23 julio 1951
Condenado a muerte por traición, su pena fue conmutada por prisión perpetua
Muere Philippe Petain, que ejerció como dictador de la Francia durante el ‘régimen de Vichy’ que colaboró con la Alemania nazi entre 1941 y 1945
Hechos
Falleció el 23 de julio de 1951.
Lecturas
Philippe Petain ha muerto a los 95 años de edad, en la prisión de la isla de Yeu, donde cumplía cadena perpetua. Pétain alcanzó un enorme prestigio durante la Primera Guerra Mundial y ascendió a comandante en jefe del ejército en 1917, con el grado de mariscal.
En 1940, cuando los alemanes liquidaron en pocas semanas la resistencia francesa, Pétain – por entonces presidente del consejo de gobierno – fue el encargado de firmar la paz; dirigió luego el régimen de Vichy y, al terminar la guerra, fue condenado por traición.
En abril último, el gobierno español de Francisco Franco – con quien Petain, de ideología derechista, mantenía buenas relaciones – se ofreció a otorgar asilo al anciano mariscal por motivos humanitarios, pero el gobierno de la IV República de Francia, no se dio por enterado.
El Análisis
El 23 de julio de 1951 murió, a los 95 años, el mariscal Philippe Pétain en la soledad de su prisión perpetua en la isla de Yeu. Así se cierra, en silencio y sin honores, la vida de un hombre que conoció la gloria absoluta y la deshonra más profunda. Pétain fue el salvador de Verdún durante la Primera Guerra Mundial, símbolo de la resistencia francesa en 1916 y venerado como un héroe nacional. Tres décadas más tarde, fue también el rostro de la rendición y la colaboración con el nazismo desde la jefatura del régimen de Vichy. Su figura quedó así irremediablemente dividida en dos mitades inconciliables: la del patriota victorioso y la del anciano vencido que justificó la obediencia a Hitler como un mal necesario.
En abril de este mismo año, el régimen franquista español —ansioso por legitimarse en la escena internacional— ofreció asilo al anciano mariscal por razones humanitarias, sabedor de que su final estaba próximo. Pero Francia no quiso escuchar. La República, aunque consciente del simbolismo de su figura, no estaba dispuesta a permitirle una salida que se interpretara como clemencia. La condena de 1945 a muerte, conmutada por cadena perpetua y destierro, fue ya un gesto de matizado equilibrio: no sería ejecutado, pero tampoco jamás rehabilitado. Murió donde debía morir, según la voluntad de la justicia francesa, en una celda fría y sin redención pública.
Y sin embargo, la sombra de Vichy no murió con él. La etapa de 1940 a 1944 sigue siendo una cicatriz abierta en la historia contemporánea de Francia. Durante décadas, la participación o la tibieza de numerosos cuadros políticos frente a la ocupación nazi —como en los casos de François Mitterrand, Georges Marchais o Maurice Papon— será objeto de escrutinio, polémica y revisiones. El país ha querido pasar página, pero el pasado no se borra por decreto. La muerte de Pétain simboliza el cierre biológico de un ciclo, pero no su olvido. Francia sigue enfrentándose a las ambigüedades de su memoria, dividida entre el recuerdo heroico y el peso de la colaboración. El mariscal ha muerto; el debate sobre su legado, no.
J. F. Lamata