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Premio Planeta 2019 – Javier Cercas con ‘Terra Alta’

HECHOS

Fue noticia el 16 de octubre de 2019.

16 Octubre 2009

Planeta premia a Javier Cercas y Manuel Vilas, dos ‘galácticos’ de su rival, Penguin Random House

Laura Fernández

Javier Cercas obtiene el galardón mejor dotado de las letras españolas, concedido por el sello barcelonés. Manuel Vilas, otro peso pesado del catálogo de la competidora, queda finalista

Se alinearon los astros literarios y, como si el caballero andante hubiera parpadeado y descubierto que, después de todo, los molinos seguían siendo gigantes, el Premio Planeta viró hacia lo puramente literario y cazó a dos pesos pesados de la narrativa española contemporánea que pocos en el sector habrían esperado ver protagonizar semejante puesta de largo: Javier Cercas y Manuel Vilas. Inesperados ganador y finalista, respectivamente, del galardón mejor dotado de las letras españolas (601.000 euros para el primero y 150.250 para el segundo), abandonan ambos al mismo tiempo la multinacional Penguin Random House; el primero militaba en Literatura Random House, el segundo, en Alfaguara. Se trata de un duro golpe al grupo con el que Planeta compite por la hegemonía mundial en lo que a la edición en español se refiere.

Terra Alta es el título de la novela ganadora, una historia de plena actualidad, con el telón de fondo en el procés y un protagonista llamado Melchor Marín, exdelincuente convicto, héroe en los atentados yihadistas de Cambrils de 2017 y actual mosso d’esquadra en Gandesa (Tarragona). Su cometido es resolver un triple asesinato. Cercas (Ibahernando, 57 años), muy crítico con el independentismo, inicia con esta novela, que presentó al premio con el nombre de su protagonista y bajo el título Cristales rotos, una serie de historias policíacas con las que prevé estar un tiempo en Planeta. Terra Alta supone una vuelta de Cercas a la ficción más pura, más en la línea de los relatos de El móvil o de su primera novela, El inquilino, que el juego con la falsa autoficción, de inspiración posmoderna, de su obra a partir de Soldados de Salamina (2001).

Vilas (Barbastro, 57 años) se ha quedado a las puertas de ganar el galardón con lo que a todas luces parece una secuela de la súper ventas Ordesa, es decir, un libro autobiográfico, titulado simplemente Alegría, en el que la voz del narrador, un escritor de mediana edad que se lamenta por el paso del tiempo y la pérdida de sus seres queridos, trata de escapar a la depresión y ser, definitivamente, feliz. El narrador y poeta aragonés, que conquistó el año pasado a decenas de miles de lectores con el retrato —delirante, profundo y de una tristeza infantil infinita— de sus padres muertos, se presentó al premio con el seudónimo de la actriz sueca Viveca Lindfors, habitual en Dinastía y Bonanza, dos series que encajan en el universo Vilas. ¿El título con el que la presentó? Tal como éramos.

El galardón (que cuenta entre sus ganadores con, entre otros, Mario Vargas Llosa, Álvaro Pombo, Antonio Muñoz Molina, Juan José Millás, Ana María Matute o Camilo José Cela), estaba alejado en los últimos años de figuras consagradas en lo estrictamente literario, con ganadores del ámbito de la novela comercial. El elegido el año pasado fue Santiago Posteguillo, al que precedieron Javier Sierra y Dolores Redondo. Otra carta que también ha jugado el Planeta últimamente ha sido la popularidad de sus autores, con nombres como los de los finalistas Pilar Eyre, Daniel Sánchez Arévalo o Mara Torres.

La selección de esta edición se antoja capaz de atender a un doble fin: aportar valor literario y rentabilizar la inversión. Cercas tiende a encabezar las listas de los más vendidos con cada nuevo libro que publica, y el finalista ha dado la campanada con Ordesa, ya traducido a una decena de lenguas.

Cambio de editorial

El autor de Soldados de Salamina creció literariamente en Tusquets, editorial que, desde 2012, forma parte del grupo Planeta. Cercas se integró en 2009 en el sello Literatura Random House con Anatomía de un instante, el libro sobre el 23-F. Cambió así a Beatriz de Moura y Juan Cerezo por Claudio López Lamadrid, que se comprometió, como el buen editor de autor que fue hasta su prematura muerte a principios de año, a recuperar uno a uno los libros que había ido publicando con Tusquets para completar su biblioteca en el grupo. Con su regreso a Planeta, todo eso queda en suspenso. El caso de Vilas es distinto. El poeta y narrador proviene, en su faceta de novelista, de la pequeña y extinta DVD Ediciones, y dio el salto a Alfaguara en 2009 con Aire nuestro. La editorial que dirige Pilar Reyes también estaba en proceso de recuperar su obra anterior —había reeditado ya España—, después del éxito de Ordesa.

La noticia abre para Penguin Random House un inquietante interrogante: ¿de qué manera puede retener a autores sin contar, como su competidora, con galardones de tan exorbitante cuantía, si esta se decide a tentarles con la posibilidad de presentarse? Nadie asegura que acaben quedándose —el contrato suele ser por dos libros— pero lo que está claro es que esta noche, mientras los helicópteros sobrevolaban el MNAC barcelonés, sede que ha sustituido al habitual Palacio de Congresos por temor a que los cortes en carreteras provocados por las protestas por la sentencia del procés impidiesen a los invitados acceder a él, Planeta ha movido ficha en un tablero que enfrenta a dos conglomerados que, con cifras muy similares, suman un 40% de la cuota de mercado.

02 Noviembre 2009

Un equilibrio difícil

Carlos Pardo

En la galardonada ‘Terra Alta’, Javier Cercas narra la historia de un ‘mosso d’esquadra’ usando las herramientas de la novela negra. El dominio del ritmo narrativo queda lastrado por cierta relajación del estilo

Javier Cercas lleva años defendiendo, mal que pese a algunos, que la “verdad” es una construcción narrativa, y quizá haya que entender Terra Alta, su adscripción y homenaje a la novela policiaca con vocación popular, como la insistencia paradójica y algo bromista en su forma de narrar de siempre: una capacidad imaginativa que se aplica con igual solvencia a los “hechos reales” y los “hechos ficticios”, pues ambos trabajan para la construcción de una misma verdad, la literaria. Ahora bien, cabe preguntarse cuánto del estilo de su autor se potencia y cuánto se encorseta en este coqueteo con las convenciones del género.

Resumamos la situación de partida: el asesinato de una pareja catalana de la alta burguesía, dueña de un emporio en el tranquilo territorio tarraconense de Terra Alta (tranquilo quiere decir que las guerras van por dentro), pone en marcha una investigación con la que el joven mosso d’esquadra Melchor, “extranjero” en la localidad, letraherido y lacónico, no se conforma.

Pronto sabremos más de Melchor. La novela alterna capítulos dedicados al caso con otros centrados en el pasado del protagonista: hijo de una prostituta asesinada, delincuente, presidiario, posteriormente mosso d’esquadra y héroe en los atentados islamistas de Cambrils en agosto de 2017.

Terra Alta combina ambos planos con gran capacidad. Cercas sabe que el lector rápidamente empezará a “echar de más” cualquier escena retrospectiva, por lo que rompe la simetría de la alternancia de dos tiempos justo cuando el caso policial parece estancarse. Y deja que la intriga vaya recargándose. E incluso en los últimos capítulos retrospectivos de la novela, centrados en el comienzo de la relación de Melchor con su pareja, Olga, y leídos cuando ya todos sabemos qué pasará con los personajes, consiguen profundizar en algunas de las líneas de fondo de Terra Alta, como la construcción de la identidad a través de la literatura.

La insistencia de Cercas en la vocación lectora de Melchor le permite que el tema de la venganza, pilar en la construcción del personaje, se sacuda algunos clichés habituales: el policía que debe vengar la muerte de sus seres queridos y pone en duda su sentido de la justicia. Cercas entabla un diálogo literario de más calado sosteniendo durante toda la novela un juego especular con Los miserables, de Victor Hugo, con las diferentes encarnaciones de Jean Valjean, pero también con su “archienemigo”, el policía Javert, y su complejo sentido de la ética. A través de este espejo conocemos la evolución de Melchor, también su permeabilidad social y cierta ambigüedad del lugar que ocupa en la historia. Pero sobre todo, analizamos el doble fondo de conceptos como odio, venganza y justicia. Otro acierto del personaje lo favorece el ambiguo lugar que ocupa, por edad, con su pareja y entre sus compañeros de comisaría. Cercas elige a un casi treintañero rodeado de “mayores” que hacen resonar ciertos acordes sutiles del protagonista: la demanda de un contacto oblicuo, por ejemplo.

Es interesante recordar, no obstante, que Melchor es un personaje de una pieza, y que en Terra Alta es la historia la que muestra sus dobleces: los sucesos del 1 de octubre en Cataluña, los atentados islamistas e, incluso, como una nota de fondo que termina cobrando importancia, la Guerra Civil. Los sucesos históricos contribuyen a apuntalar la ambivalencia de la narración, nunca con el protagonismo de otras novelas de Cercas.

Es evidente la facilidad con la que Terra Alta podría convertirse en un producto televisivo: su intriga, los calculados remansos, su doble final que quiebra las expectativas del lector. Pero desde una perspectiva estrictamente novelesca, también es fácil reconocer la capacidad del autor de Anatomía de un instante para que el ritmo seco del “atestado” en presente narrativo y la predominancia del diálogo se carguen de tragedia. Cercas contagia la sensación de necesidad con que se encadenan los actos. Por eso resultan tan antipáticas las numerosas acotaciones, presentes con la única función de facilitarle el trabajo a un lector no demasiado despierto.

Por ejemplo, las abundantes frases hechas: a un personaje le “propinan” “una paliza de muerte”, el silencio “pareció petrificarse”, “un silencio ensordecedor”, la noticia “fue un jarro de agua helada”, unos ojos “se anegan de lágrimas”. O las puntuales pinceladas descriptivas, algo campanudas: “el reverbero del sol crea charcos temblorosos de agua ilusoria”, “el firmamento amputado por el contorno abrupto de las sierras, cuyas laderas ondean como un mar de árboles, trémulo y verde”, “las persianas entornadas frenaban el embate rabioso de la canícula”, “nubes algodonosas, de un blanco sucio o de un gris blancuzco, que amenazan lluvia”.

Y es que Terra Alta mantiene un difícil equilibrio entre el pastiche consciente, la artesanía estructural, la indagación en algunos conflictos morales marca de la casa y una incomprensible relajación del estilo.

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