1 abril 1976

Sitúa su sede en Pamplona (Navarra) porque reivindica la anexión de este territorio con Euskadi

Nace la revista PUNTO Y HORA de Euskal Herría creada por sectores mediáticos afines a la banda terrorista ETA

Hechos

El 1.04.1976 salió a los quioscos el primer número de la revista PUNTO Y HORA

Lecturas

El primer número de Punto y Hora de Euskal Herría se publica el 1 de abril de 1976 bajo la dirección de Mirentxu Purroy Ferrer.

Su macheta es la siguiente:

Directora: Dña. Mirentxu Purroy Ferrer

Redactor Jefe: D. Emilio Gómez Vega:

Gerente: D. Jorge Mogilnicki.

Redacción: Ángel Sánchez de la Fuente, E. Goiburu, Ibón Beregain, I. Laurentx, Xabier Zubiri, A. de la FOnt, Roger Etxeberry, Maria Larrimbe, Ander Eza, Maialen Iruren, Ainhoa Zabalza, Francisco Larreta, Eneko de Navarlaz, Sebastián Serrano, Luis María Pedro Peña, Dimas Zembrana.

LA REVISTA ‘PUNTO Y HORA’, ÓRGANO DE LA FORMACIÓN.

La revista PUNTO Y HORA, que, según la policía es propiedad directa de ETA Militar, actuará en la práctica como órgano de expresión de esta organización. Con recurrentes reportajes sobre los dirigentes que acuden a visitar a los miembros de ETA encarcelados por asesinato, como el Sr. Telesforo Monzón y el Sr. Francisco Letamendia y declaraciones de estos asegurando que los presos de ETA no debían ser llamados «terroristas», sino ‘guradis».

¿UN PUBLICACIÓN DIRECTAMENTE CONTROLADA POR LOS ASESINOS DE ETA?

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01 Abril 1976

Hoy empezamos

PUNTO Y HORA (Editorial)

Leer

En esa hora de difícil definición y de desasosegado Gobierno, hemos recibido por fin, el permiso de nacer. La andadura fue agria, muy antigua yes ya historia envejecida. Comenzamos hoy, desde este PUNTO Y HORA de Euskal Herria, hora cero, punto cero, y en Pamplona, la vieja Iruña, centro geográfico del País Vasco.

PUNTO Y HORA es una Sociedad de Redactores cuya propiedad en exclusiva, por Constitución, de los profesionales de la información que la conciben y los empleados que la hacen posible. Con exclusiva limitación de ser accionistas quienes en ella trabajan. Fórmula que entendemos como única capaz de garantizar la independencia informativa, abierta estrictamente al servicio del interés público, con la única misión de responder al derecho de la persona de ser informado sin otra limitación que la propia deontología profesional. Partimos del principio de que la prensa es libre cuando no depende del poder gubernamental ni de oros poderes, sino de la conciencia de los periodistas y de los lectores». 

Este es el sentir unánime de una mayoría de profesionales de la información exasperados de padecer la coacción continua de asalariado al ‘noble servicio’ del interés local de turno, de la daga del Consejo de Administración turnante, o del sol político que más calienta, ignorando que la información no es una mercancia vendible, como los panecillos con mermelada. Cuando el derecho primero es ofrecer al lector unos hechos que suceden, cómo suceden y por qué suceden así y no de otra manera. Sin mutilarlos, ni disfrazarlos para halago del ‘querido amigo’, alquilando la conciencia y vendiendo la honradez profesional. 

Ponderemos el acento en la búsqueda de la máxima objetividad al servicio de nuestro País Vasco, que es nuestra casa y después el ancho mundo. Sin aquiescencias o complicidades con los poderes que han oscurecido ya demasiado la realidad de nuestra tierra. No estamos ni por los mandarines de la cultura posedores de la verdad. Ni por los autojustos. Ni por la charlatanería retórica. Ni formación que se encuentra por encima o por debajo de los poderes de tanda, pero de cualquier forma, fuera de ellos. 

No nos arrogamos representatividad ninguna. Sólo intentamos garantizar la independencia de los hechos que aocntecen, aunque hoy irrite más que nunca que determinadas cosas ocurra. Si el país es conflictivo y se da cuenta de la realidad, no cabe la frivolidad impenitente, ni cargar un costal de injurias sobre la propia evidencia explorada. No caben hoy, en la información, los que ejercen de perdonavidas. No hay una única verdad válida en la tierra.

En este PUNTO Y HORA de nuestra Euskal Herria intentaremos contar lo que acaece en nuestra comunidad natural, convencidos del vacío informativo que ha existido sobre nuestra tierra. Y de lo que ha sido mucho más grave todavía: la manipulación de una realidad latente e incuestionable, a la que aún no se le ha dado cauce. Y es hora urgente de claridad. 

Si no servimos a la información captando su fundo, si no llegamos a transmitir lo que piensa el pueblo, lo que acontece y perturba, lo que logra y estima como valores de su cultura, pensamiento y personalidad, si no servimos de vehículo para una mayor y mejor información, PUNTO Y HORA, habrá merecido morir. Pues no tiene otro objetivo que el rigor y la actualidad.

El Análisis

Punto y Hora: La sombra de ETA en la prensa de la Transición

JF Lamata
El 1 de abril de 1976, en plena Transición española, se publicó en Pamplona el primer número de Punto y Hora de Euskal Herria, una revista semanal dirigida por Mirentxu Purroy Ferrer, que marcó un hito controvertido al convertirse en la primera publicación política abiertamente separatista vasca, alineada con los postulados de ETA Militar. Con una redacción que incluía a periodistas como Emilio Gómez Vega y colaboradores como José María Sánchez Carrión, la revista, presentada como una “Sociedad de Redactores,” reivindicaba la independencia de Euskal Herria—incluyendo Navarra—y defendía a los miembros encarcelados de ETA como “presos políticos” o “gudaris.” Desde su nacimiento, las autoridades sospecharon que Punto y Hora estaba controlada directamente por ETA Militar, lo que la convirtió en un símbolo de las tensiones entre la naciente democracia española y el radicalismo vasco. Su aparición plantea preguntas cruciales sobre los límites de la libertad de prensa en un país que busca reconciliarse tras décadas de dictadura, mientras revela el deseo de ETA de consolidar un brazo mediático que amplifique su discurso y, posiblemente, siente las bases para un periódico afín.
En su editorial fundacional, Punto y Hora se proclamó una publicación independiente, propiedad exclusiva de sus redactores, con el objetivo de garantizar “la información sin coacciones” y servir al “interés público” desde Pamplona, “centro geográfico del País Vasco.” Sin embargo, sus reportajes sobre visitas de figuras como Telesforo Monzón y Francisco Letamendia a presos de ETA, a quienes se refería como “gudaris” en lugar de “terroristas,” dejaron claro su alineamiento con la izquierda abertzale y la rama militar de ETA. Esta postura, en un contexto de creciente violencia—ETA asesinó a 17 personas en 1976, según datos del Ministerio del Interior—, generó alarma en el gobierno de Adolfo Suárez, que veía en la revista un vehículo de propaganda para justificar la lucha armada. La censura no tardó en llegar: el número 10 fue secuestrado por un editorial sobre la amnistía, y en diciembre, Purroy fue encarcelada por un consejo de guerra tras publicar una carta que denunciaba abusos de la Guardia Civil en Lekeitio, aunque fue amnistiada en 1977. El atentado de la Triple A en octubre de 1977, que destruyó su redacción, confirmó los riesgos de su línea editorial, aunque contó el apoyo de PNV y EE evidenciando su arraigo en el nacionalismo vasco.
La aparición de Punto y Hora en el marco de la Transición plantea un desafío para la democracia naciente. Por un lado, su existencia prueba el aperturismo de un gobierno que, bajo Pío Cabanillas, permitió publicaciones críticas, aunque bajo estricta vigilancia. Por otro, su vinculación con ETA Militar—sospechada por la policía y confirmada por el procesamiento de su directora técnica, Mercedes Aizpurúa, en 1982 por apología del terrorismo—sugiere que la revista era un instrumento estratégico para legitimar la violencia etarra y movilizar apoyo social. El presumible deseo de ETA de crear un periódico afín, como Egin (1977), indica una ambición mayor: establecer una red mediática que compita con la prensa estatal (Arriba, Pueblo) y privada (El País, Diario 16), proyectando su narrativa de lucha anticolonial. En este abril de 1976, Punto y Hora no es solo una revista; es un reflejo de las contradicciones de la Transición, donde la libertad de expresión choca con el desafío de una organización terrorista que busca, a través de la prensa, legitimar su guerra contra un Estado que lucha por definirse como democrático.

J. F. Lamata