14 abril 1997
Pedro J. Ramírez difunde que Felipe González pudo cobrar comisiones millonarias de Javier de la Rosa
Hechos
El 14 de abril de 1997 el diario EL MUNDO publicó una información que vinculaba al expresidente Felipe González Márquez con un presunto cobro de comisiones.
14 Abril 1997
De la Rosa aseguró por escrito que González cobró 14 millones de dólares de una comisión
Javier de la Rosa aseguró por escrito en 1995, en una carta enviada desde la cárcel al entonces ministro de Justica e Interior Juan Alberto Belloch, que Felipe González había cobrado 14 millones de dólares «americanos» de una comisión. Al cambio de la época, equivalían a 1.700 millones de pesetas. EL MUNDO publica hoy una copia de la espístola carcelaria de De la Rosa, en la que no deja títere con cabeza.
El 12 de febrero de 1995, un día antes de que abandonara la cárcel barcelonesa de Can Brians, el financiero catalán envió una carta al entonces ministro de Justicia e Interior, Juan Alberto Belloch, para que éste se interesara por su caso. Sin embargo, lo que realmente pretendía De la Rosa era chantajear al Gobierno socialista con la información que tenía en su poder y que, según él, afectaba a las finanzas de González.
De la Rosa desvelaba en su misiva, entre otras acusaciones, que «FG sabe de sobras que 14 americanos se los metió» (sic).
La carta, escrita de puño y letra por el propio financiero, fue enviada por fax al despacho de su amigo Alfredo Fraile para que éste la hiciera llegar a La Moncloa. Fraile se la mandó a Belloch, por medio del comisario de Información Gabriel Fuentes. Las personas que conocen la operación aseguran que Belloch facilitó una copia de la carta al ex presidente González.
INICIALES DE FELIPE.- «FG» son las inciciales de Felipe González y los «14 americanos» corresponden, a los 1.700 millones de pesetas que De la Rosa en más de una ocasión ha asegurado en privado que el ex presidente del Gobierno recibió a través de su amigo Sarasola.
Las palabras de Javier de la Rosa dedicadas al ex presidente González están precedidas por la anotación: «Cosas históricas y en el extranjero». Sin embargo, el empresario catalán, que utiliza en todo momento un lenguaje críptico, no aporta más detalles.
La cantidad de 1.700 millones (los 14 «americanos» traducidos a pesetas), según ha confesado De la Rosa a amigos y socios financieros, entre ellos Manuel Prado, forman parte de la comisión percibida por Sarasola en 1988 por la operación de Cartera Central.
Esa operación consistió en el acuerdo de permuta de la mitad de las acciones del Banco Central en poder de KIO, valoradas en 42.000 millones de pesetas, por el solar de la plaza Castilla de Madrid, propiedad de Sarasola y de los Albertos, donde después la sociedad kuwaití edificó las torres que llevan su mismo nombre.
Como parte del acuerdo económico, el 1 de junio de 1988, la sociedad Koolmes (propiedad de KIO, cuyo hombre en España era De la Rosa) transfirió 27,4 millones de dólares al Republic National Bank de Nueva York. La entidad bancaria de Manhattan los desvió después a otra cuenta del banco Merrill Lynch en Ginebra (Suiza), que estaba a nombre de Enrique Sarasola, y que era el mismo banco en el que había ingresado las comisiones del metro de Medellín.
EL GRAN MUÑIDOR.- Sarasola fue el gran muñidor del acuerdo que tuvo por objeto españolizar la participación de KIO en el Banco Central. Al final, sólo por la operación de Cartera Central, Sarasola obtuvo 8.000 millones de pesetas en un triple concepto de vendedor de acciones, diseñador financiero y comisionista. Tal como reveló EL MUNDO el año pasado, González apadrinó personalmente la operación durante una cena en casa de Sarasola.
Tras salir de la cárcel, poco después del envío de su epístola amenazadora, Javier de la Rosa se reunió con diversas personas del mundo empresarial y político, incluidos varios periodistas, a quienes relató el pago a Sarasola y la historia de los «14 americanos». También se jactó de los resultados que había logrado con el envío de la carta a Belloch.
El financiero catalán aseguró incluso que disponía del número de la subcuenta de Sarasola, en la que según él se había ingresado el dinero a González. De la Rosa se jactaba de disponer de pruebas para destruir a González, así como a Pujol y a Roca.
Pese a haber anunciado que iba a aportar las requeridas pruebas, De la Rosa nunca llegó a facilitar tan importantes datos. El financiero catalán amagó, pero no remató sus amenazas porque en la trastienda estaba negociando un pacto con el anterior Gobierno, muy beneficioso para sus intereses.
El primero en reaccionar fue Belloch que envió a Fuentes a Barcelona para que se entrevistara con De la Rosa cuando éste dejó la cárcel tras depositar una fianza de mil millones de pesetas.
De la Rosa pidió a Belloch que el Gobierno presionara a los kuwaitíes para que retiraran la demanda de KIO en la Corte Comercial de Londres que podía llevar al bloqueo de sus cuentas en el extranjero.
La presunta relación económica entre González y Sarasola no fue exclusivamente mencionada por De la Rosa. Meses después, en enero de 1996, José Luis de Vilallonga manifestó que Sarasola le había confesado en su domicilio de París que el ex presidente Felipe González tenía «una pequeña fortuna» en Colombia, a cuenta del metro de Medellín.
El escritor aseguró que la confesión fue hecha a las tres de la madrugada cuando Sarasola «tenía bastantes copas» y «estaba a punto de cantar boleros».
INSULTOS A PUJOL.- En la carta que hizo llegar a Belloch desde la cárcel, De la Rosa se muestra contundente con algunos políticos de su entorno catalán. El empresario emplea un lenguaje amenazante y despectivo cuando se refiere a Jordi Pujol y Miquel Roca, a quienes aseguró haber financiado. También se muestra contrariado porque el Rey Juan Carlos no había contestado a los requerimientos de su esposa Mercedes Misol cuando él estaba entre rejas.
De la Rosa destaca el «cabreo de Mer (su esposa Mercedes Misol) con K (king, que en inglés es rey) por no haber sido recibida en Noviembre». El financiero se queja de que «F. Al. (Fernando Almansa, jefe de la Casa Real) dijo que enviaría a alguien a verla, porque K estaba muy «ocupado»» y hace notar su malestar: «Cuando K ha necesitado y querido algo lo ha tenido siempre, en grandes favores por mi parte».
Sobre el presidente de la Generalitat, a quien llama de forma peyorativa «Patufet» (que en castellano se traduce por chiquitín o pulgarcito), afirma: «Está acabado si hablo y la coalición con el Gobierno también». El financiero catalán se refiere al apoyo que el líder de CiU estaba dando en aquellas fechas al PSOE.
De la Rosa recrimina a Pujol: «Me ha estado engañando desde Octubre (yo le avisé en junio 94 que intentaban lo que ha ocurrido) diciendo que habla con unos y con otros. NO HA HECHO NADA» (sic) y le responsabiliza de la situación por la que estaba atravesando: «Y es por su culpa por lo que estoy donde estoy. Desveló los telegramas para protegerse él, mostrando que había…en peligro».
Cuando recrimina a Pujol del incidente de los telegramas, De la Rosa se refiere a los que su mujer había remitido a la Casa Real, Palacio de la Generalitat y sede del PP, en Madrid. En el telegrama a Pujol, el financiero le amenazaba: «No voy a seguir callando. Ateneos a las consecuencias».
De la Rosa, en la carta que publica EL MUNDO, también dedica un duro apartado a Miquel Roca, de quien dice: «M. Roc está acabado, está cagado de miedo e intenta ganar tiempo».
En los siguientes renglones, De la Rosa se muestra igual de amenazante: «Yo estoy cabreado, pero tranquilo, cuanto más tiempo aquí peor para ellos. Peor será a la salida». El financiero insiste ante su amigo Fraile de su no culpabilidad: «Soy inocente, y lo han constatado todos los abogados».
De la Rosa acaba la misiva con una consigna a Fraile: «Hay que empezar a insinuar».
14 Abril 1997
De la Rosa, González y «los catorce americanos»
El documento que hoy reproduce EL MUNDO tiene un doble significado e interés periodístico. Primero, en función de su contenido. Segundo, por el camino que ha recorrido.
Pocos podrán dudar, dentro del ingenuo juego de claves incluido en el documento, que F.G. es Felipe González. Ahora bien, ¿por qué afirmamos que cuando el papel habla de «catorce americanos» se refiere a catorce millones de dólares? Muy sencillo: porque el propio Javier de la Rosa lo explicó así, tras salir de la cárcel, a un número significativo de personas, incluidos varios miembros de la redacción de EL MUNDO. Lo que hoy podemos demostrar es que, además de lanzar oralmente una muy grave acusación contra el entonces todavía jefe del Gobierno, previamente la había puesto por escrito.
Hay suficientes antecedentes de cómo De la Rosa es capaz de decir una cosa un día y negarla al siguiente, pero el informe caligráfico que adjuntamos es inequívoco en la identificación de su letra. Eso pulveriza cualquier riesgo de desmentido.
La versión del financiero, que hoy adquiere este soporte documental, es que cuando llegó el momento de que KIO hiciera efectiva a Enrique Sarasola una comisión de 3.300 millones de pesetas -27,4 millones de dólares del año 1988- por la llamada Operación Cartera Central, transfiriendo el dinero a una cuenta de Merril Lynch en Suiza, el amigo de González aseguró que la mitad iba destinada a una subcuenta propiedad del presidente. De la Rosa ha prometido en más de una ocasión revelar todos los detalles de esa subcuenta, pero siempre ha preferido amagar y no dar.
«OPERACION CARTERA CENTRAL».- ¿Es verosímil su relato? La credibilidad de De la Rosa es más que relativa, pero cuando comunicó a la Justicia británica que Manuel Prado había cobrado tales y tales cantidades, en tales y tales cuentas, o que el destinatario de estos 27,4 millones de dólares era Sarasola, las pesquisas sumariales demostraron que decía la verdad.
Por otra parte, al margen de que «se metiera» o no los «catorce americanos», la intervención de González en la operación Cartera Central -con gran diferencia, el mayor pelotazo en sus años de Gobierno- fue como mínimo muy imprudente. EL MUNDO ya reveló a comienzos del año pasado cómo el 11 de septiembre de 1987 el presidente asisitió a una cena con Sarasola, Alvarez Alonso y los Albertos en la que estimuló a estos últimos a aceptar el canje de sus terrenos de la plaza de Castilla por la mitad de las acciones del Banco Central que controlaba KIO. A raíz de ese acuerdo, el solar fue recalificado por el Ayuntamiento, los Albertos obtuvieron una fabulosa plusvalía, KIO vio desaparecer los vetos políticos que bloqueaban su expansión en España, hasta el punto de que simples funcionarios de Economía aprobaron inversiones que debían haber pasado por el Consejo de Ministros -¿qué fue por cierto de la tan cacareada querrella del PP?- y Sarasola se llevó nada menos que 8.000 millones en concepto de reventa de acciones, servicios de gestión y la mencionada comisión.
Es incomprensible que la Fiscalía Anticorrupción no haya emprendido aún una investigación seria ni sobre este asunto, ni sobre las comisiones por el Metro de Medellín -que incluyeron dinero público y también fueron propiciadas por González cuando recibió en La Moncloa a los constructores que habían de pagar a Sarasola-, ni sobre las comisiones presuntamente cobradas por el amigo del presidente con cargo a la reprivatización de Galerías. Tal como se demostró en el llamado caso de la maleta negra -detectado, pero no probado por la Audiencia Nacional- Sarasola ha resultado ser hasta ahora más listo que nuestros jueces y fiscales.
«UNA PEQUEÑA FORTUNA».- De su locuacidad también hay testimonio reiterado. En claro paralelismo con el relato de Javier de la Rosa, aunque sin la menor relación con él, José Luis de Vilallonga describió en su día cómo había oído a Sarasola jactarse de haber labrado «una pequeña fortuna» a González. Nadie puede descartar, desde luego, que en uno y otro caso se tratara de fanfarronadas muy del estilo de la casa.
Pero, como decíamos al principio, tan importante o incluso más que el contenido de este documento, emitido desde la cárcel de Can Brians, fue su recorrido. De la Rosa se lo envió a su amigo Alfredo Fraile y éste se lo hizo llegar al biministro Belloch a través del policía Gabriel Fuentes, quien a su vez recibió el encargo de su superior de reunirse con De la Rosa apenas éste salió de prisión.
¿Cuál fue el contenido de las reiteradas conversaciones del financiero hundido con el enviado de Belloch, casi en las mismas fechas en que el biministro negociaba personalmente con el abogado de Mario Conde? ¿Cuánta información proporcionó De la Rosa al hábil policía sobre Jordi Pujol (Patufet en el documento) y Miquel Roca, de quienes dice que «están acabados» si él habla? ¿En qué medida condicionó y sigue condicionando esa información la política de CiU en todo lo que atañe a sus relaciones con González? ¿Hasta qué punto esa entrega de cromos proporcionó a De la Rosa ventajas procesales y, sobre todo, ingresos económicos que le permiten vivir opulentamente pese a tener todos sus bienes embargados? ¿De qué forma empleó Belloch esos y otros conocimientos similares para consolidar su posición dentro del PSOE? ¿Por qué ni él ni el policía Fuentes remitieron este documento ni a la Fiscalía ni a los instructores de los sumarios contra De la Rosa?
Estas y otras preguntas deberían ser contestadas cuanto antes, tanto en sede judicial como parlamentaria.
15 Abril 1997
Democracia y escandalomania
16 Abril 1997
Dos tipos de periodismo frente a la corrupción
Hay dos maneras de enfrentarse a la corrupción y los abusos del poder: investigarlos, como hace EL MUNDO, o enterrarlos con o sin su correspondiente rebozo tipográfico, como hace El País. Enrique Sarasola, amigo de González, ganó más de 8.000 millones en la operación de Cartera Central mediante la venta de acciones y el cobro de diversas comisiones. De todo ello hay constancia. Se sabe incluso el número de la cuenta de Merrill Lynch en Suiza a través de la que ingresó en 1988 27 millones de dólares (3.500 millones de pesetas). Pero nada de esto le parece importante a El País. Prefiere arremeter contra el mensajero, al que acusa del grave pecado de haber omitido dos líneas irrelevantes de la nota manuscrita del financiero catalán. De dicha omisión involuntaria el periódico de Polanco deduce que hay una conspiración contra la democracia en la que participa -¿cómo no?- EL MUNDO. Pero no le parecen dignos de mención los suculentos beneficios que se llevó Sarasola ni el apadrinamiento de la operación por parte de González ni la barra libre obtenida por KIO de resultas de la carambola. Eso no es lo relevante para quienes siempre han eludido informar sobre las andanzas del amigo del ex presidente. Como tampoco se molestan en cuestionar la ridícula versión de Javier de la Rosa de que Patufet es Prenafeta. ¿Cómo Prenafeta, que dimitió cinco años antes, podía ser tan importante para cargarse el Gobierno de coalición entre CiU y el PSOE? El País se cree lo que le interesa. Y le interesa más creer en una metafísica conspiración que investigar las pruebas palpables del enriquecimiento personal de un amigo íntimo de González. La cuestión no es que EL MUNDO ignorase la tercera edición del libro del megalómano Ekáizer sino por qué El País ha silenciado los turbios negocios de Sarasola y el amparo que siempre le ha prestado González. Si la Fiscalía Anticorrupción quiere justificar su nombre, puede solicitar la colaboración de la Justicia suiza para saber quien está detrás de la cuenta de Merrill Lynch. Lo insólito es que ningún juez haya indagado el destino de esos millones, pagados por KIO como peaje para participar en el Central y hacer negocios en España.