12 julio 1903

Será recordado por su sensibilidad ante la llamada 'cuestión social'

Muere el Papa León XIII tras un pontificado de 25 años caracterizados por su defensa de valores sociales

Hechos

El 10.07.1903 la prensa española informó del fallecimiento del Papa León XIII.

Lecturas

El 20 de julio de 1903 falleció el Papa León XIII a los 93 años tras un cuarto de siglo como Papa de la Iglesia católica. D. Vicenzo Gioacchino Pecci procedía de una familia arruinada de la nobleza rural. Antes de Papa fue obispo de Perugia y cardenal. Le tocó el reto de enfrentarse a una nueva situación en la que el Papa ya no mandaba en los Estados Pontificios, y quedaba recluido en la ciudad de El Vaticano. (Roma está integrada en el Estado de Italia).

Su sucesor será el nuevo Papa Pío X. 

El Análisis

El adiós del Papa de la razón

JF Lamata

Ha muerto Su Santidad León XIII, y con él se cierra no sólo una vida longeva —de ochenta y tres años, nada menos—, sino también un pontificado que ha sabido navegar por las procelosas aguas del mundo moderno sin perder la tiara. Don Vincenzo Gioacchino Pecci, que subió al trono de San Pedro tras la férrea era de Pío IX, se las ingenió para parecer menos pontífice medieval y más pontífice diplomático. Fue el Papa que quiso hablar con el mundo en lugar de gritarle, y el primero que escribió una encíclica que parecía pensada más para los obreros que para los obispos: Rerum Novarum, que aún da de qué hablar en las sacristías y en las fábricas.

León XIII no fue revolucionario —Dios nos libre de imaginar eso en sotana blanca—, pero sí reformista de espíritu. Buscó entender la ciencia sin temerla, acarició tímidamente la modernidad sin abrazarla, y mantuvo a raya a los radicales sin caer en los brazos de los reaccionarios. Mantuvo el prestigio moral de la Iglesia en un siglo donde muchos querían encerrarla en el relicario y tirarle la llave al progreso. Y eso, aunque parezca poco, fue mucho.

Muere un Papa que escribió poesía latina, que fumaba rapé, que no temía sentarse a hablar con gobiernos liberales y que creyó, como pocos, que fe y razón no estaban reñidas. ¿Quién ocupará su silla? ¿Otro diplomático de manos blancas o un doctrinario de bastón de hierro? El mundo espera, la Iglesia reza… y los estados mayores de Europa cruzan los dedos.

J. F. Lamata