19 julio 2006
El documental está producido por la productora 'El Mundo-TV' de Melchor Miralles, perteneciente al grupo dirigido por el propio Pedro J. Ramírez
Pedro J. Ramírez dialoga con el etarra que quiso asesinarle en el documental sobre periodistas víctimas de ETA de TELEMADRID
Hechos
El 17.07.2006 el canal TELEMADRID emitió el documental ‘La prensa como objetivo’ dentro de la la serie ‘Víctimas: Historia de ETA’
Lecturas
A parte de la entrevista de D. Pedro J. Ramírez al asesino arrepentido Juan Manuel Soares Gamboa en la que el etarra explicaba como tuvo al director de EL MUNDO en el punto de mira (en la que el ex etarra le explicó que él era para ETA un posible ‘ejecutable’, ante lo que el periodista Sr. Ramírez replicó con un ‘¿por qué coño sigues usando la expresión ejecutable?’), en el programa participaron otros periodistas amenazados por los asesinos de ETA.
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OTROS PERIODISTAS QUE PARTICIPARON EN EL DOCUMENTAL DE EL MUNDO TV PARA TELEMADRID
19 Julio 2006
LO LLAMABAN 'EJECUCIÓN'
Atravieso enfrentados estados de ánimo durante el reportaje de la serie Víctimas: La historia de ETA, que emite TELEMADRID en la noche de los lunes. No me gusta nada el tono ni el discurso de la enfática voz en off que ejerce de narradora y que menosprecia de forma burda y manipuladora el sentido crítico del receptor.Por mi parte tengo claro que no soy Einstein, pero eso no equivale a que sea gilipollas. También me pone de los nervios la utilización de la más que discutible cámara oculta, recurso ancestralmente turbio que pretende justificarse con el axioma tan negociable como cínico de que el fin justifica los medios. La escenificación de los atentados tampoco me convence, suena a cine-verité cutre con pretensiones de impacto inmediato.
Pero el tema es heavy, y algunos testimonios de los que tuvieron al monstruo rondándoles por el cogote o sobrevivieron a sus dentelladas poseen capacidad para ponerte los pelos de punta, para que te identifiques hasta donde puedes (nadie puede sentir con idéntica intensidad la experiencia extrema del otro, el miedo, la estupefacción y el desgarro físico y psíquico de la víctima) con el espanto que sufrieron. Paradójicamente, gente que no pudo esquivar las balas o el bombazo, mutilada y con cicatrices, como los periodistas Gorka Landáburu y José Javier Uranga, describen aquellas barbaridades sin una gota de énfasis, sin intento de dramatización, sin exhibir heroicidad. Tal vez por ello me impresionan más, esa descripción lineal de los supervivientes tiene el efecto de un mazazo emocional. Uranga cuenta que le destinaron 27 balas, muestra por donde entraron, recuerda al hombre que inicialmente le taladró con una metralleta y a la señora que pretendió rematarle. Su voz no se altera al contarlo: «Mi vida no cambió, sólo tuve que soportar la incomodidad de ir acompañado. Seguí escribiendo lo que me dio la gana, sin prejuicio ni coacción. Si me hubiera ido de Navarra, ETA habría conseguido lo que quería. Es como si me hubiera matado, y dije, ¡pues no!».
Y falta el plato más fuerte, el careo entre Pedro J. Ramírez y Soares Gamboa, el antiguo compañero de colegio que planificó su asesinato, el descerebrado «arrepentido» que le cuenta los detalles de aquel asesinato frustrado. Y tengo la sensación de que esta vez Ramírez no vende imagen, de que se olvida de la cámara, de que el interrogador es un hombre consecuentemente atónito, horrorizado y furioso. Dudo que se trate de la actuación de un actor superdotado. De su boca salen tres humanos aunque nada televisivos, «¡joder!», quiere ver los ojos del disfrazado, le da la mano (yo no podría), machaca dialécticamente a ese ser grotesco que tuvo en sus manos el temible poder de arrancarle la vida. Ningún parecido en los verdugos con los inquietantes y letales villanos de las buenas películas. Pero gente con el nivel mental de este tipo se cargó a mil personas. La entrevista me deja nota, me da que pensar. Sigo en ello, obsesionado un día más tarde.
Carlos Boyero