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Premio Planeta 2005 – Mari Pau Janer obtiene la victoria en un año marcado por las críticas de Juan Marsé

HECHOS

Fue noticia el 15 de octubre de 2005.

El peruano Jaime Bayly quedó entre los finalistas.

La dimisión de D. Juan Marsé como miembro de los Jurados del Premio Planeta volvía a poner sombras sobre estos premios y la posibilidad de que estén amañados por el editor, D. José Manuel Lara Bosch, como antes por su padre D. José Manuel Lara Hernández.

15 Octubre 2005

Maria de la Pau Janer obtiene el Planeta en una polémica edición

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Jaime Bayly, finalista de un premio marcado por las críticas de Marsé

Maria de la Pau Janer y Jayme Baily se convirtieron ayer en la ganadora y el finalista del Premio Planeta, dotado con 601.000 euros, en una edición con polémica. Janer, a quien en 2002 le tocó el papel de secundaria tras Alfredo Bryce Echenique, recogió anoche el galardón por una obra presentada como Si fuera esta noche y bajo el seudónimo Camille Claudel. Lo hizo con el mar de fondo provocado por las opiniones del miembro del jurado Juan Marsé, que el viernes criticó la baja calidad de las obras finalistas.

La entrega del 54º Premio Planeta, presidida por los duques de Palma y celebrada anoche en el Palacio de Congresos de Cataluña, ha sido una de las más tensas. El viernes, varios de los miembros del jurado manifestaron su opinión sobre la baja calidad literaria de las 10 obras finalistas. El escritor Juan Marsé fue el más explícito: «Mi opinión personal es que el nivel es bajo y en algunos tramos incluso subterráneo». Rosa Regàs y Carmen Posadas también hicieron público algún que otro pero a las novelas finalistas. Para Regàs, 2005 «no ha sido el año en que la calidad haya sido más alta». Y Posadas expresó su acuerdo con la «opinión general» y, refiriéndose a algunas de las obras finalistas, dijo no tener ningún interés por la «novela sentimental», de la que no se consideró «buena juez». Además de Marsé, Regàs y Posadas, el jurado del Planeta lo forman Alberto Blecua, Pere Gimferrer, Antonio Prieto, Carlos Pujol y Manuel Lombardero en calidad de secretario.

Precisamente de sentimental cabe calificar, en buena parte, la obra de Maria de la Pau Janer (Palma de Mallorca, 1966). «Me gusta tratar el carácter de los personajes, las relaciones que se establecen entre ellos, los conflictos, amores y desamores. Me interesa la vida de la gente, todo lo que les pasa, ver sus sentimientos. El mayor elogio que me pueden hacer es que sé expresar los sentimientos con palabras», dijo tras quedar finalista del Premio Planeta en 2002. Por lo que dice la sinopsis de la novela de Janer, facilitada por la editorial Planeta junto a la del resto de finalistas, Si fuera esta noche sigue en la misma línea: «Un conocido abogado que está esperando su vuelo en un aeropuerto para volver a su casa, debido a una circunstancia casual recuerda un antiguo amor de 10 años atrás, y en el último momento cambia sus planes y también el rumbo de su vida», reza el resumen.

Carrera con premios

Hija del también escritor Gabriel Janer Manila y habitual de los medios de comunicación de Cataluña y las islas Baleares, Maria de la Pau Janer es autora de ocho novelas. Hizo su debut en 1988 con Els ulls d’ahir (Los ojos de ayer). Antes de ser finalista del Planeta en 2002 por la novela Las mujeres que hay en mí, su primer intento de entrar en el mercado en lengua castellana, se había llevado todos —o casi todos— los premios del territorio catalán.

El trayecto empezó en 1989 con el Premio Andròmina de la editorial valenciana Tres i Quatre, que se llevó por su segunda novela, L’hora dels eclipsis (La hora de los eclipses); en 1993 fue el Sant Joan, publicado por Edicions 62, por Màrmara; en 1995, el Carlemany, por entonces coeditado por Columna y Proa, por Natura d’anguila (Naturaleza de anguila), y en 1999, el Ramon Llull, de Planeta, por Lola. Del Premio Sant Jordi, uno de los galardones con más solera de la narrativa en catalán, se quedó a las puertas en 1997 por Orient, Occident. Dues històries d’amor (Oriente, Occidente. Dos historias de amor) a pesar de que había sonado con insistencia en los días anteriores a la concesión del premio como la más que probable ganadora. Ese año lo ganó Alfred Bosch, otro escritor de la órbita de Grupo Planeta. Las dos últimas novelas están traducidas al castellano, al igual que Ets la meva vida, ets la meva mort (Eres mi vida, eres mi muerte), del año 2001.

Doctora en Filología Catalana y profesora de la Universidad de las Islas Baleares, otra de las facetas de Maria de la Pau Janer es la de compiladora de rondalles mallorquinas.

Un escritor irreverente

El finalista, Jaime Bayly (Lima, Perú, 1965), se presentó al Premio Planeta 2005 con el seudónimo El Intruso Sentimental. Bayly irrumpió con fuerza en la escena literaria a mediados de los años noventa con novelas que causaron tanto revuelo en su país, y también en España, por su descripción del ambiente gay y de la noche limeña como No se lo digas a nadie y La noche es virgen, con la que obtuvo el Premio Herralde en 1997.

De Ya no sé quién eres, título con que Bayly concurrió al Planeta, se sabe que cuenta la historia de un escritor que vive solo. Metido dentro de una casa de la que nadie se ocupa, el escritor contrata a una asistenta. Ella contribuye a cambiar el curso de la vida del protagonista. La dotación del Premio Planeta para la obra finalista es de 150.250 euros.

De Jaime Bayly, un autor con un importante éxito de ventas, se ha dicho que es irreverente, osado y provocador. Periodista de televisión, además de escritor, en la mayoría de sus obras ha utilizado un fuerte componente autobiográfico, reconocido por él mismo, aunque le gusta más hablar de «autodestrucción» que de «autobiografía». Ha jugado a menudo con la ambigüedad sexual de unos personajes que viven experiencias al límite descritas a veces con humor descarnado y otras con ternura. «Un escritor tiene que ser revulsivo, sedicioso, aunque luego mucha gente se escandalice», ha afirmado Bayly en alguna ocasión.

La trayectoria del escritor peruano, que empezó a publicar en Seix Barral para pasar luego a la editorial Anagrama y fichar por Planeta en el año 2002, cuenta además con las obras Yo amo a mi mami (1999), Los amigos que perdí (2000), Aquí no hay poesía (2001), La mujer de mi hermano (2002) y El huracán lleva tu nombre (2004), una novela de la que él mismo dijo que significaba un regreso a la temática de sus primeros libros. Precisamente, Planeta recuperó en 2004 dos de sus primeras obras, No se lo digas a nadie y Los últimos días de La Prensa.

18 Octubre 2005

Juan Marsé dimite del jurado del Premio Planeta

Rosa Mora

"Mi derecho a buscar y decir la verdad está por encima del relumbrón del premio"

Ésta es la crónica de una dimisión anunciada. Juan Marsé explica en un comunicado emitido ayer que ya en 2004, después de la concesión del 53º Premio Planeta, planteó una serie de cambios en el sistema de elección y evaluación de las novelas finalistas. No ha sido atendida y ha dimitido. Dos días después del fallo de la 54º edición ha presentado su dimisión. «Mi derecho a buscar y decir la verdad, mi verdad, está por encima del relumbrón y el festejo del mejor premio del mundo», declaró ayer.

«Sé, además, que mintiendo no le hago ningún bien ni a los premiados ni a mis compañeros del jurado. Y tampoco me parece ético, en las ruedas de prensa o de cara al público, cuando se me pregunta, dar la callada por respuesta. De todo eso le hablé al editor José Manuel Lara Bosch en las dos reuniones previas al fallo de este año, pero no han sido atendidas».

Fue precisamente una pregunta en la conferencia de prensa del pasado viernes, el día antes de la concesión del premio, la que desató la polémica. Un periodista requirió su opinión sobre el nivel de calidad de las novelas presentadas. Marsé respondió contundente: «Mi opinión personal es que el nivel es bajo y en algunos tramos subterráneo. Alguna novela promete, apunta alto en sus planteamientos, pero se acaba frustrando. El premio no puede quedar desierto, así que nos vemos obligados a votar la menos mala».

Ganó el Planeta la escritora mallorquina Maria de la Pau Janer, con Pasiones romanas, y quedó finalista el peruano Jaime Bayly, con Y de repente un ángel.

«Ocurre, simplemente, que estoy un poco harto de novelas insustanciales con premio o sin premio que ocupan tanto espacio mediático en perjuicio de otras con empeños más honestos y ambiciosos, pero que apenas les dejan espacio para respirar», declaró ayer Marsé. «Sé que esto tiene difícil arreglo, que así está el mercado, que el cotarro cultural y mediático es el que tenemos y que responde a intereses y bolsillos que tienen muy poco que ver con la literatura según yo la entiendo, pero en cualquier caso yo me niego a dar gato por liebre, ya sea como miembro del jurado en un concurso literario o como simple ciudadano al que le piden una opinión sobre un libro».

«Poco después de la concesión del Premio Planeta 2004 y de mi primera experiencia en el mismo como miembro del jurado, solicité una reunión con el editor José Manuel Lara Bosch, promotor del premio, y con Manuel Lombardero, secretario del jurado. En esa reunión expuse algunas sugerencias sobre posibles cambios en el proceso de selección y evaluación de las obras destinadas a pasar a la final, además de otras cuestiones relativas al jurado y a sus atribuciones ante los medios de comunicación, que no considero necesario detallar aquí», afirma Marsé en el comunicado. «Dejé claro al editor de Planeta que si tales sugerencias no eran atendidas con vistas al siguiente concurso, presentaría mi dimisión como miembro del jurado».

«Considero que tales sugerencias han sido atendidas sólo parcialmente y no me satisfacen, por lo que renuncio desde hoy [por ayer] a mi puesto, a mis competencias como jurado del Premio Planeta, y así lo he comunicado al editor José Manuel Lara y al secretario del jurado, Manuel Lombardero», concluye.

«Aunque sólo fuera por respeto a los demás autores que se han presentado al concurso y no han llegado a la final, yo no podía celebrar las novelas ganadoras, que considero fallidas. Los autores, que esta vez no han llegado, también merecen la verdad. Lamento ser el malo de la peli, y reitero mi respeto a los compañeros del jurado, a su secretario y a su portavoz, pero creo que lo mejor es que me retire», declaró a este diario.

«En cuanto a la novela ganadora y a la finalista, no dudo de las buenas intenciones de la autora y el autor respectivos y les deseo lo mejor en próximas aventuras, pero las buenas intenciones no tienen nada que ver con la buena literatura».

«Me gustaría añadir lo que ya dije una vez en relación con la literatura de ficción, tal como hoy se nos vende, en tanto premios: que es una literatura que se asemeja cada vez más al mundo del prêt-á-porter, y que el verdadero reto para un escritor actual no es entrar en ese mundo, sino ser capaz de rechazarlo».

19 Octubre 2005

Las dimisiones en los jurados ponen en entredicho los grandes premios literarios

Antonio Lucas

Suma y sigue. Juan Marsé deja el jurado del premio Planeta y Caballero Bonald anuncia que se marcha del Torrevieja.Los dos galardones literarios mejor dotados del territorio español viven días agitados. Aunque pocos se atreven a cuestionar públicamente su fórmula, algunas voces denuncian que esconden más afán comercial que cultural.

Como previsible corolario de la dura polémica surgida en la LVI edición del Premio Planeta, que encumbró a la mallorquina Maria de la Pau Janer, con Pasiones romanas, y al peruano Jaime Bayly, como finalista, con Y de repente un ángel, Juan Marsé ha decidido abandonar el jurado, una decisión que no trascendió hasta ayer, aunque el escritor asegura que la comunicó a la organización antes de hacerse público el fallo.

En esta misma estela de abandonos y renuncias, Caballero Bonald, quien protagonizó semanas atrás una polémica de parecida envergadura como presidente del jurado del Premio Torrevieja de novela, el segundo más importante tras el Planeta en cuanto a montante en juego, reconoció ayer que él también había decidido no continuar como jurado del galardón. La coincidencia entre ambas deserciones plantea serias dudas sobre la legitimidad y viabilidad de los grandes premios literarios, gestionados por los principales grupos editoriales: Grupo Planeta y Random House Mondadori.

«Por mis declaraciones del día de la presentación del fallo, quedó claro que no iba a ser en más ocasiones miembro del jurado, a pesar del trato correctísimo de los organizadores», declaró ayer Caballero Bonald. Y añadió para eliminar dudas: «Dije, extraliterariamente, que la novela ganadora me parecía ideológicamente inaceptable.Y, con estas declaraciones, dije también, aunque no de manera explícita, que no seguiría en el premio».

Marsé, por su parte, con un escueto comunicado de prensa fechado el pasado día 15, dejó claro que había pactado con el editor José Manuel Lara Bosch su dimisión antes del fallo, en caso de que en esta edición del galardón no se atendieran sus sugerencias, que «tienen que ver con la mecánica del concurso, con la selección y evaluación de las obras, y con la dimensión mediática, entre otras cosas», comentó ayer el escritor. «No puedo añadir más a lo que digo en este comunicado por respeto a José Manuel Lara Bosch, al que enseñé este documento antes de hacerlo público, y por respeto a las opiniones de los demás miembros del jurado», dijo.

Lo cierto es que su gesto, sumado al de Caballero Bonald, pone en duda la validez del modelo de gran premio literario. «No puedo opinar sobre los demás, porque sólo participé como jurado en el Sonrisa Vertical, desde su fundación hasta que acabó, y funcionó como la seda, tanto en su mecánica operativa como en cuanto a lo literario», concluyó Marsé.

Por la otra banda, Patrici Tixis, director de comunicación de Planeta, rehusó, enfático, hacer ningún tipo de declaraciones.«Siempre hemos respetado las decisiones del jurado, y por eso no hay nada más que decir». Quienes sí hablaron, aunque con grandes reservas, fueron algunos compañeros del escritor en la tarea de juzgar las obras.

«La actitud de Marsé me parece respetable y consecuente, porque ya había denunciado una serie de cosas que no le gustaron en la edición anterior, pero yo no voy a dimitir», afirmó Rosa Regàs.«Jamás he recibido ninguna presión, ni siquiera sugerencia, para dar el premio a alguna novela», aclaró la directora de la Biblioteca Nacional. Y sobre las discrepancias del fallo que generaron la polémica, puntualizó: «La discusión es sana y necesaria, pero se ha utilizado como escándalo periodístico. Este es un país de más de 400 premios literarios y no se puede pretender que de todos salga una buena novela», zanjó Regàs.

Sin embargo, el Planeta no es un premio más, sino el de mayor dotación en español.

Para Carlos Pujol, el gesto de Marsé «no afecta en absoluto al premio» porque «la literatura no es un ciencia exacta y siete miembros del jurado significan siete puntos de vista diferentes».En sus 32 años de jurado del Planeta, Pujol ha conocido «mayores polémicas que no han trascendido. Este es un incidente más», aclaró. «Marsé es un excelente escritor, de una gran integridad moral. Respeto su opinión, aunque no la comparto», concluyó en la misma tónica.

A Pere Gimferrer no le pilló por sorpresa la dimisión de su colega, pero se negó a «juzgar una decisión personal que no tiene por qué repercutir» en el galardón, afirmó el editor, que lleva «diez años apostando por la obra de Bayly y de Maria de la Pau Janer».

Pero, pese a los paños, con dos dimisiones casi simultáneas, el modelo del gran premio literario mediático resulta, al menos, cuestionado.

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APOYO

Mecanismos turbios

«El que con niños se acuesta meado se levanta», es la vieja lección que saca en limpio Ignacio Echevarría. «Con el gesto de Marsé y el desplante de Caballero Bonald, algo se resquebraja en la impudicia de los grandes premios literarios», enfatiza el crítico literario en relación al problema que define sin pelos en la lengua como «agotamiento de una fórmula». Echevarría denuncia lo que todos saben pero nadie osa decir: «Los grandes premios son tinglados comerciales que siguen en pie gracias a la complicidad de gente tan respetable como Gimferrer, Pujol o Marsé, que ofrecen su prestigio como tapadera a la operación de marketing». En esa misma línea se pronuncia Javier Marías. «No acabo de entender que algunos escritores participen en este tipo de historias», señala, porque estos galardones «casi nunca son claros» y «la turbiedad en sus mecanismos y métodos se da por descontada».Para el escritor, la solución es tajante: «Lo más sensato es no participar. Cuando se discute sobre libros invotables, el sentimiento de ridículo supera la complicidad», añade Echevarría.

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