6 junio 1999

El Partido Nacional (NP), ya sin Frederick de Klerk, cosecha un hundimiento electoral total, manchado por su pasado de 'apartheid'

Elecciones Sudáfrica 1999 – Thabo Mbeki, hombre de confianza de Nelson Mandela, le reemplazará como presidente

Hechos

El 3.06.1999 se celebraron elecciones presidenciales en Sudáfrica, las segundas en las que podía votar la población negra, en las que volvió a ganar el Congreso Nacional Africano (ANC) ahora liderado por Thabo Mbeki

Lecturas

LOS RIVALES DE MBEKI:

Tony_leon  Tony León, feroz detractor del CNA, que ha sabido atraerse a buena parta del electorado blanco desbancando al Nuevo Partido Nacional.

1994_Inkatha  Mangosuthu Buthelezi, líder de Inkatha, partido negro conservador que tras años de radical enfrentamiento con el CNA, terminó aliándose con él.

1999_Schalkwyk  Marthinus van Schalkwyk reeplazó a Frederick de Klerk como líder del Partido Nacional, ahora redenominado Nuevo Partido Nacional, que no ha podido resistir al lastre de ser el partido que durante años instaló en Sudáfrica el régimen racista del aparatheid.

RESULTADOS:

Congreso Nacional Africano – 10.601.330 votos – 266 escaños
Partido Demócrata – 1.527.337 votos – 38 escaños
Partido de la Libertad Inkatha – 1.371.477 votos – 34 escaños
Nuevo Partido Nacional – 1.098.215 votos – 28 escaños

16 Junio 1999

Nelson Mandela

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

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No hace tanto que la República Surafricana era un país proscrito en el concierto internacional, de muy oscuro futuro, donde el 10% de sus habitantes imponía, con el apoyo de los tanques, la supremacía blanca. Su transformación en una emergente democracia multirracial y el respeto de que goza se debe básicamente a un hombre de 80 años, Nelson Mandela, el primer presidente negro de Suráfrica, que abandona hoy la jefatura del Estado abrumado por casi todos los honores que pueden converger en un ser humano, incluido el de dar nombre a una partícula nuclear. Pocas naciones en tránsito hacia un modelo democrático han establecido tan rápidamente un sistema político consistente, amparado en una Constitución impar por su liberalismo, en un continente donde la regla es el abuso y la opresión. La Suráfrica delineada por Mandela -con la palabra reconciliación como argumento supremo- ha visto en cinco años una genuina transferencia del poder y la progresiva implantación del respeto por la ley, sin que se haya producido el baño de sangre que casi todos vaticinaban. El presidente ha sabido a la vez impulsar la tolerancia y resistir la tentación fácil del populismo.

Los 27 años que el líder guerrillero pasó como prisionero político le dieron la imponente autoridad moral que necesitaba para hablar en nombre de los negros surafricanos y conducirles a hacer la paz con sus antiguos opresores.

En las elecciones de 1994, cuatro años después de que Mandela saliera del presidio de Robben Island tras una larga negociación secreta con el poder blanco, el Gobierno del apartheid rendía clamorosamente su bastión al Congreso Nacional Africano. Su decisión entonces de ser presidente sólo durante un mandato ha sentado un precedente decisivo para la transferencia del poder. Su estatura ha mantenido la cohesión en una sociedad multirracial y multiétnica durante los momentos cruciales.

Como pocos, Mandela personifica a los ojos del mundo un pueblo y sus esperanzas, un combate y un destino. Es imperativo recordarlo el día que tan dignamente cede el papel estelar a Thabo Mbeki y abandona el escenario por los bastidores de Suráfrica.