15 agosto 1945
Su condena será conmutada por cadena perpetua en atención a su avanzada edad
El mariscal Petain, dictador de Francia durante la ocupación alemana, es condenado a muerte por traidor
Hechos
El 15.08.1945 finalizó el juicio contra Philippe Petain ante la Suprema Corte de Justicia de Francia.
Lecturas
El régimen de Vicky fue derrocado en agosto de 1944.
Pierre Laval será fusilado en octubre de 1945.
Petain morirá en julio de 1951.
El Análisis
El 15 de agosto de 1945 concluyó uno de los juicios más simbólicos de la historia contemporánea de Francia: el proceso contra Philippe Pétain, mariscal de la Primera Guerra Mundial y jefe del Estado Francés durante el régimen colaboracionista de Vichy. Fue un juicio complejo, cargado de emociones y de cicatrices aún abiertas. Ante la Suprema Corte de Justicia, Pétain escuchó desfilar a testigos que denunciaron la deportación de judíos, la represión de la Resistencia, la complicidad en crímenes alemanes y la humillación de un país entregado a los pies del ocupante nazi. Su defensa se escudó en el argumento del «mal menor»: que no hubo traición, sino resignación ante lo inevitable, que su colaboración evitó males mayores para Francia. Pero los hechos y las víctimas contradijeron su relato.
La sentencia fue clara: condena a muerte por alta traición. Sin embargo, la edad avanzada del acusado y su pasado como héroe de Verdún pesaron, y el general De Gaulle —quien lidera la nueva Francia — conmutó la pena capital por cadena perpetua y destierro a la isla de Yeu. Fue una forma de justicia que intentó equilibrar el castigo con la dignidad institucional. Pero no por ello menos humillante para quien fue símbolo de entrega y claudicación. A diferencia de lo que probablemente les aguarde a otros colaboradores del Eje, como Pierre Laval en Francia o Vidkun Quisling en Noruega, Pétain conservará la vida, aunque no el honor.
Este juicio no sólo sella la suerte de un hombre, sino que marca el cierre de una de las etapas más oscuras de la historia francesa. Pétain fue juzgado no sólo por lo que hizo, sino por lo que representó: la capitulación del alma francesa, el desprecio a los principios de libertad, igualdad y fraternidad, y la mancha indeleble de haber servido al verdugo. Francia, al procesar al Mariscal, ha querido recuperar su rostro perdido y demostrar que ni la edad, ni la historia, ni el uniforme blindan al traidor de la justicia.
J. F. Lamata