25 julio 1993
Era uno de los mayores accionistas del Banco Central Hispano con un 3% del capital de la entidad
Muere Francis Bouyges, líder del mayor grupo de construcción mundial y del canal de televisión francés TF1
Hechos
El 25.07.1993 falleció Francis Bouygues.
Lecturas
Cuando Francis Bouygues creó en 1952, con apenas una decena de trabajadores, una pequeña empresa dedicada inicialmente a la construcción industrial y de viviendas, difícilmente podía imaginarse que cuatro décadas después dejaría uno de los mayores grupos empresariales franceses. Aprovechó el gigantesco desarrollo inmobiliario y de infraestructuras de la Francia de posguerra, pasó de la edificación al inmobiliario, ingeniería civil, carreteras y grandes obras públicas, y extendió su actividad internacionalmente. Su grupo participó en obras como el aeropuerto Charles-de-Gaulle, Les Halles y la Grande Arche de La Défense, la Universidad de Riad o grandes infraestructuras en Oriente Próximo. A finales de los años ochenta Bouygues podía presentarse ya como líder mundial de la construcción y obras públicas; en 1991 el grupo facturaba unos 65.000 millones de francos y empleaba alrededor de 80.000 personas.
Su última gran conquista fue mucho más inesperada. Cuando el Gobierno de Jacques Chirac privatizó TF1 en 1987, el favorito era Hachette, de Jean-Luc Lagardère. Pero Bouygues preparó una candidatura extraordinariamente minuciosa —Le Monde la describiría como un expediente «en béton»— y el 4 de abril de 1987 la CNCL eligió al consorcio encabezado por el constructor. Bouygues se convirtió en accionista principal y operador de TF1 y consiguió transformar la antigua cadena pública en la gran televisión comercial francesa: entretenimiento popular, presentadores reconocibles, informativos competitivos y programas como Sacrée Soirée, Club Dorothée, Ushuaïa, La Roue de la Fortune o Le Juste Prix. En sus últimos años todavía abrió otro frente, el cine, creando Ciby 2000, que participó en películas de Pedro Almodóvar, Jane Campion, David Lynch o Bernardo Bertolucci.
En realidad, la sucesión empresarial estaba resuelta desde antes de su muerte: el 5 de septiembre de 1989 Francis había entregado la presidencia del grupo a su hijo Martin Bouygues, permaneciendo él como administrador y dedicándose especialmente al cine. Por tanto, cuando muere en julio de 1993, Martin Bouygues, de 41 años, es ya el heredero efectivo del imperio. En TF1, además, la gestión cotidiana estaba sólidamente profesionalizada alrededor de Patrick Le Lay, presidente de la cadena desde 1988.
El Análisis
La gran paradoja de Francis Bouygues es que un constructor terminó demostrando más habilidad televisiva que dos hombres procedentes del mundo editorial. En 1987 Lagardère parecía disponer de todo lo necesario para ganar TF1: Hachette tenía revistas, libros, distribución, publicidad y experiencia cultural; pero llegó demasiado confiado, su alianza con Havas provocó polémica y su candidatura resultó peor preparada que la de Bouygues. Robert Hersant poseía Le Figaro y un enorme imperio periodístico y consiguió el control francés de La Cinq, pero quiso competir con TF1 mediante fichajes caros, información costosa y programación adquirida a golpe de talonario, mientras discutía con su socio Silvio Berlusconi sobre cuál debía ser el modelo de cadena. Cuando las pérdidas amenazaron a su propio grupo de prensa, Hersant se retiró; Lagardère compró después La Cinq y tampoco consiguió salvarla: cerró en abril de 1992. Bouygues hizo algo aparentemente más humilde: aceptó que saber levantar autopistas no significaba saber hacer televisión y puso la cadena en manos de profesionales, con Patrick Le Lay como figura empresarial fundamental, mientras aplicaba aquello que sí conocía del negocio de la construcción: inversión a largo plazo, organización, control de costes, contratación de buenos especialistas y una obsesión casi industrial por conquistar el mercado. Y además partía con una ventaja formidable: no tuvo que inventar una cadena desde cero como La Cinq, sino transformar TF1, la primera cadena histórica francesa, con cobertura nacional, notoriedad y hábitos de audiencia ya existentes, en una máquina comercial.
¿Y políticamente? Bouygues no fue un magnate editorial ideológico al estilo de Hersant, cuya prensa tenía posiciones políticas mucho más reconocibles. La privatización de TF1 fue obra del Gobierno conservador de Chirac y Balladur y, naturalmente, levantó sospechas sobre la posibilidad de que el nuevo propietario correspondiera políticamente a quienes le habían entregado semejante activo. Pero resulta significativo que en 1987 Bouygues derrotara precisamente a Hachette, que era considerada la candidatura favorita del poder, y que la elección sorprendiera incluso a los socialistas, preparados para denunciar una adjudicación a Lagardère. TF1 fue adquiriendo una imagen popular, comercial y generalmente más cercana a sensibilidades de centroderecha que a la izquierda intelectual francesa, pero sería excesivo convertirla en un órgano del RPR: su prioridad era muchísimo más sencilla, ser la televisión que viera el mayor número posible de franceses, gobernase Mitterrand con Rocard o Bérégovoy, Chirac en cohabitación o, desde 1993, Balladur. Quizá ahí estuviera parte del secreto. Hersant pensaba todavía como propietario de periódicos y Lagardère soñaba con poseer una gran televisión; Bouygues la trató como una empresa que había que construir. Y, en eso, pocos franceses sabían más que él.
JF