30 abril 1991
Oficialmente es Iberduero quien ha comprado Hidrola
Nace Iberdrola, la mayor hidroeléctrica española de la fusión entre Ibeduero e Hidrola bajo la presidencia de Íñigo de Oriol

Hechos
- El 30.04.1991 D. Íñigo de Oriol (Presidente de Hidrola) y D. Manuel Gómez de Pablos (Presidente de Iberduero) anunciaron el inicio del proceso de fusión.
Lecturas
El 30 de abril de 1991, los consejos de administración de Hidroeléctrica Española (Hidrola) e Iberduero aprobaron el protocolo que ponía en marcha su integración y daba origen al que pretendía convertirse en el gran grupo eléctrico privado español. No se unían precisamente dos recién llegados. Hidrola, fundada en 1907 por empresarios vinculados a las familias Urquijo y Oriol a partir de los negocios desarrollados alrededor de Hidroeléctrica Ibérica, había construido durante ocho décadas una poderosa presencia en Madrid, Valencia y buena parte del centro y sureste peninsular. Bajo la larga influencia de la familia Oriol, había combinado la generación hidroeléctrica tradicional con la entrada en la energía nuclear —Cofrentes y participación en Almaraz— y llegaba a 1991 presidida por Íñigo de Oriol e Ybarra, hijo de José María de Oriol. Iberduero procedía de otra de las grandes estirpes de la electricidad española: Hidroeléctrica Ibérica, fundada en Bilbao en 1901, se fusionó en 1944-45 con Saltos del Duero para formar Iberduero y posteriormente incorporó Saltos del Sil. Sus gigantescos aprovechamientos del Duero —Aldeadávila y Almendra-Villarino entre los más emblemáticos— la habían convertido en uno de los pilares energéticos del norte y centro de España.
La operación respondía a algo más que una simple voluntad de crecer. El sector eléctrico español estaba inmerso en una reordenación impulsada por el Gobierno de Felipe González, cargaba con un considerable endeudamiento derivado de las inversiones de décadas anteriores y comenzaba a prepararse para un mercado europeo progresivamente más competitivo. Endesa, todavía controlada por el Estado, había aumentado enormemente su dimensión y los grandes grupos privados necesitaban ganar tamaño. Hidrola e Iberduero eran además empresas complementarias geográficamente y, después de meses de negociaciones y algún aplazamiento de última hora, Oriol y Manuel Gómez de Pablos, presidente de Iberduero, alcanzaron el acuerdo. El Ministerio de Industria de Claudio Aranzadi no les dio un cheque en blanco: impuso seis condiciones relacionadas, entre otras cuestiones, con la separación entre generación y distribución y con el intercambio de determinados activos dentro de la reorganización general del sector. Las empresas aceptaron aquellas condiciones.
El procedimiento fue deliberadamente gradual. Primero se creó HI Holding, encargada de gestionar conjuntamente ambas compañías y de diseñar la fórmula definitiva de integración. Su consejo era inicialmente la suma de los de Hidrola e Iberduero. Íñigo de Oriol quedó como presidente; Manuel Gómez de Pablos, como presidente de honor, y José Antonio Garrido, procedente de Iberduero, como consejero delegado. Las vicepresidencias correspondieron a Mario Conde, Javier Gúrpide y Víctor Urrutia. El comité ejecutivo reflejaba además hasta qué punto la gran banca participaba en el mapa eléctrico español: estaban representados BBV, Banesto, Banco Central y Banco Hispano Americano, junto con directivos de ambas eléctricas.
El 31 de mayo de 1991 se escogió la fórmula jurídica: Iberduero lanzaría una OPA sobre Hidrola, ofreciendo cuatro acciones nuevas y 250 pesetas por cada cinco acciones de Hidrola. Simultáneamente se adoptaría una marca común: Iberduero pasaría a denominarse Iberdrola I e Hidrola, Iberdrola II. Formalmente, por tanto, era Iberduero quien adquiría Hidrola; políticamente dentro de la nueva organización, sin embargo, el equilibrio era bastante más complejo, porque sería precisamente el presidente de Hidrola, Oriol, quien quedaría al frente del conjunto. Las juntas de accionistas ratificaron la operación el 25 de junio y la OPA permitió a Iberdrola I hacerse inicialmente con aproximadamente el 88% de Hidrola.
La integración completa todavía tardaría más de un año. Iberdrola I actuó como cabecera operativa mientras Iberdrola II permanecía como filial y HI Holding dirigía el proceso. Finalmente, en noviembre de 1992 las juntas aprobaron la absorción de Iberdrola II y de diversas sociedades del grupo —entre ellas Eléctrica de Langreo, Electra de Logroño, Vitoriana de Electricidad, Fuerzas Eléctricas de Navarra y Terminor—, culminándose jurídicamente la fusión en diciembre. Había nacido definitivamente Iberdrola. Y el reparto final dejaba también un vencedor personal: Íñigo de Oriol, procedente de Hidrola, como presidente del nuevo gigante; Gómez de Pablos quedaba en una posición honorífica y José Antonio Garrido conservaba inicialmente una posición ejecutiva fundamental. La empresa nacida de dos historias diferentes tendría su domicilio social en Bilbao, conservando así una parte esencial de la identidad de la antigua Iberduero.
El Análisis
La creación de Iberdrola puede considerarse, empresarialmente, una de las grandes operaciones españolas de comienzos de los noventa. Dos compañías históricas comprenden que el mercado eléctrico que viene ya no será el de sus abuelos: Europa avanza hacia una mayor competencia, Endesa ha alcanzado dimensiones enormes y sobrevivir como gran eléctrica privada exige tamaño, capital y capacidad para invertir fuera de las regiones donde cada compañía había construido tradicionalmente su fortaleza. Íñigo de Oriol entendió que Hidrola podía acabar devorada por grupos europeos mucho mayores si permanecía sola, y Gómez de Pablos llegó a una conclusión semejante desde Iberduero. La operación puede considerarse además un triunfo extraordinario de los Oriol: la familia que había participado en la fundación de Hidrola a comienzos de siglo ve cómo, tres generaciones después, aquella empresa entra en una fusión formalmente encabezada por Iberduero pero coloca a Íñigo de Oriol en la Presidencia del resultado. No han vendido la empresa familiar; la han utilizado como una de las mitades con las que construir un gigante nacional.
Pero alrededor de semejante operación aparece inevitablemente una pregunta menos cómoda: ¿cuánto cuesta conseguir que dos imperios empresariales, cuatro grandes bancos y varias Administraciones coincidan en una misma fusión? Los honorarios de asesoramiento fueron extraordinarios. El nombre que sobresaldría posteriormente sería el del intermediario Antonio Navalón, coordinador de la operación: en investigaciones judiciales posteriores constó que percibió 7.300 millones de pesetas, aunque una parte considerable se destinó a bancos de negocios y otros asesores, siendo citados también posibles comisionistas el abogado Matías Cortés y el expresidente Adolfo Suárez. Años después se investigaría si detrás de aquellos pagos había tráfico de influencias o actuaciones ilícitas; la respuesta judicial fue negativa: en 1999 el juez Ramiro García de Dios archivó definitivamente la causa contra Oriol, Navalón y Diego Selva, afirmando que después de las investigaciones no aparecía indicio delictivo alguno. Los millones existieron como honorarios; convertirlos automáticamente en comisiones ilegales sería ir más allá de lo probado.
Y todavía queda una característica fundamental del nuevo gigante: una eléctrica de semejante tamaño nunca vive completamente al margen de la política. Hidrola había tenido que negociar durante años con los gobiernos de Madrid; Iberduero aportaba a la nueva compañía unas raíces económicas extraordinariamente fuertes en Euskadi, y mantener la sede social en Bilbao convertiría a Iberdrola en una empresa estratégica también para las instituciones vascas. Eso anticipa una relación de intereses PNV – Iberdrola que será muy visible durante la década siguiente: inversiones energéticas, fiscalidad, empleo, sede social y participación de la banca vasca harán que Gobierno vasco, PNV, BBK e Iberdrola tengan frecuentemente intereses convergentes. En 2000, por ejemplo, ante el intento de fusión Iberdrola-Endesa, el PNV intervino públicamente para defender los intereses económicos vascos y las instituciones reclamaron la continuidad de las inversiones de Iberdrola en Euskadi. Iberdrola nace como una operación empresarial; pero cuando una empresa produce una parte sustancial de la electricidad de un país, mueve cientos de miles de millones y constituye uno de los pilares económicos de una comunidad, resulta inevitable que alrededor de sus cables circulen también influencias políticas.
JF
