6 agosto 1978

Su política conciliadora hacia los colonos blancos contrastó con una feroz persecución a los opositores políticos

Muere el dictador de Kenia, Jomo Kennyatta, artífice de la independencia del país, le reemplaza Daniel Arap Moi

Hechos

El 22.08.1978 falleció el presidente de Kenia, Jomo Kenyatta, que fue reemplazado por el hasta ese momento vicepresidente Daniel Arepa Moi.

Lecturas

El presidente de Kenya, Jomo Kenyatta, ha muerto este 22 de agosto de 1978 en Mombasa.

Pertenecía a la tenia kikuyu dominante en el país; nacido en 1891, estudió en Reino Unido entre 1919 y 1946. En 1947 fue elegido presidente de la Kenya African Union, que luchaba por la independencia del país. Se le acusó de ser jefe de la revuelta de los Mau Mau, por lo que fue condenado a 7 ñaos de prisión en 1954.

Tras la independencia en 1963 se convirtió en presidente de Kenia; era uno de los padres del nacionalismo africano.

MOI, NUEVO DICTADOR DEL PAÍS:

moi Se mantendrá en el poder durante más de 20 años como sucesor de Jomo Kenyatta.

El Análisis

Muere Jomo Kenyatta, el patriarca de África

JF Lamata

La muerte de Jomo Kenyatta, ocurrida el 22 de agosto de 1978 en Mombasa, pone fin a una etapa decisiva en la historia de Kenia y, en buena medida, del propio continente africano. Durante catorce años, desde la independencia de 1963, Kenyatta encarnó la figura del padre de la nación, el líder que condujo a su pueblo desde la dominación colonial británica hacia la soberanía. Su carisma y su habilidad política le permitieron mantener la estabilidad en un país étnicamente diverso, donde otros Estados africanos se habían desangrado en guerras tribales o golpes militares. Pero también fue, sin duda, un dictador: concentró en sus manos la Presidencia, el liderazgo del partido único (la Unión Nacional Africana de Kenia, KANU) y la jefatura de las Fuerzas Armadas, gobernando sin apenas oposición ni contrapesos.

Kenyatta supo mantener una política exterior pragmática, alejada de los radicalismos ideológicos que dividían a África durante la Guerra Fría. Ni aliado de Moscú ni mero satélite de Occidente, mantuvo a Kenia como una isla de estabilidad en el convulso África Oriental, distanciándose de las dictaduras comunistas de Etiopía o Somalia, y evitando los excesos sangrientos del régimen personalista de Idi Amín en Uganda. No buscó la confrontación, sino el equilibrio: defendió la independencia africana frente a cualquier tutelaje, y al mismo tiempo fomentó la cooperación con las antiguas potencias coloniales, consciente de que el desarrollo económico requería inversión extranjera y continuidad institucional.

A su favor puede decirse que, bajo su mandato, Kenia se consolidó como una de las economías más estables y prósperas del África negra, y como un país donde blancos y negros lograron convivir sin fracturas raciales abiertas, algo poco común en la región. Su gobierno fomentó la agricultura, el turismo y la educación, y convirtió Nairobi en una capital respetada en el ámbito diplomático africano. Pero no faltaron las sombras: el enriquecimiento de su entorno familiar, la represión de la oposición, y el predominio de su propia etnia, los kikuyu, dejaron heridas que el tiempo aún no ha cerrado.

Le sucede en la presidencia Daniel Arap Moi, hasta ahora vicepresidente y hombre de confianza de Kenyatta. Su reto será mantener la estabilidad sin recurrir al autoritarismo, conservar la unidad nacional y asegurar que el legado del «Mzee» —el anciano sabio, como lo llamaban los suyos— no derive en una dinastía política ni en una oligarquía étnica. El continente africano despide hoy a uno de sus grandes símbolos de la independencia, pero también a un gobernante cuya figura encarna las contradicciones de la África moderna: la esperanza y la autoridad, el progreso y el miedo, la libertad conquistada y el poder que no quiso soltar.

J. F. Lamata