los últimos años con el derrumbe, del imperio de Moscú.

No carente de cierta habilidad maniobrera para tener a raya a China, con la sombra de la URSS y no dejarse ahogar por el abrazo soviético porque allí estaba Pekín, el líder norcoreano era, sobre todo, un superviviente. Y precisamente porque tenía en tan alta estima su continuidad había previsto oficialmente que su hijo Kim Yong II, hoy de 52 años, le sucediera en el trono de Pyorigyang, aunque hoy aún no hay anuncio sucesorio.

La crisis por la que atraviesa el régimen norcoreano nace de su negativa a admitir el control externo de sus instalaciones nucleares, que Pyongyang se comprometía a no dedicar más que a usos pacíficos por la firma del Tratado de No Proliferación Nuclear en 1985. Establecidas determinadas dudas en Washington sobre la fiabilidad de esas garantías, el presidente Clinton ha hecho del doblegamiento de Corea del Norte en la materia uno de los principales tests de su política exterior.

En las últimas semanas, tras la visita mediadora del ex presidente Cartera Kim II Sung, la tensión había cedido considerablemente y comenzaba a abrirse paso la idea de que la amenaza nuclear norcoreana, fundamentada o como mero bluff, era una carta negociadora del líder, ahora fallecido, para negociar el reconocimiento diplomático y la ayuda económica norteamericana. Al fin y al cabo, podía decirse Kim, Il Sung, si Vietnam, que derrotó a Estados Unidos en una guerra aún mucho más feroz que la de Corea -donde la lucha acabó en tablas-, se halla ahora en inmejorables relaciones con Washington, por qué Pyongyang -junto con la Cuba de Castro- ha de seguir siendo un apestado.

Para fin de julio estaba prevista una cumbre entre el difunto y el presidente de Corea del Sur, Kim. Young Sam, la primera de ese género desde la división de la península. Pronto sabremos si simplemente habrá un cambio de Kim, y el hijo, luego de entronizado, se da seriamente a la negociación.

Kim Yong II, con excelente reputación como inductor de terroristas, hombre de los servicios de seguridad y único sucesor con denominación de origen para el fundador de la dinastía, pasa, sin embargo, por ser un pragmático. A EE UU le sería, quizá, más fácil negociar con el hijo que con el padre, pero lógicamente esperará a que se produzca una aparente consolidación sucesoria. antes de hacer o escuchar propuestas sustantivas.

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