25 diciembre 1933

Llegó a proclamar la República de Catalunya en 1931, pero retiró la proclama tras ser nombrado presidente de la Generalitat por el Gobierno provisional de la II República

Muere el coronel Francesc Macià Llusà, presidente de la Generalitat de Catalunya, le sustituye Lluís Companys

Hechos

El 25.12.1933 falleció el presidente de la Generalidad de Catalunya, D. Francesc Maciá, interinamente fue reemplazado por el presidente del Parlamento de Catalunya, Sr. Casanovas.

Lecturas

El 25 de diciembre de 1933 fallece D. Francesc Macià Llusà, presidente de la Generalitat de Catalunya. Su sustituto será D. Lluís Companys Jover.

A las 11 de esta mañana ha fallecido en Barcelona D. Francesc Macià Llussà, presidente de la Generalitat catalana. Ocupaba el cargo desde que se aprobó el Estatuto de Autonomía en 1932.

Como declarado partidario de la autodeterminación para Cataluña, el Sr. Macià inició su carrera política en 1907, en las filas de Solidaridad Catalana, lo que le obligó a pedir su separación del ejército, donde había alcanzado el grado de coronel, ante la actitud hostil de sus camaradas. En 1922 fundó Estat Catalá de caracter independentista, por lo que tuvo que exiliarse en Francia durante la Dictadura de Primo de Rivera. Intentó derribar la dictadura, fromando una columna de voluntario, pero la policía francesa le detuvo antes de poder pasar la frontera.

Entre 1926-31 residió en Sudamérica, en contacto con los grupos de catalanes independentistas, y con la oposición española, logrando ver reflejado en el Pacto de San Sebastián el derecho catalán a la autonomía.

El 14 de abril de 1931 D. Francesc Macià proclamó la República Catalana anunciado con siete horas de antelación respecto a la proclamación de la II República española en Madrid y tuvo que acordar con representantes del Gobierno provisional presidido por D. Niceto Alcalá Zamora renunciar a la proclamación de esa República catalana a cambio de la concesión del Estatuto de Autonomía. Para ello se creó un nuevo cargo ‘Presidente de la Generalitat’, como agrupación de las cuatro diputaciones. En los últimos tiempos ha tenido que hacer frente a una conflictividad social en aumento y a la falta de traspasos por parte del gobierno central.

Será enterrado el día 27 en Barcelona, con honores de capital general con mando en plaza.

D. Lluís Companys será el nuevo presidente de la Generalitat. 

 

26 Diciembre 1936

El Presidente

LA VANGUARDIA (Editor: Carlos Godó)

Leer

Cataluña ha perdido a su primer magistrado. Ahora nos hemos dado cuenta de lo que significa ese título de Presidente de la Generalidad de Cataluña, que a diario empleábamos distraídamente. Incluso diríamos que nadie hasta hoy había podido percatarse bien de la profunda importancia de ese cargo, la creación todavía tan reciente, pero cuyas raíces históricas y sentimentales se hunden en la más remota entraña de los siglos pretéritos. Ha sido necesario que se produjese en la cumbre de Cataluña ese vacío capitalicio, para que todo el cuerpo de la catalanidad experimentase un íntimo e incomparable estremecimiento, como de horfandad racial. Ha muerto el Presidente. Está de luto Cataluña entera.

¿El presidente se llamaba Francisco Maciá? No es esto lo importante. Se habría llamado cualquier otro nombre y la pérdida hubiera sido idéntica. El luto máximo que experimenta Cataluña no es en función de la personalidad desaparecida, sino del cargo que aquella ocupaba; aquí el hombre no es tanto como la magistratura. En esto estriba precisamente la novedad augusta del sentimiento que hoy nos hermana y nos une a los catalanes todos a una tumba que deja vacante las más alta representación de nuestra patria.

No es esta la hora propicia para hablar de Francisco Maciá. No es hora de medirle ni de enjuiciarle. Dejemos, pues, al político a un lado. Al partidista, al hombre de acción, al leader de determinada tendencia pueden llorarlo sus correligionarios y amigos. Los catalanes en masa, sin distinción de credos ni de clases, sólo podemos llorar a nuestro Presidente.

Hacía años, hacía siglos que Cataluña no había estado en condiciones de experimentar oficialmente este sentimiento de unidad espiritual, que aun en medio del dolor resulta tónico y reconfortante. Ha muerto el primer Presidente de la Generalidad de Catalunya. Y he aquí el inefable milagro: en torno a ese cadáver el sentimiento patriótico de los catalanes vive y palpita como nunca.

El Análisis

Macià, símbolo y desafío

JF Lamata

La muerte del coronel Francesc Macià, primer presidente de la restaurada Generalitat de Catalunya, deja un vacío simbólico profundo en el alma de buena parte del pueblo catalán. Fundador de Esquerra Republicana de Catalunya, su figura trascendía el papel político: era visto por muchos como el «Avi», un referente casi mítico del catalanismo contemporáneo. Su carisma, su cercanía al pueblo y su férrea defensa de una Cataluña con voz propia lo convirtieron en una figura entrañable para las clases populares catalanas, más allá incluso de ideologías. En tiempos de crisis e incertidumbre, su sola presencia ofrecía a muchos una imagen de esperanza y dignidad nacional.

Pero sería incompleto hablar de Macià sin mencionar su faceta más radical y rupturista, como cuando el 14 de abril de 1931, en pleno estallido republicano, proclamó unilateralmente la “República Catalana”, desbordando el ritmo institucional y desafiando la aún tambaleante II República española. Aquel gesto, más simbólico que operativo, tensó gravemente la relación con Madrid y amenazó con dividir al nuevo régimen antes de que pudiera siquiera consolidarse. Fue gracias a figuras más pragmáticas como Lluís Companys, más partidario de edificar primero una república estable en toda España, que la situación pudo reconducirse hacia el Estatut d’Autonomia y el reconocimiento de la Generalitat como institución dentro del Estado.

La muerte de Macià llega en un momento delicado: las derechas acaban de tomar el poder en la República con el gobierno de Lerroux y el apoyo de la CEDA, dos fuerzas que no participaron en el consenso que dio lugar a la autonomía catalana. Sin el liderazgo carismático de Macià, y con un escenario político más adverso, la pervivencia y consolidación de la Generalitat como órgano legítimo del Estado español podría verse amenazada si no se gestiona con inteligencia. El desafío que dejó Macià, de una Cataluña autónoma pero inserta en una república común, exigirá ahora más que nunca de madurez política, sentido de Estado y una voluntad de diálogo que ni en Barcelona ni en Madrid parece, hoy por hoy, garantizada.

J. F. Lamata