15 octubre 1945

Laval intentó suicidarse con un veneno, pero fue ejecutado antes de que este hiciera efecto

El líder fascista francés, Pierre Laval, ministro en el régimen de Vichy, ejecutado por su colaboración con el nazismo

Hechos

El 15.10.1945 fue ejecutado el ex ministro y ex jefe de Gobierno francés Pierre Laval.

Lecturas

Laval había sido capturado en julio de 1945.

El ex primer ministro del régimen pronazi de Vichy en Francia, Pierre Laval, ha sido ejecutado este 15 de octubre de 1945 en París.

Capturado en España y trasladado a Innsbruck, fue entregado a las autoridades francesas y sometido a un proceso que pasó por momentos tumultuosos.

Ante el tribunal, Laval tuvo la posibilidad de defender la política que había llevado a cabo el régimen de Vichy. El ex primer ministro afirmó que, desde su cargo, había trabajado por la supervivencia de Francia en las difíciles condiciones impuestas por la derrota frente a Alemania.

Finalmente la sentencia ha sido a muerte bajo los cargos de traición y colaboración con el enemigo, que se consideran probados. Al conocer la sentencia Laval ingirió un frasco de veneno para suicidarse, pero los agentes fueron más rápidos y lo pudieron fusilar antes de que muriera.

Petain morirá en julio de 1951.

El Análisis

LA IMAGEN DE LA TRAICIÓN PARA LOS FRANCESES

JF Lamata

La mañana del 15 de octubre de 1945 marcó el final de Pierre Laval, una de las figuras más controvertidas y aborrecidas del régimen de Vichy. A diferencia del mariscal Pétain, cuya figura —aunque también culpable— aún despertaba cierta ambigüedad histórica por su pasado heroico en la Gran Guerra, Laval encarnaba sin matices la colaboración activa, fervorosa y servil con la Alemania nazi. No fue un derrotado que pactó por necesidad; fue un entusiasta que, según sus propias palabras, deseaba «la victoria de Alemania, porque sin ella el bolchevismo lo invadiría todo». Una frase que lo condenó más allá de cualquier tribunal.

El juicio a Laval evidenció su papel clave en la política de sumisión al Tercer Reich: la deportación de judíos, el envío de trabajadores forzosos a Alemania y la represión interna de la disidencia. Consciente de su destino tras la sentencia de muerte, Laval intentó, en un último gesto de control sobre su destino, suicidarse con veneno antes de ser ejecutado. Pero la justicia francesa frustró ese intento, salvando su vida apenas el tiempo suficiente para que enfrentara el paredón. Murió fusilado, método que, paradójicamente, fue su única concesión: se le evitó la horca, una humillación reservada para traidores sin rango.

La ejecución de Laval no es solo la eliminación de un colaboracionista notorio; es también un acto de afirmación moral para la nueva Francia resurgida de la ocupación y el oprobio. El país ha querido marcar con fuego que su justicia no perdona la traición consciente y voluntaria. Laval muere sin el aura crepuscular de Pétain, sin la ambigüedad del soldado vencido. Muere como lo que fue hasta el final: un político ambicioso, cínico y sin patria, que confundió el cálculo con la entrega y la conveniencia con la traición. Su muerte cierra un capítulo oscuro, pero deja abierta la eterna pregunta de hasta dónde puede llegar un hombre en nombre del poder.

J. F. Lamata