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Muere María Teresa Campos, la reina de las mañanas de la televisión española entre 1991 y 2004, año en que fue destronada y que nunca superó perder su hueco en televisión

HECHOS

El 6 de septiembre de 2023 fallece Dña. María Teresa Campos Luque.

06 Septiembre 2023

LA PIONERA DE LA COMUNICACIÓN QUE REIVINDICÓ A LAS ‘MARUJAS’

Susanna Griso

Uno de los méritos de María Teresa ha sido reivindicar el espacio de las mañanas a las mujeres, que despectivamente era considerado de marujeo. Ella siempre reivindicó a las marujas, a las amas de casa, y fue la primera que de alguna manera llevó la tertulia política a estos programas matinales. Antes, en televisión había una tertulia política a primera hora, pero luego ya eran programas de corte social. María Teresa fue la que inventa ese tipo de tertulia para la franja de las 12 o una de la tarde, algo que luego ha tenido mucho predicamento en todas las parrillas televisivas. Es una de las muchas cosas que introdujo como pionera.

Ángel Antonio Herrera la define como la «valentía con tacones». Y Raúl del Pozo cuenta que organizaba los programas como si se tratara de asaltos.

Yo añadiría que la Campos era la comunicadora por excelencia. En esta profesión nuestra hay muchos periodistas, pero muy pocos comunicadores. Comunicar es hablar desde las tripas y eso entraña grandes riesgos: eres transparente para lo bueno y para lo malo. Cuando estás feliz, eres imbatible, pero cuando pasas por una mala racha, no puedes disimularlo.

Decía que vivir pegada al dato de audiencia era una tortura pero, paradójicamente, para ella el mayor calvario fue jubilarse del maldito share.

06 Septiembre 2023

LA MUERTE DE MI AMIGA MARÍA TERESA, ¡QUÉ SOLOS NOS DEJA A LOS QUE QUEDAMOS!

Jaime Peñafiel

En la columna que escribí el día que murió mi amiga Marta Chávarri, recordaba que el riesgo de cumplir muchos años es que te vas quedando cada vez más solo. Mi paisano Federico García Lorca decía que la vejez es la ligazón que hay entre la vida joven y el abismo de la muerte. Hoy, con la muerte de María Teresa Campos, he recordado todos aquellos que en los últimos tiempos y mientras yo cumplía y cumplía años, tantos como 91, ellos se iban muriendo, convirtiéndome en huérfano de amigos, esa orfandad de la amistad mucho más dramática que otras orfandades. Por ley natural, a determinada edad eres huérfano de padre y de madre. Lo que ya empieza a no ser normal es perder a tantos amigos como he perdido yo. Por ello, entenderán conmigo que me emocione cuando recuerdo ese gran poema que cantaba Alberto Cortez, Cuando un amigo se va, de Facundo Cabral, aquel gran cantante, escritor y filósofo argentino, vilmente asesinado en Guatemala el 9 de julio de 2011.

Cuando en la mañana del pasado 3 de septiembre, que era domingo, ingresaron en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid a mi querida María Teresa Campos, por un cuadro de insuficiencia respiratoria aguda, con un pronóstico reservado dentro de la gravedad, el temor a que se encontrara en el último tramo de su vida se apoderó no sólo de sus hijas, Terelu Campos y Carmen Borrego, sino también de todos aquellos que la queríamos y hemos venido siguiendo la evolución de su enfermedad que en las últimas semanas no han ocultado su preocupación. Su estado era tal que la propia Terelu, en unas declaraciones a la revista Lecturas, reconoció lo durísimo que estaba siendo hasta el extremo de confesar: «Ya no soporto más verla sufrir». Era tal el estado de estos últimos días que reconocían no estar no sólo en sus manos sino ni siquiera en las de la medicina el poder proporcionarle un mínimo de bienestar.

A quien tanto luchó en su vida para ser quien era no se le evitó tener que luchar a la hora de su muerte prolongando inútilmente su vida, entrando y saliendo del hospital.

Este verano que se va -¿con ella?- ha sido un verano muy difícil para sus hijas. El pasado 31 de agosto y como recordaba la revista Semana, Terelu cumplió 58 años. «Aunque no estamos para muchas celebraciones», según Carmen Borrego. Tristísimo aniversario en el que declaró que ese día lo único que le preocupaba era su madre. «En estos momentos lo que nos toca es dar, hemos recibido mucho de ella y ahora tenemos que devolvérselo. Es un momento delicado en nuestras vidas, como le pasaría a cualquiera con su madre. Ni más ni menos».

Para arropar a Carmen y a Terelu, nada más conocer la noticia del ingreso de María Teresa en el hospital, se personaron Rocío Carrasco, a quien siempre ayudó, y Fidel Albiac así como Alejandro Rubio, ex marido de Terelu y el fiel Gustavo Guillermo, su querido y leal chófer.

Tales presencias demostraban la gravedad del momento pero, sobre todo, cuando Terelu, siempre tan controladora de sus sentimientos, al menos públicamente, rompió a llorar en el hall del hospital. Según el entorno de las Campos, ya se preparaban para la peor de las noticias.

Con su muerte, un espacio de mi corazón se ha quedado vacío. Porque ella, independientemente de ser una compañera con la que compartí programas en la tele y en la radio, era mi amiga con quien, según ella, en un programa en directo confesó que yo había estado tan enamorada de ella en Nueva York que amenacé hasta con «suicidarme». Lo de enamorado, puede. Lo del suicidio, no lo recuerdo. De todas formas, un caballero, yo lo soy, no desmiente jamás a una señora. Ella lo era.

Posiblemente, el lector no recordará cuando, el 10 de octubre de 2019, la presentadora Toñi Moreno abandonaba llorando su programa de Cuatro porque había leído, según ella, una información de que la Campos había fallecido. «Tengo que pedir disculpas por cómo empiezo el programa. Hace treinta segundos acabo de sentarme con Nagore y, de repente, hemos leído una información que no está contrastada todavía. Es sobre María Teresa Campos. Yo espero que no sea verdad, por favor …. Es muy difícil esto…». Y abandonaba el plató ante la imposibilidad de seguir el programa. Era su compañera Nagore Robles la que se ponía entonces al frente. Varios minutos después, Toñi reaparecía y explicaba con voz risueña y totalmente relajada que, afortunadamente, María Teresa Campos se encontraba estupendamente y pedía perdón a los espectadores. Se justificó diciendo que había sufrido un ataque de nervios. «Entonces he llamado a Teresa y me dice: ‘¿Que pasa? ‘Y le digo: ‘¡Estas viva!’ ‘Sí. Todavía no me han matado’, me ha respondido».

Ella y yo vivimos las vísperas del estallido del compromiso de Felipe en un programa en Antena 3, cuando todos los profesionales de la información especulaban sobre el nombre de la prometida real. Yo había recibido una llamada anónima informándome de que se trataba de «una profesional». El nombre lo daría Terelu, la hija de María Teresa.

Varias han sido las veces que, en poco tiempo, por desgracia, he tenido que recordar esos versos de Facundo Cabral porque, cuando un amigo o una amiga se va, como hoy María Teresa y ayer Marta Chávarri y Carmen Sevilla, y Pepe Oneto, y Pepe Chalala, y Ramon Rato e Ichu Salazar Simpson, Concha Manzanos, Tico Medina, Alberto y Mercedes Schommer, Carlos y Fernando Falcó, Antonio Gala, Paco Umbral, Fernando Sánchez Dragó, Laura Valenzuela, Cristina Macaya, David Gistau, Paco Rego o Alfredo Fraile, entre otros, con la desaparición de todos ellos queda un espacio vacío que no puede llenar otro amigo.

Cada vez que se muere un amigo, me invade una sensación de vacío indescriptible. Es como un agujero negro enorme que se apodera de mí y me engulle hacia un estado de orfandad. Cuando un amigo o una amiga se va, lo paso muy mal y mi vida, a pesar de los 91 años, se siente empequeñecida. Los amigos que me van quedando ya son muy pocos. Algunos de ellos llegaron más tarde a mi existencia pero se han hecho indispensables para poder sobrevivir.

Recordando a todos ellos que se fueron eso de «qué solos se quedan los muertos» va a ser que no, va a ser lo contrario. Porque cuando un amigo o una amiga se ha ido, como hoy María Teresa, ¡qué solos nos quedamos los vivos! Al menos, qué solo me he quedado yo que incluso perdí a Isabel, la única hija que tenía.

07 Septiembre 2023

Colega María Teresa Campos

Luz Sánchez Mellado

Me atrevo a decir que lo que nunca perdió fue la pasión por la vida. Por vivirla, por contarla y por tener a alguien al otro lado que la escuchara. ¿No es eso lo que queremos todos?

Agosto ha sido tórrido en todos los sentidos. El último grito en biquinis para ciertas diosas era incrustarse una braga intrarrectal por detrás e intrauterina por delante, y un sostén del revés con el doble fin de sacar pechuga y distinguirse de las mortales que precisamos relleno por arriba y refajo por abajo. En las playas, medusas como edredones rondaban a hordas de padelsurferos de secano haciendo posturitas sobre tablas hinchables alquiladas a 30 pavos el día y celebrando la puesta de sol en chiringos a pie de arena al ritmo de la homilía del dj de guardia. Informativamente, el mes empezó calentito, con el horrendo crimen cometido por un niño bonito español, hijo y nieto de actores, en la exótica Tailandia. Siguió con la ruptura de los astros Rosalía y Rauw Alejandro, constatando que los riquísimos también lloran a mares. Medió con la alegre toma de posesión de los nuevos diputados y senadores, dejando lo gordo para septiembre. Y finalizó con una doble gesta histórica: la victoria de las futbolistas españolas en el Mundial de Sídney y la definitiva caída en desgracia del machista de su jefe y de sus palmeros, que todavía no saben ni por dónde les viene el viento. No, agosto ya no es lo que era en las redacciones.

Puede que, a esas alturas de su mal de muerte, la periodista María Teresa Campos ya no se enterara de esas noticias bomba. Sin embargo, en la hora de su adiós, no puedo dejar de imaginar lo que hubiera disfrutado contándonoslas en riguroso directo, pasando de una a otra sin despeinarse y con todo lujo de pelos, señales y opiniones al amor de la gran mesa camilla que son todas las tertulias. Es lo que han hecho todas las reinas de las teles este verano, vale. Pero ella ya lo había hecho mucho antes de que a ellas les saliera el colmillo informativo, y el otro. Ha trascendido que, al final, la gran Campos solo pesaba 30 kilos y tenía la cabeza perdida en la nebulosa de sus neuronas. Me atrevo a decir que lo que jamás perdió fue la pasión por la vida. Por vivirla, por contarla y por tener a alguien al otro lado que la escuchara. ¿No es eso lo que queremos todos, colegas?

09 Septiembre 2023

MARÍA TERESA CAMPOS, EL CUERVO Y EL EUFEMISMO

Federico Jiménez Losantos

Cuando el lunes cerraron las revistas del corazón, que salen los miércoles, no había fallecido María Teresa Campos, aunque se daba por ineluctable su pérdida. Pero ahí estaba a modo de cuervo, grajo o la «corneja siniestra» del Cantar de Mío Cid, el Padre Ángel, para comentar en la puerta del hospital lo que las hijas, esta vez discretas, no querían decir a los periodistas. Venía de estar con Pedro Sánchez, que también se acercó al tanatorio, a ver si ahí no lo abucheaban. Hay que señalar que ¡Hola!, Semana y Diez Minutos hicieron una tarea de orfebrería para dar sin dar la noticia, usando sabiamente el condicional y el eufemismo. No se recuerda un alarde de discreción y respeto semejante para ningún famoso. Enhorabuena.

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