11 julio 1993

Cadena de suicidios de empresarios y políticos vinculados al Partido Socialista o a la Democracia Cristiana por sobornos y financiación ilegal

Tangentópolis: Raúl Gardini, ex presidente de Ferruzzi, se suicida pegándose un tiro, al saberse investigado en el mayor caso de corrupción política italiana

Hechos

El 23.07.1993 falleció Raúl Gardini.

24 Julio 1993

El suicidio del magnate Gardini impide que se aclare el mayor caso de corrupción en Italia

Peru Egurbide

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Raúl Gardini, de 60 años, casado y con dos hijos, diseñador y ejecutor de toda la política de expansión que en los años ochenta convirtió a la familia Ferruzzi de Ravena en el segundo grupo empresarial privado de Italia y en una multinacional conocida en todo el mundo, se disparó ayer un tiro en la sien en su casa de Milán. El suicidio cierra las posibilidades de llegar al fondo del mayor caso de presunta corrupción descubierto en Italia en tomo a la fusión Enimont, de la que Gardini fue protagonista directo junto a Gabriele Cagliari, ex presidente del organismo petrolero estatal, que se suicidó el martes.

Gardini fue encontrado agonizante a las 8.45 de la mañana de ayer por un mayordomo, en la habitación que ocupaba en el piso bajo del Palacio Belgioloso, un edificio del siglo XVIII, próximo al teatro La Scala, donde el financiero tenía su residencia milanesa. Junto al cuerpo, que llegó al hospital cadáver, una pistola alemana de marca Walter, calibre 7,65 milímetros, una nota en la que el difunto confirmaba su suicidio con una sola palabra a la familia: «Gracias».Un obrero que trabajaba en las proximidades contó cómo, sobre las nueve de la mañana, vió desde la calle a Iván, el hijo mayor de Gardini, de 24 años, que gritaba desesperado en el patio del palacio. Poco después, llegó la ambulancia. La mujer de Gardini, Idiría Ferruzzi, se encontraba, recluida desde la noche del jueves, en un hotel de lujo de la playa, de Ravena.

Investigado desde febrero, como también Cagliari, ex presidente del Ente Nazionali Idrocarburi (ENI), por presunta sobrevaloración de los activos aportados por Montedison al proyecto Enimont -la efimera fusión entre la mayor química privada italiana y la división química del E,M-, el suicidio de Gardini parece precipitado por las confesiones de Giuseppe Garofano, su ejecutivo al frente de Montedison, que desde hace dos semanas colabora con los jueces.

Según noticias no oficiales, Garofano, ex presidente de Montedison, declaró que fue Raúl Gardini quien le ordenó personalmente que creara «disponibilidades extracontables» -un eufenusmo para decir dinero negro- con las que pagar las comisiones ilegales acordadas por Gardini con los partidos para el año 1991. Garofano, quien ha reconocido haber pagado personalmente 500 millones de liras (unos 45 millones de pesetas) a la Democracia Cristiana (DC), añade supuestamente que los fondos en cuestión, valorados por el testigo en unos 130.000 millones de liras, procedían de peraciones inmobiliarias precididas por Gardini sobre el patrimonio de Montedison.

Pérdidas multimillonarias

Gardini, según Garofano, fue el responsable de 320.000 millones de liras de -pérdidas incorporadas inesperadamente el pasado junio a los balances de Montedison, grupo que hoy está intervenido por los bancos. Tales pérdidas no corresponden, al parecer, a la multinacional, sino a operaciones especulativas personales de Gardini en el mercado de cereales de Chicago, que éste imputaba luego al grupo.El relato de Garofano indica que la gestión por Gardini de Montedison, multinacional que los Ferruzzi controlaron a partir de 1986 con una participación minoritaria, estuvo jalonada de comisiones ilegales y actos ilegítimos de usufructo del patrimonio del grupo en beneficio de la familia de Ravena.

Esto vale también para el proyecto Enimont, lanzado en 1989 como un hito en la química italiana, sobre la base de participaciones paritarias del 40% para Montedison y el ENI. La fusión se rompió en 1990, cuando se descubrió que Gardini, los Ferruzzi y sus aliados, como el financiero francés Jean Marc Vernés, amigo de Mitterrand, compraban subrepticiamente en bolsa el 20% restante de Enimont, para hacerse con toda la química del Estado italiano. Al parecer, según Garofano, tales operaciones fueron financiadas con fondos extraídos de Montedison.

El sector democristiano de Giulio Andreotti, con el que estaba conectado Garofano, muy próximo al Opus Dei, se opuso frontalmente al proyecto de Gardini de controlar Enimont, una idea que no desagradaba a los socialistas ni a su hombre en el ENI, Cagliari, a cuyos funerales en Milán asistió ayer Rosalía, la hermana de Bettino Craxi. Y se liquidó la fusión.

Montedison obtuvo por la liquidación de su 40% la suma de 2,8 billones de liras acordada por Gardini con Cagliari. Los dos reconocieron ante el juez que el ENI pagó un sobreprecio importante, calculado en aproximadamente un billón de liras. Los jueces investigan ahora dónde fue a parar dicho dinero.

Y no están dispuestos a ceder en su empeño de alcanzar la verdad, pese a las dificultades que plantea la desaparición de los dos principales protagonistas de la historia. Prueba de ello, es que ayer mismo fueron detenidos en Milán tres miembros de la antigua dirección del grupo.Ferruzzi: Carlo Sama y Vittorio Giuliani Ricci, los dos cuñados de Gardini, y Sergio Cusani, ex consejero financiero del grupo. Todos ellos están acusados de falsificación de los balances y corrupción

Los magistrados investigan si la profunda crisis actual del grupo Ferruzzi deriva de las deudas contraídas para financiar la expansión de los años 80 o de las numerosos ilegalidades que afloran en su gestión.

24 Julio 1993

La caída de los dioses

Jesús Cacho

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Puede alguien suicidarse por empatía o se trata de una especie de atracción fatal, el vértigo del suicida que incita a la gente a arrojarse por el balcón de la crisis del 29, o a pegarse aseadamente un tiro en la sien en la crisis italiana de nuestros días? ¿Es posible que pueda suicidarse uno de los hombres más poderosos de Europa, incapaz de soportar la idea de ir a la cárcel, después de haberse embolsado más de 52.000 millones de pesetas por la venta de su paquete en el Grupo Ferruzzi? Italia se mira asombrada tras la muerte de Gardini, el perfecto «condotiero» renacentista que hace unos años llegó a exclamar «sopra di me, solo Agnelli». Un hombre que voló tan alto, tan alto, que su caída ha resonado en toda Europa como uno de esos acontecimiento estremecedores que hacen pensar en el fin de una época, o en el ocaso de un imperio. Raul Gardini, 60 años, un «romagnolo» duro, ferreo luchador, en las antípodas psíquicas del suicida, consiguió transformar una pequeña compañía agrícola, Ferruzzi, en un imperio económico diversificado. Desde entonces le gustaba a Raul, casado con Idina Ferruzzi, que le llamaran «il contadino», porque el campesino vuela a ras de suelo, pegado a la realidad, sin pretensiones. Como embajador plenipotenciario de la familia Ferruzzi, pronto acaparó todo el poder en Montedison, desplazando al presidente Mario Schimberni, de quien heredó los servicios de su hombre de confianza, Giuseppe «Pippo» Garofano, el único testigo que hoy tiene todas las claves del suicidio de Raul: Ingeniero químico, miembro del Opus Dei, Pippo Garofano, «il cardinale», pasa por ser uno de los cerebros más brillantes de Italia, «un diablo de la ingeniería financiera». Instalado en la cúpula de Montedison, Gardini se convirtió de inmediato en uno de los ases de esa baraja de ilustres capitanes de empresa -Agnelli, Benedetti- que tan poderoso atractivo han surtido en España. Su elegante pelo plateado y su figura estilizada llenaron pronto las páginas de los medios de comunicación internacional. Lo tenía todo para ser envidiado. Una mansión en Ravena, y un palacio de ensueño, CaDario, en los canales de Venecia, que siempre ha estado rodeado de misterio, con sus dueños atormentados a lo largo de los siglos por historias de desamor, quiebras o suicidios. La crisis de la industria química, («la química soy yo», había dicho Raul) unida al cambio de ciclo de la economía, sumió a Montedison en la crisis. La solución estaba en fusionar los activos químicos del ENI, el ente público italiano, con Montedison. Nació así Enimont, o una tumba con tierra suficiente para enterrar a Gabriele Cagliari, ex presidente del ENI, cuyo funeral se iniciaba ayer dos horas después de que en el lujoso apartamento milanés de Gardini sonara un disparo seco, y al propio Gardini. Pero aquel matrimonio de conveniencia entre lo público y lo privado fracasó, y el Gobierno italiano decidió comprar su parte a los Ferruzzi por más de 250.000 millones de pesetas. La familia engordó su fortuna, pero Montedison, descargado de su «chatarra química», perdió masa crítica, y entró en una cuesta abajo cuya solución traumática planteó Gardini tras meses de reflexión. Raul bajó de la montaña con un diseño revolucionario para Montedison, pero Arturo, el heredero de Serafino Ferruzzi, y sus tres hermanas dijeron «niet» y a Gardini no le quedó más salida que vender su parte y hacer las maletas llevándose una indemnización de 52.000 millones en ellas. La traca final estaba cerca. Raul se marcha, pero Garofano, un hombre discreto en su genialidad, siempre lejos de la prensa, misterioso, «soy un hombre corriente», siempre en retaguardia, se encumbra a la presidencia. Hasta que un día surge la sorpresa: «Pippo» Garofano se va, rompe con los Ferruzzi y escapa a Suiza. En la conmoción, Carlo Sama, el antiguo secretario de Gardini, casado con Alessandra Ferruzzi, asciende al generalato. La bomba estalla en la última Junta General de Montedison: el grupo químico, ante el estupor de analistas, asesores bursátiles y banqueros, anuncia pérdidas superiores a los 2,6 billones de pesetas. El escándalo es de tal cuantía que la magistratura empieza a investigar, atraída por el rancio olor a «tangenti» (pago de comisiones) que desde siempre despidió el proyecto Enimont. Garofano, capturado en Suiza, empieza a «largar» ante el juez Greco: los balances de Montedison son falsos y están trucados desde hace años; Gardini ha pagado «tangentes» de más de 10.000 millones de pesetas de los «fondos negros» del grupo; la familia Ferruzzi lleva sus cuentas en Suiza de forma paralela… Una ola de nerviosismo recorre los barrios elegantes de Milán. Gardini, preocupado, pide varias veces hablar con el juez sin conseguirlo, y el miércoles Cagliari se suicida en la cárcel milanesa de San Vittore. Cuarenta y ocho horas después lo hace Raul, víctima del vértigo de hombres que se creyeron Dioses, que perdieron pie, y que una mañana de julio, cuando se ven frente a una realidad tan violenta como la cárcel, se rompen interiormente, no lo soportan, se desmoronan. ¿O se trata de algo más? ¿Hay alguien, aún más poderoso, interesado en que no le alcance el dedo de la justicia? ¿Quién es? «Dios mio, lo que sabemos es apenas la punta de Iceberg», decía ayer un empresario italiano, «y probablemente hay cosas muy gordas que nunca sabremos».

29 Julio 1993

Manos Limpias

Raúl Heras

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La operación «Manos Limpias» llega a España justo en el momento en que la Audiencia de Sevilla exculpa a Juan Guerra del único delito por el que había sido condenado a un año de prisión: Defraudar a Hacienda. Y cuando el escándalo desatado en torno al secretario general del Grupo Socialista en el Congreso, José María Mohedano, obliga al parlamentario por Valencia y conocido abogado a dimitir, y a replantearse todo su futuro político. Estas dos referencias ponen de manifiesto las marcadas diferencias que existen entre la situación italiana y la española. A favor de nuestro país, afortunadamente para todos. Ni Juan Guerra era tan malo, según los jueces hasta el momento; ni Mohedano es el crápula financiero que se ha intentado presentar por parte de algunos compañeros de su propio partido, con Joaquín Leguina a la cabeza. El hermano del que fuera vicepresidente del Gobierno sigue en su particular vía crucis de sumarios y juicios tras haberse llevado por delante la credibilidad ética de Alfonso Guerra y gran parte de su carrera política. La voracidad social encauzada a través de los medios de comunicación, el instinto de conservación y el miedo de muchos de sus antiguos adoradores, junto al claro distanciamiento político que se ha producido en los dos últimos años entre éste y Felipe González, ha llevado al «número dos» del PSOE y a sus seguidores contra las cuerdas, pasando de «controladores» del partido a «controlados» por parte de las antiguas minorías. Esta vez Carlos Solchaga, el eterno enemigo, hace de espectador mientras el madrileño «Clan de Chamartín» y los catalanes «Narcisos» se reparten el botín de.los cargos. El abogado Mohedano, por su parte, no aparece como culpable de nada, salvo de su gusto por el lujo y el confort. No ha delinquido en nada pero su nombre se ha colocado en la bandeja del festín. Un adjetivo aquí, una frase allá, una sugerencia y un coche inglés de elegante línea y altas prestaciones, y rápidamente el cargo que significaba su recompensa por los años de trabajo en el PSOE se convierte en el dogal que le ahorca. El que fuera presidente de la Comisión Pro Derechos Humanos, y firme defensor de las libertades durante la Dictadura y la transición democrática, tiene algunas bazas en su poder y una lista de sus «matadores», en la que figuran tres nombres del actual Gabinete. Dos de ellos ya se cobraron la cabeza de Julián García Valverde, el que fuera ministro de Sanidad y presidente de Renfe, y conocen a la perfección el mecanismo de la guillotina. Otros dos protagonistas de la historia, con importantes responsabilidades en el partido, perdieron los nervios un fin de semana, y recibieron en su propia carne parte de la tormenta que habían desatado, y aún pueden recibir alguna que otra andanada a la vuelta del ferragosto. Otro, presidente mediterráneo, se mudó de bando y de opinión en menos de seis horas, y ya cuenta en el debe de su propia Federación, en la que se le pasará la factura antes de fin de año. En cuanto a las bazas, una carta manuscrita fechada en Madrid hace una semana y entregada en mano por un motorista, y unas fotografías filtradas a la revista Tribuna cuatro meses después de haberse realizado, omitiendo los nombres de las seis personas que asistieron a la comida en casa del por entonces simple diputado, van a propiciar algún que otro encontronazo en los servicios secretos del Estado y en la propia vida interna del PSOE de cara a su Congreso Federal. El escándalo Ferruzzi, por su parte, puede cobrarse en España víctimas tan importantes como en Italia. Esperemos que no lleguen al suicidio como en los casos de Raul Gardini y Gabriele Cagliari, pero las comisiones pagadas a políticos españoles, que ha puesto sobre la mesa de los jueces milaneses el asesor financiero Giuseppe Berlini, van a desentrañar la compleja trama de intereses que propició que el grupo italiano se hiciera con el control de Elosúa. Van a colocar otra vez en primer plano las enormes diferencias que existieron entre el entonces ministro de Agricultura, Carlos Romero, y el de Economía y Hacienda, Carlos Solchaga. Van a poner de actualidad la lucha familiar de los Elosúa, con «tiicidio» incluido. Van a sacar de su retiro empresarial al que fuera presidente de Mercasa y firme defensor de potenciar la industria española del aceite y de la distribución, el socialista Jesús Prieto, enfrentado a la política seguida en Tabacalera por Miguel Angel Valle Inclán y por Germán Calvillo. Van a «rescatar» del Banco de España al que fuera director de Transacciones Exteriores y responsable del Patrimonio Nacional, el «biuti» Luis Alcaide. Van a obligar al actual superministro Pedro Solbes a explicar con todo lujo de detalles lo que finalizó hace exactamente un año. Carnaza, mucha carnaza para los tiburones.

25 Julio 1993

'Summa lex...'

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

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LOS SUICIDIOS de dos prohombres italianos en los últimos días han puesto de manifiesto las trágicas consecuencias que a veces se derivan de la aplicación rigorista de la ley. La muerte de Gabriele Cagliari, ex presidente del Instituto Nacional de Hidrocarburos (ENI), y la de Raúl Gardini, ex hombrefuerte del grupo Ferruzzi, es un doble suceso cuyo alcance llega más allá de la angustia que produce la pérdida de dos vidas.Ambos estaban relacionados por el escándalo de la percepción de comisiones para la financiación ¡legal de los partidos a través del breve maridaje del ENI y Montedison, el gigante químico perteneciente a Ferruzzi Finanziaria. Ambos estaban siendo objeto de investigación judicial por su presumible responsabilidad; Cagliari se suicidó en la cárcel tras 134 días de prisión preventiva (el fiscal acababa de oponerse por tercera vez a su puesta en libertad), mientras que Gardini lo hizo en su domicilio milanés. Los dos son el paradigma del personaje que, tras décadas de estar en la cumbre política y económica, es incapaz de aceptar que de pronto su poder social omnímodo se ha acabado para siempre. Y, mientras es concebible que el primero se quitara la vida como la más dramática protesta por las condiciones de su continuada detención, puede sospecharse que el segundo lo ha hecho porque no ha podido soportar la presión de la Operación Manos Limpias.

Y ése es precisamente el punto controvertido. Manos Limpias surgió como instrumento judicial para limpiar a Italia de la corrupción, de las connivencias entre poder, finanzas y crimen organizado. Era -es- una labor que reclama un país harto, escandalizado por el comportamiento de sus clases política y empresarial. Los jueces italianos tienen no sólo la capacidad de apercibir a una persona de que se le hace objeto de una investigación, sino de encarcelarla preventivamente por tiempo indeterminado. El hecho es que hasta ahora la investigación ha provocado más suicidios (10) que procesos judiciales, entre otras cosas, porque la lentitud del sistema judicial y las ramificaciones de la corrupción hacen dificilísimo imprimir a Manos Limpias el ritmo acelerado que el país necesita para evitar daños irreparables al tejido social. Pero los jueces, en su afán de resolver rápidamente los expedientes, están cediendo a la tentación inquisitorial: mantienen a los investigados en la cárcel para impedir que destruyan las pruebas de su corrupción, pero también para quebrar su voluntad de resistencia -su dignidad, dicen muchos-. Con ello, no sólo se pretende arrancarles autoacusaciones, sino la incriminación de terceros. Es decir, se utiliza la prisión preventiva como instrumento de presión sobre el inculpado, lo cual desnaturaliza esta medida procesal y conculca garantías básicas del Estado de derecho.

Hoy se sabe que, independientemente de cuanto ocurra judicialmente con la Operación Manos Limpias y de quiénes al final hayan de cumplir condena, la rebelión de la sociedad italiana es completa. Su control por una clase dirigente poco limpia puede haber concluido para siempre. Y así, el sumo rigor no parece absolutamente indispensable: el propio presidente de la República, Oscar Luigi Scalfaro, ha considerado necesario lamentarse de los abusos de la prisión preventiva. Aplicar la ley con dureza extrema puede provocar situaciones de injusticia sin que por ello se incremente la posibilidad de corregir el delito. .Los dos sonados suicidios de la presente semana son, Como afirmaba La Repubblica, hechos horrendos; para las familias y los amigos, por supuesto; pero, sobre todo, para los magistrados investigadores de Milán, que han sido los primeros en reconocer que se -trata de «una derrota para todos nosotros».