30 marzo 1990
TELECINCO crea el espacio de debate «Hablando se entiende la Gente» presentado por José Luis Coll

Hechos
- El 30 de marzo de 1990 el programa ‘Hablando se entiende la gente con D. José Luis Coll’ comenzó a figurar en la parrilla de TELECINCO.
Lecturas
El 30 de marzo de 1990, apenas cuatro semanas después del nacimiento de Telecinco, la cadena privada estrenó ¿Hablando se entiende la gente?, un espacio semanal de entrevistas y debates presentado por el humorista José Luis Coll García, conocido por sus actuaciones junto a Luis Sánchez Pollack, «Tip». Inspirado en el formato italiano Maurizio Costanzo Show, el programa introducía en la nueva televisión privada española un modelo de talk show basado en reunir sobre un mismo escenario a siete invitados, tanto personajes famosos como ciudadanos anónimos, para conversar sobre un asunto de interés general. La realización tenía una estética teatral, con los participantes sentados frente al público y Coll ejerciendo de conductor, entrevistador y moderador. A diferencia de los debates políticos tradicionales, el programa no pretendía necesariamente alcanzar conclusiones, sino ofrecer un intercambio de experiencias, opiniones y anécdotas, en ocasiones enfrentadas, sobre cuestiones cercanas a los espectadores. El propio Coll, que participaba en la selección de temas junto al director de Telecinco, Valerio Lazarov, y el responsable del espacio, Tino Blanco, explicaba que la improvisación desempeñaba un papel fundamental, aunque existiera un pequeño guion previo.
Los asuntos abordados eran deliberadamente variados: el amor, la amistad, las relaciones familiares, la sexualidad, los conflictos sociales, la fama, la prensa del corazón o el deporte. Entre los primeros invitados figuraron personajes como el actor Espartaco Santoni y el cantante Ramoncín, cuyas discrepancias dieron lugar a momentos de tensión, así como una prostituta y un policía que protagonizaron un enfrentamiento verbal. El espacio buscaba precisamente ese contraste entre personas de procedencias y opiniones diferentes, con la expectativa de que la conversación generase situaciones espontáneas. Aunque no era un programa humorístico en sentido estricto, Coll introducía comentarios irónicos y preguntas inesperadas que provocaban la risa del público y contribuían a suavizar —o a veces acentuar— las discrepancias. Emitido inicialmente los viernes por la noche, el programa se convirtió en uno de los formatos característicos del primer Telecinco, permaneciendo en antena, con distintas etapas, hasta noviembre de 1993. Su fórmula anticipaba la expansión de los espacios de testimonios y conversaciones personales que marcarían buena parte de la televisión española durante los años noventa.



31 Marzo 1990
José Luis Coll
Una vieja gloria más a la pantalla de televisión. Las televisiones privadas se nutren de savia joven y pagan a las garantías de siempre. En este caso, al menos, sí se trata de una garantía de verdad. José Luis Coll, incluso sin Tip, (ya aprovechó ayer el primero para desmentir que vayan a separarse, como si esto fuera una revista del corazón), garantiza, al menos, que su programa no va a ser aburrido. No me atrevería a decir qué es exactamente Hablando se entiende la gente. El botón de ayer fue una muestra pequeña de entrevistas con chispa (falló Marta Sánchez, sustituida por un sucedáneo) que habrá que ver más veces para valorar.


08 Diciembre 1990
Coll y la gente
ENTRE las cosas que uno puede encontrarse en su televisor al recorrer el dial después de la medianoche, de madrugada ya, está lo más sublime y lo más horrendo. Cosas como Alexandr Newsky o Iván el Terrible junto a telenovelas incalificables como espectáculos inverosímiles de supuesta lucha libre. Y, en medio, algún producto tan agradable, personal y agradecido como ese espacio que presenta y anima José Luis Coll en Tele 5 y al que él ha puesto ese título de ¿Hablando se entiende la gente?, cargado de escepticismo. ¿Hablando se entiende la gente? no sería gran cosa sin Coll, pero con él se convierte en una de las bazas importantes de esa cadena. Es la versión española de un programa que Berlusconi tiene en su Tele 5 italiana, pero José Luis Coll lo llena con su personalidad y le imprime su ingenio. Los medios, la puesta en escena y la realización no pueden ser más simples. Es un programa frontal, un espacio de entrevistas y de personajes, donde los «invitados» no van apareciendo sucesivamente, como es lo habitual, sino que se muestran simultáneamente, en el escenario de un teatro, frente al público, mientras detrás un pianista subraya ocasionalmente alguna frase ingeniosa. Todo es teatral, obviamente, modesto e incluso pobre, antiguo; pero se compensa con el interés y la expectativa que despierta Coll. En el escenario se reúnen un viejo luchador por la objeción de conciencia, un travestido parlanchín, un cura obrero y casado, la cabaretera Susana Estrada, un chico en edad militar que ha presentado un recurso contencioso-administrativo para que también las mujeres vayan a la «mili» o no vaya nadie, y una chica guapísima que aprobó las oposiciones al cuerpo de bomberos. Todos ellos, según Coll, han «roto moldes», que ese era, esta semana, el epígrafe del programa: «Romper moldes». Era un pretexto como otro cualquiera, pero el grupo de reunidos tenía consistencia: detrás de ¿Hablando se entiende la gente? hay, sin duda, un equipo que trabaja concienzuda y esforzadamente eligiendo los asuntos y reuniendo personajes. Y casi todos dicen cosas coherentes. Cuentan su caso, Coll habla con ellos, pasa de uno a otro y les tira de la lengua, les sigue la corriente o les puntualiza, pide aclaraciones, provoca risas. Y eso que resulta torpón este humorista tan atípico, que mira constantemente su guión, que lee en él descaradamente los nombres, las profesiones y las circunstancias de sus invitados, hasta las preguntas muchas veces, como si todo fuera espontáneo e improvisado, como si no hubiera preparado nada… Y eso que no pronuncia demasiado bien, que tiene una voz algo gangosa y que a veces no se le entiende del todo. Pero es endemoniadamente ingenioso, rápido en las réplicas a pesar de su calma y su placidez. Y sugiere, deja ver que encierra mucho más de lo que dice. El éxito es sólo suyo.


02 Enero 1991
Gracioso Coll, benditos heterodoxos
La interrogación que acompaña al título del divertido programa que dirige Tino Blanco y presenta José Luis Coll, marca el tono antimaniqueo de su planteamiento y su saludable heterodoxia. Coll, como cualquier auténtico humorista, es consciente de que la gente no se entiende ni hablando ni en silencio, pero ofrece una cálida tribuna a las opiniones y certidumbres más enloquecidas y a la tipología más pintoresca. Imagino que la elección de invitados singulares y de temas insólitos provoca continuos dolores de cabeza a los responsables, ya que el mercado de actitudes que se enfrentan o ignoran lo establecido, no da para mucho. Que Rafael Torres en su admirable libro Vidas ejemplares haya descubierto a un montón de gente épica que dedicó su realizada vida al hallazgo y la perfección de las cosas menos trascendentes y vendibles, supone una gozosa excepción a la regla de la confortable mediocridad existencial. ¿Hablando se entiende la gente? confía en la improvisación, la gracia y la agilidad mental de ese señor bajito, moderadamente surrealista (en ese terreno el maravilloso Tip no admite competencias) y desbordantemente ingenioso llamado José Luís Coll para mantener la hilaridad de los espectadores. La rareza de una afición o de un trabajo no lleva implícita la gracia expresiva de su portador, y en esas ocasiones Coll debe suplirla con sus tablas y sus recursos cómicos. También está obligado a soportar la agresividad gratuita y la notable ausencia de educación de algún «numerero» profesional como Fernando Arrabal cuando éste le pregunta a su entrevistador «si es un tiralevitas de Felipe González». Durante unos segundos tensos presentí la destrucción de un tipo que confunde la autenticidad con la ordinariez, pero Coll decidió comportarse como un profesional e ignorar la impertinencia del cotilla místico. El programa del último martes, a pesar de que los ingredientes eran jugosos, resultó frío. Coll, que se sabe humano, podría justificarse con aquella convicción del poeta: «no podemos ser sublimes ininterrumpidamente». Un señor muy racional ofreció un curso sintético sobre las abyectas razones económicas que impiden la legalización de las drogas. Una puta, que no se sentía orgullosa de su profesión pero que tampoco la identificaba con el apocalipsis, reclamaba sus lógicos derechos. Un protector de los burros loaba las ventajas que proporciona la compañía de estos difamados animales. Una discípula de Francisco de Asís, contradecida por su rictus amargo y su militante belicosidad, aconsejaba que nos hiciéramos vegetarianos y exigía que respetáramos la existencia de las alimañas. Pues, vale.
El Análisis
La principal apuesta de ¿Hablando se entiende la gente? parece descansar menos en la originalidad de su formato que en la personalidad de José Luis Coll, quien afronta su primera gran experiencia televisiva como conductor en solitario, sin el imprescindible contrapunto de Tip, con quien había formado uno de los dúos más singulares del humor español. Durante años, el público había disfrutado de una pareja cuya comicidad consistía precisamente en llevar las conversaciones hacia el disparate absoluto, jugando con las palabras, los equívocos y una lógica deliberadamente absurda. Ahora, Coll debe demostrar que puede sostener un programa de entrevistas y debates sin que su compañero esté a su lado para rematar sus ocurrencias. Su ironía continúa presente, especialmente cuando formula preguntas inesperadas o introduce observaciones desconcertantes, pero el surrealismo queda necesariamente rebajado: ya no se trata de hacer reír mediante el absurdo, sino de conseguir que siete personas hablen, discrepen y mantengan el interés de los espectadores. Quizá resulte imposible alcanzar el mismo nivel de comicidad sin Tip, porque buena parte de la genialidad de ambos residía en su complementariedad. Sin embargo, esa limitación puede convertirse en una ventaja: Coll conserva suficiente ingenio para diferenciarse de un entrevistador convencional, sin necesidad de convertir cada conversación en un número humorístico. El desafío consiste en comprobar si el talento que brillaba dentro de un dúo puede convertirse en la personalidad de todo un programa.
JF
