25 marzo 1957
Sus antecedentes fueron la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (1951) y la EURATOM
Nace la Comunidad Económica Europa (CEE) como paso previo para una Europa Unificada económica y comercialmente
Hechos
El 25 de marzo de 1957 se firmó el tratado de Roma.
Lecturas
LOS CREADORES DE LA CEE (UNIÓN EUROPEA):
Entre los políticos más defensores de integrar una Europa unida destacaron por Francia Aristide Briand (en la fase inicial, ya que falleció antes de que se llegara a constituir nada) y Robert Schuman y por la parte italiana Alcide De Gasperi (fallecido en 1954). Por la parte holandesa Paul Henri Spaak, primer presidente de la CECA (Comunidad Europa del Carbón y el Acero), antecedente inmediato de la Unión Europea.
- – Francia.
- – Italia.
- – República Federal de Alemania.
- – Holanda.
- – Bélgica.
- – Luxemburgo.
El Análisis
El 25 de marzo de 1957, en la capital italiana, seis naciones de nuestro continente han dado un paso que puede marcar un antes y un después en la historia europea. Con la firma del Tratado de Roma, Alemania Federal, Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo fundan la Comunidad Económica Europea (CEE), heredera directa del espíritu de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Aquel primer ensayo de cooperación, nacido tras la guerra para compartir recursos estratégicos y evitar nuevos conflictos, ha evolucionado hacia un proyecto más ambicioso: la creación de un mercado común, con libre circulación de mercancías, personas y capitales entre sus miembros.
Este paso no es únicamente económico, sino también político. En plena Guerra Fría, Europa se encuentra dividida en dos bloques: en el Este, bajo la férrea dirección de Moscú, opera el COMECON como instrumento de integración económica socialista; en el Oeste, los Estados democráticos buscan reforzar su unidad frente a la amenaza soviética. La CEE se inscribe en esta lógica de alianzas, contando con el beneplácito de Washington, que ve en la cooperación europea un modo de fortalecer el frente occidental y de garantizar que la prosperidad y la estabilidad política acompañen al crecimiento económico.
Europa busca, con este tratado, reconciliarse consigo misma y con su pasado reciente. No hay que olvidar que los países hoy firmantes fueron enemigos acérrimos en las dos guerras mundiales que asolaron el continente en apenas tres décadas. Que hoy se sienten en la misma mesa para compartir soberanía es una señal esperanzadora de que la vieja Europa puede encontrar en la unión el camino hacia la paz y la prosperidad. El reto es inmenso, y los recelos nacionales aún existen, pero Roma ha abierto una puerta que, de mantenerse, podría conducir en el futuro a algo que parecía una quimera: una Europa unida.
J. F. Lamata