14 octubre 1950
Muere el Rey Gustavo V de Suecia, que será reemplazado por su hijo el Rey Gustavo VI Adolfo
Hechos
El 30.10.1950 falleció el Rey de Suecia Gustavo V, que fue reemplazado por su hijo Gustavo VI Adolfo.
Lecturas
El nuevo Rey de Suecia Gustavo VI Adolfo reinará hasta 1973.
31 Octubre 1950
Gustavo V ha muerto
El Rey de Suecia, Gustavo V, ha muerto. El tañido funeral de las campanas de Drottningholm, anunció al pueblo sueco que su anciano Monarca había fallecido. Se cerraba una larga etapa de paz, un reinado paternal y floreciente en este domingo de otoño, rápidamente enlutado por el sentimiento popular.
A mediodía, los cañones de todas las fortalezas y navíos de Suecia hicieron la salva de 42 disparos en honor del nuevo rey Gustavo VI Adolfo, mientras el cadáver de su padre era cubierto de flores blancas en el ataúd donde reposa en el palacio de Drottningholm antes de ser trasladado a Estocolmo y expuesto en la capilla ardiente.
El Rey Haakon de Noruega ha ordenado tres semanas de suelo en su corte, y dos en la suya el Rey Jorge de Inglaterra. De todos los países del mundo llegan telegramas de pésame al Palacio Real, y los periódicos suecos han lanzado ediciones extraordinarias, en las que, bajo la fotografía de Gustavo V, orlada de luto, se hace la biografía y el elogio póstumo del Monarca fallecido.
En las facciones del Rey Oscar Gustavo Adolfo, patinadas por una larga vida, podrían advertirse todavía la línea fisonómica de Juan Bautista Bernardotte, el fundador de la dinastía: nariz ligeramente adunca, bajo unos ojos penetrantes y mentón firme de hombre de enérgica voluntad. Y, sin embargo, entre el glorioso soldado de fortuna y el pacífico Monarca deportista y sencillo, la Historia, como bordada, por las reales manos de Gustavo V, se transformó en un tapiz florido para Suecia.
Nacido Gustavo V el 16 de junio de 1858, en el palacio de Drottningholm, odnde ahora ha muerto, su infancia enlaza casi directamente con la Europa conmovida por las conquistas napoleónicas y en su juventud ve cómo Noruega se separa de Suecia, unidas bajo la Corona del primer Bernardotte.
Pero la divisa que adopta en 1907, cuando asciende la Trono después de haber ocupado la Regencia varias veces es: «Con el pueblo por la Patria», y fiel a esta consigna, su reinado ha de ser una lenta y suave evolución hacia un parlamentarismo moderado, en lo interior, y hacia una estrecha colaboración nórdica, en lo exterior, compatible con una voluntad de neutralidad salvada hasta en los momentos dificilísimos de la invasión de Noruega por los alemanes en la última contienda mundial.
A los veintitrés años, Óscar Gustavo Adolfo, que ya había ejercido la Regencia y había viajado por Francia, Italia, Turquía, Rumanía, Austria, Inglaterra, Bélgica y Holanda, casó con la princesa Victoria de Baden, de la que tuvo tres hijos, de los que viven Gustavo Adolfo, que asciende al Trono, y el príncipe Guillermo.
Una vida sencilla: de hombre amante del hogar, al mismo tiempo que de activa y conciliadora participación en las cuestiones políticas de su país, se iniciaba con aquel matrimonio, en el que Gustavo V halló siempre el tranquilo refugio que a menudo necesita la augusta carga de la realeza. Cuando subió al Trono, su sencillez le llevó a suprimir la fastuosa ceremonia de coronación y fiel a este sentido democrático, su actuación real está caracterizada por los fines humanitarios de sus gestiones. Unas veces procurando la unión de los países nórdicos; otras, mitigando las durezas de la guerra con su intervención cerca de Hitler en favor del Rey Haakon: del mariscal Mannerheim pro paz ruso-finlandesa, o del almirante Horthy para suavizar la persecución judía en Hungría.
Pero lo que modela su figura histórica con los rasgos más simpáticos en su afición por los deportes, que cultivó hasta el último momento. Su tofografía como tenista – huesudo ‘gentleman’ vestido de blanco – ha sido popularizada en todos los periódicos del mundo, cuando bajo el nombre de ‘Mr. G.’ se inscribía en los torneos y competía con los campeones. Amó la caza, frecuentó los estadios de fútbol y armonizó los ejercicios violentos con la quieta pasión por el bordado artístico, en que llegó a ser maestro.
Ejemplo de Reyes pacíficos y humanos, Gustavo V llena una larga etapa de la historia de Suecia, de paz, de bienandanza y de prosperidad.
El Análisis
Con la muerte del rey Gustavo V, Suecia pierde no solo a su monarca más longevo —ocupó el trono desde 1907— sino a una figura que, con su sola presencia, encarnó la continuidad, la neutralidad y la dignidad del país en las horas más inciertas del siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la sombra del nazismo se extendía por Europa, Gustavo V mantuvo a Suecia fuera del conflicto directo, aunque no sin tensiones y cesiones. Su actitud firme frente a los embajadores alemanes y su respaldo simbólico a los esfuerzos humanitarios y a la resistencia noruega convirtieron su figura en un ancla moral, como lo fueron también Haakon VII en Noruega o Jorge VI en el Reino Unido.
Le sucede en el trono su hijo, Gustavo VI Adolfo, un monarca de perfil discreto, culto y amante de la arqueología, que hereda un país próspero, neutral y con instituciones democráticas sólidas. Si el padre supo guiar a Suecia entre los vendavales de dos guerras mundiales, al hijo le corresponderá pilotar la monarquía parlamentaria sueca en una Europa dividida por la Guerra Fría. Su desafío será continuar siendo un símbolo de unidad nacional sin interferir en la política, en un país donde la corona, más que gobernar, representa.
J. F. Lamata