31 enero 1984
Revolución tecnológica: Los ordenadores caseros llegan a Europa y España siendo Apple Macintosh (Steve Jobs) y Windows (Bill Gates) sus principales distribuidores

Hechos
En enero de 1984 se emitió la campaña de Apple ‘1984’ representando la obra de George Orwell.
Lecturas
En enero de 1984, la prensa española comenzaba a prestar una atención creciente a una revolución tecnológica que prometía transformar la vida cotidiana: la popularización del ordenador personal. Hasta entonces, la imagen más extendida de la informática había estado asociada a grandes máquinas instaladas en universidades, centros militares, organismos públicos, bancos y multinacionales. Empresas como la estadounidense IBM (International Business Machines), que había consolidado su posición con los grandes ordenadores centrales de las décadas de 1950 y 1960, simbolizaban una tecnología costosa, reservada a instituciones capaces de disponer de instalaciones y personal especializado. Sin embargo, la invención del microprocesador, con el Intel 4004 en 1971, y el desarrollo de los microordenadores comenzaron a cambiar aquella situación. Entre los pioneros destacaron Ed Roberts, creador del Altair 8800 en 1975; Bill Gates y Paul Allen, fundadores de Microsoft ese mismo año; y Steve Jobs y Steve Wozniak, fundadores de Apple Computer en 1976. La comercialización del Apple II en 1977, junto con los equipos de Commodore y Tandy, demostró que la informática podía llegar a pequeñas empresas, centros educativos y usuarios particulares. El ordenador dejaba de ser exclusivamente una máquina para realizar grandes cálculos científicos o administrativos y empezaba a convertirse en un instrumento de trabajo al alcance de organizaciones de menor tamaño.
En enero de 1984, la prensa española comenzaba a prestar una atención creciente a una revolución tecnológica que prometía transformar la vida cotidiana: la popularización del ordenador personal. Hasta entonces, la imagen más extendida de la informática había estado asociada a grandes máquinas instaladas en universidades, centros militares, organismos públicos, bancos y multinacionales. Empresas como la estadounidense IBM (International Business Machines), que había consolidado su posición con los grandes ordenadores centrales de las décadas de 1950 y 1960, simbolizaban una tecnología costosa, reservada a instituciones capaces de disponer de instalaciones y personal especializado. Sin embargo, la invención del microprocesador, con el Intel 4004 en 1971, y el desarrollo de los microordenadores comenzaron a cambiar aquella situación. Entre los pioneros destacaron Ed Roberts, creador del Altair 8800 en 1975; Bill Gates y Paul Allen, fundadores de Microsoft ese mismo año; y Steve Jobs y Steve Wozniak, fundadores de Apple Computer en 1976. La comercialización del Apple II en 1977, junto con los equipos de Commodore y Tandy, demostró que la informática podía llegar a pequeñas empresas, centros educativos y usuarios particulares. El ordenador dejaba de ser exclusivamente una máquina para realizar grandes cálculos científicos o administrativos y empezaba a convertirse en un instrumento de trabajo al alcance de organizaciones de menor tamaño.
El segundo gran salto llegó a las oficinas. El 12 de agosto de 1981, IBM presentó su ordenador personal IBM PC 5150, desarrollado por un equipo encabezado por Don Estridge. La compañía utilizó componentes disponibles en el mercado y adoptó un sistema operativo suministrado por Microsoft, PC DOS, basado en MS-DOS. La prestigiosa marca IBM dio legitimidad empresarial a un producto que todavía despertaba dudas entre muchos directivos. Los ordenadores personales comenzaron a emplearse para contabilidad, gestión de inventarios, elaboración de documentos y hojas de cálculo, especialmente gracias a programas como VisiCalc, creado por Dan Bricklin y Bob Frankston en 1979, y Lotus 1-2-3, desarrollado por la empresa de Mitch Kapor en 1983. El éxito del IBM PC favoreció la aparición de ordenadores compatibles fabricados por otras compañías, entre ellas Compaq, fundada en 1982. Así comenzó a consolidarse una nueva industria en la que los fabricantes de máquinas podían ser distintos de los creadores de sus programas. Microsoft, dirigida por Gates, aprovechó esta circunstancia para suministrar sistemas operativos a numerosos fabricantes, mientras IBM perdía progresivamente la exclusividad sobre el tipo de ordenador que había popularizado. La oficina moderna comenzaba a sustituir máquinas de escribir, calculadoras y numerosos procedimientos manuales por equipos informáticos.
El tercer escenario fue el domicilio familiar, donde la informática siguió un camino inicialmente distinto del empresarial. En 1982, el británico Clive Sinclair lanzó el ZX Spectrum, un microordenador de precio relativamente asequible que se conectaba al televisor doméstico y permitía cargar programas mediante cintas de casete. Su éxito fue especialmente notable en el Reino Unido y España, donde competía con el Commodore 64, lanzado por la empresa de Jack Tramiel en 1982, y posteriormente con el Amstrad CPC, presentado por la compañía de Alan Sugar en 1984. También se difundieron los ordenadores MSX, una norma promovida por Microsoft y el empresario japonés Kazuhiko Nishi, utilizada por fabricantes como Sony, Philips y Toshiba. En los hogares españoles, estos equipos sirvieron principalmente para jugar, aprender programación y familiarizarse con la informática, creando una generación de aficionados que más tarde desarrollaría programas y videojuegos. Paralelamente, Apple buscaba acercar el ordenador a usuarios sin conocimientos técnicos mediante pantallas gráficas, iconos y ratones. Su ordenador Lisa, presentado en 1983, resultó demasiado caro para alcanzar un mercado amplio, pero el Macintosh, lanzado el 24 de enero de 1984 bajo la dirección de Steve Jobs, pretendía hacer más intuitivo el manejo de las máquinas. La informática entraba así en una nueva etapa: después de conquistar los laboratorios y las oficinas, comenzaba a instalarse en los hogares.
Cronología: La competencia entre Apple y Microsoft.
La clave del enfrentamiento es que Microsoft desarrolló programas para los Macintosh de Apple al mismo tiempo que preparaba Windows para los ordenadores compatibles con IBM.
| Fecha | Acontecimiento |
|---|---|
| 22 de enero de 1984 | Apple emite durante la Super Bowl su célebre anuncio 1984, dirigido por Ridley Scott. Presenta simbólicamente a Macintosh como la alternativa liberadora frente al dominio de IBM. |
| 24 de enero de 1984 | Steve Jobs presenta el Macintosh, un ordenador con interfaz gráfica, iconos y ratón. Microsoft desarrolla programas para el nuevo equipo, entre ellos Word y Multiplan. |
| 1984-1985 | Bill Gates prepara Windows, un entorno gráfico para los ordenadores compatibles con IBM. Apple cuestiona las semejanzas entre la interfaz de Windows y la de Macintosh. |
| 20 de noviembre de 1985 | Microsoft lanza Windows 1.0, todavía limitado comercialmente. |
| 22 de noviembre de 1985 | Apple y Microsoft suscriben un acuerdo de licencia sobre determinados elementos visuales de Windows 1.0. Este pacto será decisivo en los litigios posteriores. |
| 1985 | Jobs abandona Apple tras su enfrentamiento con el consejero delegado John Sculley. Funda NeXT, dedicada a desarrollar ordenadores y sistemas informáticos avanzados. |
| Diciembre de 1987 | Microsoft comercializa Windows 2.0, que incorpora mejoras gráficas, entre ellas ventanas superpuestas. Apple considera que Windows se aproxima excesivamente al aspecto de Macintosh. |
| 17 de marzo de 1988 | Apple demanda a Microsoft y Hewlett-Packard por presunta infracción de derechos de autor. Sostiene que Windows 2.03 y el entorno NewWave de HP reproducen elementos protegidos de su interfaz gráfica. |
| 1989 | El tribunal comienza a delimitar qué semejanzas estaban amparadas por el acuerdo de licencia de 1985 y cuáles podían ser examinadas como posibles infracciones. |
| 22 de mayo de 1990 | Microsoft lanza Windows 3.0, que comienza a obtener una importante aceptación comercial y refuerza su presencia en oficinas y hogares. |
| 1991-1992 | Apple amplía sus reclamaciones para incluir Windows 3.0. Diversas resoluciones judiciales reducen considerablemente el alcance de las semejanzas que Apple puede invocar. |
| 1993 | Microsoft consolida su posición con Windows 3.1 y su nueva familia Windows NT. Apple continúa defendiendo el Macintosh y su sistema operativo propio. |
| 19 de septiembre de 1994 | El Tribunal Federal de Apelaciones del Noveno Circuito confirma en lo sustancial la resolución favorable a Microsoft y HP. Considera que numerosas similitudes estaban autorizadas por el acuerdo de 1985 y que determinados elementos funcionales de una interfaz no podían monopolizarse mediante derechos de autor. |
| 24 de agosto de 1995 | Microsoft presenta Windows 95, con menú Inicio, barra de tareas y una interfaz renovada. Su lanzamiento confirma el predominio comercial del ecosistema de ordenadores compatibles con IBM. |
| 1996 | Apple atraviesa una grave crisis empresarial y tecnológica, mientras Microsoft mantiene una posición dominante en los sistemas operativos para ordenadores personales. |
| 20 de diciembre de 1996 | Apple anuncia la adquisición de NeXT, la empresa fundada por Jobs, por una operación valorada en unos 429 millones de dólares. La compra prepara el regreso del fundador a la compañía, que se materializará en 1997. |


31 Enero 1984
La moda del ordenador
CADA ÉPOCA tiene su elemento sobre el que depositar una sed de magia, y el de nuestros días es el ordenador. Una magia lógica. La magia, en sus distintas formas y comparecencias a lo largo de las civilizaciones, consiste, después de todo, en el hallazgo de un sistema que domestique el azar, doblegue el futuro y los haga favorables a nuestras necesidades imposibles. Y el hombre que ha ganado 89 millones de pesetas en las quinielas (véase EL PAIS del 24 del presente mes) mediante el uso de un ordenador aparece como un ejemplo vivo del milagro al alcance de todos. La especie humana lleva muchos siglos evolucionando fuera de sí misma (cuerpo igual, pero ortopedias inmensas para volar, correr, navegar, matar o pensar), y el ordenador es una evolución del cerebro. Bastante asequible, puesto que está en los grandes almacenes a partir de 12.000 pesetas (no hay límites por arriba), y frente a los anaqueles donde se encuentra hay continuamente una multitud infantil-juvenil explorando gratuitamente los misterios del Basic. Serán los padres quienes después descubran dolorosamente que el precio no es tan asequible y que cada una de estas piezas elementales necesita después unos complementos más caros que ella misma: casetes o disketes, ampliaciones de memoria y, finalmente, impresora. La totalidad puede andar cerca del medio millón de pesetas para el ordenador personal o doméstico con posibilidades operativas serias. Lo que sucede es que, como todo objeto de magia, el revestimiento de los poderes sobrenaturales puede hacerle barato a cualquier precio. Es el futuro, y el futuro siempre ha sido más caro que el pasado.La moda del ordenador es arrasadora. Conviene fijar sus límites verdaderos. No es tan omnímodo como creen sus adoradores mágicos o sus enemigos desconfiados. En cualquier magia, naturalmente, entra lo blanco y lo negro formando un todo, como en cualquier fabricación de ansiedad, y el acicate del ordenador consiste en que simultáneamente despierta miedo. Un miedo que nació al mismo tiempo que la cibernética y se cuajó en el doble filo de la palabra robot y que hoy se extiende en la noción de que el ordenador está acabando con el empleo (el paro tecnológico). Existe además la repugnancia de que, como cualquier otra evolución externa de la especie humana, es venal y no innata: será un mejor espécimen -y más apto para la supervivencia- quien tenga más dinero para adquirirlo, lo cual, a su vez, debe producirle más dinero para dominarnos.
El objetillo respondón que aparece ya en las tiendas de juguetes parece contener todas esas cualificaciones positivas y negativas; se ha convertido en la angustia del futuro -nadie pase sin conocer el sistema Basic-, pero de un futuro que se nos ha venido ya encima. Parece que va a ser imposible vivir sin él. La ola de la moda arrebata igual a nuestros hijos, que amenazan con perder la inversión escolar que hacemos sin su teclado maravilloso, y a nuestros empresarios, que sienten que la garra de la concurrencia se les viene encima. La moda en sí no es peligrosa. Más bien es positiva. Aunque vaya a dejarún la cuneta a muchos que no resistan los primeros sudores fríos al intentar aprender el nuevo idioma, aunque pueda arruinar a algún pequeño empresario que haya llevado su fascinación más allá de lo lógico en este país de mano de obra, su futuro está asegurado. Los telares de Manchester han sido finalmente un bien para la humanidad, a pesar de los luditas que los rompían. Si aparece ahora como moda o como esnobismo, será una aportación más de cuantas modas y esnobismos han hecho a la civilización contemporánea. De lo que conviene despojar al pequeño ordenador doméstico es de su carácter mágico y, por tanto, de su creación de ansiedad. No puede uno hundirse en el manual de iniciación al Basic como antes se leía el Gran Alberto y el Pequeño Alberto. No se va a ganar a las quinielas ni se va a recuperar un amor perdido o la eterna juventud.
Ni, desde luego, despedir a todo el personal. Es otra cosa: es una enorme mutación social y cultural, y hay que digerirla.
El Análisis
Cuando Apple presentó su Macintosh en enero de 1984, recurrió a una de las imágenes más poderosas de la literatura política contemporánea: el Gran Hermano de 1984, la novela de George Orwell. En el anuncio dirigido por Ridley Scott, una multitud de ciudadanos uniformados contempla obedientemente el discurso de un gigantesco rostro proyectado en una pantalla, hasta que una joven irrumpe en la sala y destruye aquella imagen con un martillo. El mensaje era inequívoco: Apple se presentaba como la fuerza que liberaría a los usuarios del conformismo tecnológico y del dominio de IBM, la gran corporación que parecía destinada a controlar el futuro de los ordenadores. La paradoja histórica es que aquella empresa que se proclamaba liberadora terminaría convirtiéndose, junto con Microsoft, en uno de los grandes poderes de la industria informática.
Bill Gates comprendió que el verdadero negocio no consistía necesariamente en fabricar cada ordenador, sino en conseguir que millones de máquinas utilizaran el mismo sistema operativo. Steve Jobs defendió una fórmula diferente, basada en controlar simultáneamente el diseño del ordenador, su sistema operativo y la experiencia del usuario. Ambos modelos contribuyeron a democratizar el acceso a la informática, pero también plantearon nuevas formas de dependencia respecto de empresas privadas capaces de decidir qué programas podían utilizarse, qué estándares debían imponerse y cuánto costaba participar en la revolución digital. La expansión posterior de Internet, los teléfonos inteligentes y las plataformas digitales añadiría una dimensión que Orwell difícilmente habría imaginado en 1949: la posibilidad de que enormes cantidades de información sobre las actividades cotidianas de los ciudadanos quedasen concentradas en manos de un reducido número de compañías tecnológicas. El peligro no reside únicamente en que un poder político vigile a los ciudadanos, sino también en que la dependencia tecnológica, la concentración empresarial y el control de la información puedan limitar progresivamente la autonomía de los usuarios. Apple prometió en 1984 que el ordenador personal impediría que el mundo se pareciera al imaginado por Orwell; la ironía es que la revolución informática que ayudó a desencadenar terminó creando instrumentos que, dependiendo de quién los controle y cómo se utilicen, también podrían facilitar algunas de las formas de vigilancia y subordinación que aquel escritor había denunciado.
JF
