14 marzo 1997

Nuevo cruce de ataques entre el político Jorge Semprún y el periodista Jaime Campmany (ABC), tras el ‘caso Sogecable’

Hechos

El 14.03.1997, en medio de la polémica por el ‘caso Sogecable’, D. Jaime Campmany volvió a dedicar una columna en ABC a replicar a D. Jorge Semprún, que repitió su acusación de que, durante su etapa en ARRIBA, el Sr. Campmany había pedido ‘sangre’ contra opositores.

Lecturas

LA INFAMIA DE JORGE SEMPRÚN

Jaime Campmany, ABC, 14-3-1997

Infamia sobre infamia. Infamia repetida, reincidente, infamia adrede e infamia de mala fe. Infamia vil, mentira de cobarde. Lo explico. En marzo del año 90, Jorge Semprún, que era entonces ministro de Cultura de Felipe González por la gracia de Mitterrand (Monamí Fransuá), escribió un artículo en el que afirmaba que recordaba aún los editoriales de ARRIBA en los que yo pedía sangre cuando ellos, los comunistas compañeros de Semprún, estaban en la clandestinidad.

En aquella ocasión le dije a Semprún desde esta misma columna que eso era sencillamente una infamia. ‘Ni en su memoria ni en las hemerotecas encontrará usted un solo artículo con mi firma ni un solo editorial que me sea atribuible en su redacción o en su autorización en los que se pida sangre ni crueldad para nadie, ni siquiera para los crueles ni para los sanguinarios. Y les desafiaba de ciudadano a ministro y de hombre a hombre a que muestre alguno de esos editoriales que miente recordar, o una sola rase en la que pueda apoyar su infamia, y de no hacerlo así él recababa yo el derecho de decirle que es usted, no sólo un ministro irresponsable, sino un vulgar difamador.

Aquel desafió público se lo tragó Semprún con un gaznate de tragabolas y así quedó clara su irresponsabilidad de ministro, su condición de difamador y su abdicación de la hombría, de la hombría de bien y de la otra, mucho más simple y común. Ahora, hace un par de días no más, en una conferencia en el Círculo de Lectores, Jorge Semprún repite la infamia y afirma que ‘Jaime Campmany, actual director de la revista ÉPOCA, escribió editoriales en el diario ARRIBA pidiendo sangre para los rojos’. El artículo de ‘la sangre’ lo escribió Semprún en EL PAÍS, presidido por Jesús Polanco y la conferencia de ‘la sangre’ la pronunció bajo la misma presidencia. Polanco no escribe, Polanco no habla, pero Polanco preside, Polanco paga y Polanco apadrina.

Allí estaba también Juan Luis Cebrián Echarri, consejero delegado del Grupo PRISA, edecán de Polanco y compañero de Jorge Semprún en el consejo de administración de Sogecable, hoy bajo investigación judicial por presuntas y pingües irregularidades, y él podría haber informado al conferenciante acerca de los editoriales de ARRIBA, porque ese periódico lo dirigió Xavier de Echarri, su tío, y más tarde Vicente Cebrián, su padre. Lo que yo escribí con mi firma en ese diario y los editoriales que autoricé como director está en las hemerotecas. La sangre sólo está en los ojos y en la saña de Jorge Semprún.
Es triste, pero necesario tener que recordarle al señor Semprún que quien tiene la pluma, las palabras y quizás las manos manchadas de sangre es él. Fue colaborador destacado de Santiago Carrillo, el héroe de la paz de Paracuellos y fue un estalinista activo, secuaz y panegirista de Stalin, el máximo criminal de la Historia, por encima incluso de Hitler. Cantaba así el plañidero enlutado a la muerte de Stalin: ‘Se nos ha muerto el padre, el camarada / se nos ha muerto el Jefe y el Maestro / Capitán de los pueblos, Arquitecto / del Comunismo en obras gigantescas’. Coño, y tan gigantescas. Como que tan sólo en Ucrania se cargó de hambre a treinta millones de seres humanos mientras estaban llenos de trigo los graneros.

En esta conferencia de ahora, ha afirmado el sanguinario entusiasta que ‘es necesario recuperar la memoria histórica para saber a qué atenernos’. En eso tiene toda la razón. Hay que recuperar la memoria histórica para conocer con cuántos semprunes y con qué calaña de fanáticos seguidores del estalinismo, de las purgas, de las checas, de los destierros en Siberia, de los asesinatos de discrepantes y del a dictadura despótica tenemos que construir la convivencia pacífica de los españoles y el desarrollo de nuestra democracia. Dice también que no me va a llevar a los tribunales por esos curiosos editoriales que siempre cita y que nunc enseña, pero eso de llevarme a los tribunales, con los autos que en este momento le llueven encima, parece un chascarrillo. Si le queda una viruta de hombría, que me lleve. ¿A que no me lleva?

Jaime Campmany