1 agosto 1989

Es patrono de la Fundación Areces, que es la entidad que controla la mayor parte del capital de la empresa (un 7%)

Muere el Presidente de El Corte Inglés, Ramón Areces, que será reemplazado por su pariente Isidoro Álvarez en la compañía

Hechos

El 1.08.1989 la prensa se hizo eco del fallecimiento de D. Ramón Areces, Presidente de El Corte Inglés

Lecturas

El 30 de julio de 1989 muere D. Ramón Areces, fundador y presidente de la cadena de grandes almacenes El Corte Inglés. Cuando el Sr. Areces la adquirió en febrero de 1936 el negocio era una pequeña sastrería infantil y contando como socio con su primo el Sr. Pepín Fernández [José Fernández Rodríguez], convirtió la marca ‘El Corte Inglés’ en una cadena que se esparcía por toda la península.

Le sustituye como presidente de El Corte Inglés D. Isidoro Álvarez, su heredero desde que el 19 de octubre de 1987 es designado patrono vitalicio de la Fundación Areces, la entidad accionista mayoritaria de la empresa (7%).

El nuevo propietario del imperio, D. Isidoro Álvarez, formaba parte de la guardia pretoriana de D. Ramón Areces junto a D. Florencio Lasaga y D. Juan Manuel de Mingo.

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EL LIBRO MALDITO

El periodista D. Javier Cuartas quiso narrar la historia de Ramón Areces y Pepín Fernández en un libro cuya distribución fue torpedeada por El Corte Inglés.

31 Julio 1989

El hombre que inventó la primavera

Luis Ignacio Parada

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Porque es verdad que la obra sobrevive al hombre; el espíritu a la materia y la idea, a la realidad, hasta un día como hoy aguien estará en alguna parte recordando el eslogan: «Ya es primavera en el Corte Inglés».

Bajo esa llamada a la renovación de la moda latió siempre en el proyecto empresarial de Ramón Areces algo más que ‘el fin del tiempo de las rebajas’ o una idea brillante para la incitación al consumo.

A menudo se ha querido ver en la organización que fundó y ha presidido no sólo una moderna cadena de grandes almacenes con la idea de servicio como norma y la atención al cliente como razón de ser, sino también una compleja estructura financiera en algunos aspectos comparable a la gran Banca y en otros anticipadora en España de las entidades emisoras de tarjetas de crédito.

Cerca de un millón y medio de cuentas corrientes y medio de cuentas corrientes de particulares y más de tres millones de tarjetas de compra están conectadas con El Corte Inglés en la mayor red de medios de pago que opera en nuestro país tanto al contado como con pago aplazado. El crédito al consumo dicho con mayor precisión el crédito al cliente-comprador, fue el gran hallazgo sociológico y económico de Ramón Areces y de los hombres de su entorno.

Cuando los hijos de nuestros hijos pregunten, cuando España superó la barrera del subdesarrollo industrial, comercial y social será muy fácil contestarles. Un día de invierno, hace ya muchos años, cuando un emprendedor, visionario y arriesgado hombre que había sido en Cuba ‘chico de los recados’ puso su ilusión en un eslogan que decía: «Ya es primavera en El Corte Inglés».

01 Enero 1989

La Gloria de Areces

ABC (Director: Luis María Anson)

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A las cuatro de la tarde ayer, en la cripta de San Ginés, apenas a unos centenares de metros de la calle Rompelanzas de Madrid, en la que comenzara su fantástica fundación empresarial, quedaron depositados los restos mortales de don Ramón Areces, el tenaz emigrante asturiano, uno de los hombres que más decisivamente contribuyeron a que el consumo de los españoles respondiese a las pautas propias de una sociedad moderna. Pese al deseo familiar de que la ceremonia se celebrase en la intimidad, la fuerte conmoción popular, provocada por la desaparición de Areces, se dejó sentir en una iglesia abarrotada. Todos hacemos votos por que la obra trascienda al hombre, y los gestores a quienes toque continuar la tarea de Areces sepan mantenerse fieles a su emprendedor espíritu y acrecentar su empresa. Entre tanto, Antonio Mingote, en nuestra portada de hoy, rinde un tierno y emocionado homenaje al empresario desaparecido: los bienaventurados se han rendido ya a la seductora capacidad de inducción al consumo del recién llegado y transitan por el cielo con unas bolsas equívocamente reconocibles.

El Análisis

El poder de El Corte Inglés en España

JF Lamata

La muerte de Ramón Areces Rodríguez, el 30 de julio de 1989, supone la desaparición de uno de los grandes constructores empresariales de la España contemporánea. Conviene precisar el mito: Areces no creó literalmente de la nada la sastrería El Corte Inglés; compró en 1935 una pequeña sastrería madrileña que existía desde 1890, respaldado financieramente por su tío César Rodríguez González. Pero sí convirtió aquel modestísimo establecimiento en algo que difícilmente podía imaginarse entonces. Había aprendido el oficio comercial en los almacenes El Encanto de La Habana, donde coincidió con José “Pepín” Fernández Rodríguez, pariente y compañero de aquella escuela cubana que después se convertiría en su gran adversario. Mientras Pepín levantaba Galerías Preciados, Areces desarrolló El Corte Inglés aplicando venta por departamentos, atención al cliente, reinversión sistemática de beneficios y una extraordinaria prudencia financiera. Todavía en 1960 Galerías vendía unas veinte veces más que su competidor; sin embargo, acabaría siendo Areces quien ganase aquella guerra comercial. El Corte Inglés se extendió por Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao y las principales ciudades españolas hasta convertirse, a la muerte de su fundador, en la mayor empresa privada del país; Areces, sin embargo, mantuvo una política deliberadamente conservadora respecto de la internacionalización y no llegó a abrir grandes almacenes fuera de España —la entrada en Portugal no se produciría hasta 2001—. Sin hijos y apartado progresivamente de la gestión cotidiana por una hemiplejia, había preparado durante años a su sobrino Isidoro Álvarez Álvarez, consejero director general desde 1966, que apenas dos días después de su muerte fue elegido por unanimidad presidente de El Corte Inglés y quedó también al frente de la Fundación Ramón Areces. El comerciante asturiano había conseguido una hazaña difícil de discutir: empezar atendiendo detrás de un mostrador y terminar construyendo una institución comercial cuyo nombre formaba ya parte de la vida cotidiana de varias generaciones de españoles.

Pero quizá la mejor medida del poder que Areces deja a Álvarez no sean solamente las ventas, los centros comerciales o el patrimonio, sino la extraordinaria influencia indirecta que proporciona ser uno de los grandes anunciantes privados de España. La prensa que despidió a Areces lo hizo con elogios casi unánimes —El País, por ejemplo, lo presentó como el mayor comerciante de la España contemporánea y habló de un éxito empresarial prácticamente incomparable—, elogios que en buena medida resultaban merecidos. La cuestión incómoda es preguntarse hasta qué punto un periódico, radio o televisión dependiente de importantes campañas publicitarias de El Corte Inglés podía permitirse mantener con la compañía una hostilidad sostenida. Y el episodio que posteriormente protagonizará el periodista Javier Cuartas proporcionará una demostración inquietante de ese poder. Su Biografía de El Corte Inglés debía aparecer inicialmente en Espasa-Calpe, pero 20.000 ejemplares correspondientes a dos ediciones ya impresas jamás llegaron a las librerías (fueron compradas directamente todas por El Corte Inglés); Cuartas demandó a la editorial por incumplimiento contractual. Cuartas consiguió finalmente publicar la obra en 1992 con la pequeña Libros Límite, después de que una gran editorial no hubiera conseguido —o querido— ponerla en las tiendas. Las dificultades de distribución y el escaso eco mediático que rodearon durante años al libro alimentaron precisamente la tesis central de su autor: que aquella empresa familiar, sin cotizar en Bolsa, extraordinariamente hermética y con una formidable inversión publicitaria, había conseguido un grado de influencia excepcional sin necesidad de poseer periódicos ni televisiones. Ése quizá sea el legado empresarial más impresionante —y también más discutible— de Ramón Areces: la vieja sastrería de Preciados terminó teniendo tal peso que no necesitaba comprar un periódico para que todos los periódicos supieran perfectamente quién era El Corte Inglés.

J. F. Lamata