1 marzo 1901
Tras abandonar el periódico rigió el periódico que había fundado entre 1882 y 1885 y entre 1887 y 1890
Muere el periodista Mariano Araús, fundador del diario EL LIBERAL, que dirigió en dos periodos diferentes
Hechos
El diario EL LIBERAL informó en su primera página del fallecimiento de D. Mariano Araús.
Lecturas
El día 1 se informa de la muerte del ex director de El Imparcial y ex director de El Liberal, D. Mariano Araus.
El Análisis
Ha fallecido don Mariano Araús, uno de los fundadores de El Liberal y voz firme del periodismo progresista en tiempos donde ejercer la crítica exigía algo más que ingenio: hacía falta convicción, y coraje. Con su desaparición, se apaga una de las plumas que dieron sentido —y carácter— a un periódico nacido de ruptura y de propósito. Porque El Liberal, escindido de El Imparcial en aquel ya lejano 1879, fue desde su cuna un diario no sólo distinto, sino desafiante, hecho para incomodar a los poderosos y acompañar a los que no lo eran.
Don Mariano, hombre de estilo sobrio y pensamiento claro, no fue de esos periodistas que buscan la celebridad ni el elogio fácil. Su oficio era la palabra razonada y su vocación, la reforma. Mientras muchos se acomodaban a los vaivenes del turno político, él se mantuvo fiel a una idea sencilla y temible: que la prensa debía tener alma, no amo. No fue, por tanto, un mero redactor ni un simple articulista, sino parte del cimiento moral de El Liberal, junto a don Isidoro Fernández Flórez y bajo la mirada estratégica de don Miguel Moya, quien con el tiempo llevaría la cabecera a su madurez más influyente.
En días donde el papel impreso ya es terreno de lucha ideológica, donde cada editorial anticipa una trinchera y cada titular es un dardo, la figura de don Mariano Araús adquiere una estatura serena. No fue un agitador ni un doctrinario: fue, simplemente, un periodista que creyó que la libertad no se pide, se ejerce. Y que un periódico puede ser popular sin ser populachero, y militante sin ser servil. A su muerte, queda su ejemplo. Y en El Liberal, su espíritu aún recorre las columnas.
J. F. Lamata