18 julio 1979

Umbral criticó un documento episcopal sin haberlo leído desatando las críticas del historiador

Ricardo de la Cierva acusa al columnista de EL PAÍS, Francisco Umbral de actuar como portavoz del Partido Comunista de España

Hechos

El 20.07.1979 en un artículo en el diario EL PAÍS, D. Francisco Umbral aludía a lo que de él había escrito D. Ricardo de la Cierva en el periódico ABC el 18.07.1979.

18 Julio 1979

El portavoz

Ricardo de la Cierva

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Tengo delante el inconcebible artículo dedicado por don Francisco Umbral al documento episcopal sobre la familia, sin habérselo leído. He esperado unos días para ver si alguien advertía el disparate y lo denunciaba. El documento de los obispos, de momento, no existe. Hay unos anticipos, unas filtraciones y unos borradores y un anteproyecto que en alguno de sus aspectos esenciales no se redactará definitivamente hasta después del verano, em dicen. Pero el señor Umbral coge al vuelo un documento que, por tanto, desconoce, y lo interpreta con el más puro resabío de incomunicación totalitaria, sobre el telón de fondo de otro disparate: los macabros hallazgo de Llerena que él atribuye, sin más, a excesos de la inquisición.
He colocado los trozos informativos del documento episcopal sobre la mesa, y me encajan. Sí, como espero, la forma final, incluidas las legítimas observaciones romanas – esto es, una Iglesia universa, no una eurotrampa – responde a la convergencia de mis fragmentos, mi impresión de cristiano, de historiador y de político es que se trata de una pieza admirable, profunda, enormemente respetuosa con la libertad humana, comprensiva hasta el fondo del as situaciones de angustia personal y familiar, pero también decisivamente exigente con el sacrificio personal y colectivo del cristiano. No hay en él una sola imposición, directa ni indirecta, a los españoles que, cristianos o no, decidan prescindir de la orientación pastoral. Alienta en el documento una reafirmación doctrinal profundísima, junto a un intento de conexión, plenamente logrado, entre tradición y entorno, entre pasado y futuro, entre aceptación simultánea de fe y de libertad. El documento no es un regodeo con la muerte, sino un canto a la vida. Pero no es un decreto-ley, como cree el señor Umbral, sino la expresión humana de un magisterio sobrenatural que sepera, en virtud de una fe concreta, libremente aceptada y de la pertenencia (…)
El señor Umbral no ha visto nada de esto. Esta colosal defensa y enraizamiento de la familia es, para él, ‘el documento episcopal contra el aborto-pildora-divorcio». Este intento de síntesis cristiana para la crisis íntima de nuestro tiempo es ‘la miltrada prosa, la negra negativa de la Iglesia española (Y supongo que romana); es un Llerena, una Llerena más actual y grave, es una tenue térrea inquisición’. Luego, en una especie de rigodón blasfemo y estúpido, se le desbordan nuevas ignorancias y nuevas agresiones marxopasotas que tratan de salpicar a la misma fitura del Papa cuando besa la tierra que le recibe. Jamás se podrá comprender el ecumenismo desde la escatología
.
El señor Umbral no tiene la menor idea del o que era la Inquisición, institción típica del Antiguo Régimen, y en cuanto tal institución mixta Iglesia-Estado, enteramente puesta bajo el control político del Estado. El señor Umbral no tiene la menor idea de lo que se ha descubierto en Llerena; un nombre precioso de pequeña ciudadena que ahora jenizaros de su cuerda tratan de añadir a la cadena de insultos contra ese archivo de nobleza histórica llamado Extremadura. En Llerena no se ha descubierto nada; algún cretino sensacionalista se ha enterado de la existencia – conocidísima – de un osario, depósito  de restos desahuciados de un cementario parroquial; como hay centenares en la meseta, donde se practica aún la triste costumbre denominada, con término que serviría de excelente subtítulo al trabajo del señor Umbra, ‘la monda’.
Pero hay algo más grave. Sigo desde hace tiempo la trayectoria cultural y política del señor Umbral. Reconozco sus cualidades literarias, su intuición creadora de formas, su capacidad de expresión, su entronque con las velas del clasicismo, su debate desgarrador contra sus vacíos interiores y su perezosa tendencia a brillante superficialidad. No voy a rebuscar aquí alusiones personales, como ha hecho el señor Umbral con mi familia, al borde de la querella criminal que no he querido promover de momento contra un miembro distinguido, aunque desgreñado, de la comunidad cultural española. Pero debo adelantar a ustedes las evidentes concomilitancias del señor Umbral con las campañas comunicativas y culturales del Partido Comunista de España, del que el Sr. Umbral actúa como portavoz, aparentemente frívolo, pero tremendamente efectivo, entre torpones halagos a la presunta debilidad de los académicos; entre podridos sahumerios de sus papanatas. Me divirtió su enfado cósmico cuando le tiraron al cesto su trabajo – dictado – contra la línea moderada del PSOE. Llegué casi a comprender el croar de las ranas como risa bersoniana cuando el portavoz prodiga, entre orines, su coba a Francisco Fernández Ordoñez o Carmela García Moreno. Admiro lo que podría hacer un Umbral libre cuando sale del guiñol. Pero la viñeta ridiculizadora de los obispos españoels – pobre monseñor Iniesta, ‘in partibus lunaribus’; pobres compañeros de viaje de la pseudoteologa roja – con que MUNDO OBRERO culmina su campaña de alto bordo contra el documento episcopal sera la mejor ilustración para el artículo del señor Umbral.
En un análisis elemental del contenido sobre los trabajos del portavoz se advierte una correspondencia unívoca y sincrónica con las líneas de comunicación y las campañas de penetración del PCE. No me obliguen, por favor, a demostrarlo; ahí tienen, en una semana, el atentado a los obispos y el homenaje – con dos retrasos – a Blas de Otero; ya verán como el señor Umbral no les cuenta el divorcio de Blas de Otero y el Partido Comunista, que pudo ser, si el poeta sobrevive, un nuevo caso Semprún. Con su aparente independencia ‘pasota’ el señor Umbral es el periodista más dependiente de España; el insturmento más descarado de una política informativa de puro cuño totalitario; el articulista atado y bien atado a su centro dep oder con más tupida red de hilos de marioneta; el ejemplo más hieriente de la prostitución cultural en que consiste, desde siempre, la falsisíma política cultural del Partido Comunista de España, que no es sino la instrumentación de la cultura al servicio del proceso revolucionario. Y vuelvo a isnistir ante ustedes que hoy solamente intento, respecto al señor Umbral, una consideración cultural y política, fuera de todo alegato de tipo personal. Puede que él escoja, como otras veces, el otro camino; el ejercicio de la itneligencia le cuesta más que la exhibición de la coprofagia. No me importa mucho; veraneo este año en la caverna de Circe y no creo que el Sr. Umbral sea más invulnerable que los compañeros de Ulises, mi patrón.
Ricardo de la Cierva

20 Julio 1979

O sea que soy rojo

Francisco Umbral

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O sea que soy rojo, y además portavoz, que ya es un demasié, según Ricardo de la Cierva en un artículo, que el tronco, se conoce, necesita difusión, que no le olviden, y ya me invita a que le conteste. Esto me lo han hecho otros: así que van entrando en un crepúsculo de semidioses burocráticos sin Gloria Swanson, una patadita a Umbral, tirando al paladar, a ver si nos dedica una parida y el personal se acuerda, o sea de uno.Ricardo de la Cierva me llama portavoz, con lo que me siento una especie de hombre-anuncio. He visto ya el primero por la Gran Vía, emparedado entre dos carteles: Franco los tenía prohibidos porque eso degradaba a la persona humana. (Redundancia ésta muy utilizada por Cierva cuando escribe discursos para otro.) Para degradar a la persona humana Franco se bastaba a sí mismo, nada de hombres-anuncio, y no sé si su historiador/ hagiógrafo, Ricardo de la Cierva, habla del caso en sus fasciculables / coleccionables / recortables.

También me aplica La Cierva el viejo uso retórico del don peyorativo (don Francisco), que establecía una irónica distancia. El primero que lo usó fue un genio parlamentario. Los siguientes, hasta Ricardo de la Cierva, son tontos.

Parece que anda un documento episcoarzobispal quitándonos a los españoles lo que nunca nos han dado. Yo no he leído esa papela, que a lo mejor la leo y me convencen. Pero además dice don La Cierva que no existe. Este invento de aplicar el don al apellido sí que es mío: medievaliza al personaje, le integra en el reparto de La venganza de Don Mendo: me lo han copiado muchos. A usted es que no se le ocurre nada, don Cierva, que dice usted que soy la monda, rancia expresión de mis tías, que eran traviesas-pero-sanas, hace medio siglo, como hemos comentado esta mañana, por teléfono, con las condesas que me han llamado para hablarme de usted y sus expectativas ministeriales, don Cierva.

En cambio yo, rojo portavoz rojo de los rojos, entre condesas desde que me levanto. Yo es que me lo monto, o sea el marxismo, tipo Visconti, casi en plan Gattopardo, ya ves, tío. No he dicho, don La Cierva, que Llerena sea una Inquisición, sino que otra más inmediata, de ahora mismo y en papel de barba, quiere inquisitorializar y momificar a los españoles. «Llerena está entre nosotros», decía yo. A estas asociaciones rápidas de ideas se le llama plasticismo mental, en literatura, y es una cosa que sirve para ser escritor, aunque maldita la falta que hace para escribir fascículos.

Lo de marxopasota que me aplica en Abc (periódico que siempre leo y en el que tanto he escrito) es un machihembrado de palabras plagiado de mí respondonamente (invento varios a diario con mejor fortuna y oído para el neologismo). Suena a marsopa, es eufónicamente feo y -lo que ya me importa menos- es falso, porque yo no soy marxista ni pasota. No soy marxista de carnet, como don Cierva me denuncia, que en cuanto a lo demás, como ha dichoAranguren, quién que es, hoy, no es un poco marxista. Don Ricardo de la Cierva, señor profesor. A lo mejor, porque ni siquiera es. Siguiendo con el rollo y su defensa de la Inquisición, el preexpectante inministrable me inquisitorializa dando por supuesto que yo no sé de Llerena ni de nada, porque no hago fascículos, como él, que le pagaba a Paloma Avilés las fichas a precio de trata de blancas intelectuales.

Como se cree avezado en polémicas, mi deuteragonista inmotivado me concede grandes dones y doncelleces literarias, por dar autoridad /imparcialidad a sus mentiras: que soy del PCE. Falso/falsario. Que escribo al dictado. Jamás. Ni siquiera al dictado de mí mismo, porque improviso. (El sí ha escrito al dictado de Franco, de Fraga, de Suárez. Sólo al dictado escribe, o sea, no escribe. Sólo redacta.) Mi conexión con el PCE no existe. Si la información que Cierva ha dado al mundo sobre Francisco Franco es tan solvente como la que tiene de Francisco Umbral, Franco tenía que haberle fusilado.