31 julio 1945

Franco entrega al líder fascista francés, Pierre Laval, a los aliados dejando claro que no permitirá que España sea un país protector para los perdedores de la Segunda Guerra Mundial

Hechos

Fue entregado el 31 de julio de 1945.

Lecturas

El régimen de Vicky fue derrocado en agosto de 1944.

El líder fascista de Francia, Pierre Laval, que colaboró abiertamente con los invasores alemanes durante la Segunda Guerra Mundial, llegando a ser ministro de Estado y hombre fuerte del Gobierno durante la ocupación, ha sido forzado a emprender el viaje hacia Austria después de ser ‘invitado’ por el Gobierno español del general Francisco Franco a abandonarlo.

Laval llegó a España el pasado 2 de mayo, al aeródromo del Prat de Llobregat, anunciando que no venía a rehuir ninguna responsabilidad sino a entregarse a la ONU.

El gobierno español anunció inmediatamente su intención de no acoger a ningún alto emigrado político ni de la Alemania nazi, ni de la Italia fascista, ni de sus aliados.

Este 31 de julio de 1945 llega Laval a Horsching (Austria) donde se le entregará a Francia para que sea juzgado y con toda seguridad ejecutado. Para la política internacional española es clave acercarse a Estados Unidos y a Reino Unido.

El Análisis

Franco entrega a Laval

JF Lamata

La entrega de Pierre Laval a las autoridades francesas por parte del régimen de Franco en julio de 1945 marca no solo el regreso del principal colaborador civil del régimen de Vichy para enfrentar la justicia, sino también una señal política en el tablero internacional: la España franquista no quiere ser vista como un santuario de fascistas derrotados. Laval, figura clave del entreguismo francés ante la Alemania nazi, fue el rostro más cínico del colaboracionismo: como primer ministro bajo el mando de Pétain, promovió la deportación de judíos franceses, la represión contra la resistencia y una política de sumisión ideológica al Tercer Reich.

Su captura y extradición representan un acto de justicia largamente esperado por la nueva Francia de De Gaulle, que busca restaurar su autoridad moral tras los años de humillación. Pero también evidencia el malabarismo del régimen de Franco, que, mientras entre 1939 y 1942 simpatizó abiertamente con el Eje, ahora se esfuerza por limpiar su imagen ante los aliados vencedores. La cesión de Laval no es un acto de cooperación altruista, sino un cálculo: Madrid quiere evitar cualquier asociación duradera con los restos del naufragio nazi y fascista, presentándose como neutral y deseosa de reconciliación con el bloque occidental.

El juicio a Laval, por tanto, será más que un acto judicial: será una catarsis nacional, una puesta en escena de la ruptura con el pasado vergonzante. Y al mismo tiempo, será una advertencia silenciosa para otros colaboracionistas fugitivos: ya no quedan refugios seguros en un continente que intenta despertar del trauma de la guerra y del fascismo.

J. F. Lamata