10 febrero 1981

Muere el senador Julio Jáuregui Lasanta, que fuera el representante del PNV en la llamada «Comisión de los Nueve»

Hechos

El 10 de febrero de 1981 muere D. Julio Jáuregui Lasanta.

El Análisis

Julio Jáuregui, la discreta firmeza del diálogo

JF Lamata

La muerte de Julio Jáuregui Lasanta, senador del PNV y portavoz de su grupo en la histórica Comisión de los Nueve, supone la pérdida de una de esas figuras cuya importancia quizá no se mide por los titulares que ocupó, sino por la serenidad y el sentido de Estado que aportó a la política española en un tiempo decisivo. Hombre de carácter moderado, católico convencido y nacionalista sincero, Jáuregui fue uno de los principales artífices del entendimiento entre el nacionalismo vasco y las instituciones del Estado durante la Transición, una tarea difícil que requería tanto prudencia como convicción.

Durante los años de la clandestinidad, Jáuregui representó la vertiente dialogante y constructiva del PNV, la que entendía que el destino de Euskadi debía vincularse al restablecimiento de la democracia en toda España. Como senador por Vizcaya en las Cortes Constituyentes, desempeñó un papel clave en los contactos que culminaron con la creación del Consejo General Vasco, y en la posterior elaboración del Estatuto de Guernica, en cuyo espíritu de consenso se reflejan las ideas que él defendía: autogobierno dentro de la legalidad democrática, identidad vasca compatible con la pluralidad española, y rechazo inequívoco de la violencia.

Su paso por la Comisión de los Nueve —aquel grupo plural que negoció con el Gobierno de Suárez la forma política del nuevo Estado— fue un ejemplo de lo que hoy tanto echamos en falta: la capacidad de construir puentes entre sensibilidades distintas sin renunciar a las propias convicciones. Julio Jáuregui no buscó nunca protagonismo; prefirió el trabajo paciente, la palabra razonada y la negociación discreta. Con su muerte, Euskadi y España pierden a un político que entendió que la reconciliación no se declama, se ejerce. En tiempos en que la crispación amenaza con romper los frágiles equilibrios alcanzados, su figura debería recordarnos que la serenidad y el respeto fueron los cimientos sobre los que se edificó nuestra democracia.

J. F. Lamata