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TVE sí permitió hace dos años mandar a un personaje de LA SEXTA (Chikilicuatre) coincidiendo con que el director de TVE era uno de los fundadores de El Terrat

TVE descalifica como representante en Eurovisión a ‘Pop Star Queen’ (Karmele Marchante) por ser un personaje de TELECINCO

HECHOS

El 21.01.2010 TVE anunció que anulaba la candidatura de ‘Pop Star Queen’ para representar a España en Eurovisión a pesar de que esta era la que más votos de internautas tenía.

¿LA SEXTA SÍ PERO TELECINCO NO?

eurovision_chiqui ‘Rodolfo Chikilicuatre’ fue un personaje creado por El Terrat para el programa ‘Buenafuente’ de LA SEXTA. La cadena pública TVE lo aceptó como representante de España en Eurovisión, lo sirvió para utilizar TVE para promocionar LA SEXTA. Se daba la circunstancia de que el entonces director de TVE era D. Javier Pons, que venía de ser director de El Terrat. Preguntando por ese trato de favor, el Sr. Pons aseguró que si TELECINCO presentaba un personaje para Eurovisión lo aceptaría igualmente. TELECINCO ha optado por tomar la palabra del Sr. Pons, pero los nuevos responsables de TVE lo han negado y le han prohibido su presencia.

26 Enero 2010

De 'frikis' y faisanes

David Gistau

NO RESULTA fácil comprender el criterio valorativo del que dependen los resortes de la indignación en Tele 5. Y, por añadidura, en buena parte de las salas de estar en las que la cadena se prolonga. En un país en el que la presunción de un delito de colaboración con arma armada cometido por el Estado puede despacharse como lo ha hecho Patxi López -alegando que hablar de ello es «incómodo»-, y donde los escándalos lo son o no en función de a qué partido perjudiquen, a Karmele Marchante, renacida Popstar Queen para la barraca de feria, nos la quieren convertir en una causa para intelectuales decimonónicos. En una Dreyfuss por quien acusar, como ha apuntado Nico Rey. Y, todo, porque la han expulsado de la candidatura a Eurovisión, donde ejercía de cuota friki, con esa consiguiente pérdida en politonos y demás zarandajas que Tele 5 ha convertido en un asunto de gravedad moral. Con toda la jeta y amparándose nada menos que en la Constitución. Toma tsunami.

Uno no tiene reparos que hacer a los que profesionalizan el ridículo. Incluso prestan un servicio terapéutico en una sociedad que no prende el televisor para enfrentarse a una pieza de teatro isabelino. Y, menos aún, a las turbiedades políticas que delatan nuestra imperfección y que nos convocan a una reacción de ciudadanos conscientes de sí ante la cual callar u omitir puede ser lo más «cómodo», pero jamás lo más digno. Pero sí cabe exigir que los monstruitos catódicos permanezcan en la jurisdicción de la chufla y el picadillo de mesa camilla. Y que incluso sus creadores tengan claro hasta dónde se puede llegar sin encanallar conceptos por darles mal uso. No es que una televisión privada esté obligada a comportarse como un faro ético, pero sí debería asumir que ni siquiera para ella vale todo con tal de hacer negocio. Si resulta que las palabras democracia y constitución fueron creadas para auxiliar la operación comercial de una televisión privada y a una pobre mujer jaleada para que se degrade por dinero, pero no para reñir los abusos del Estado aunque esto resulte «incómodo», entonces es que están vacías de contenido. Y prevalece un criterio valorativo de la moral del que el pueblo español sale retratado como chusma.

Se me va el artículo sin tan siquiera haber mencionado el enojo de mi eurofan de cabecera. Quien protesta porque Eurovisión, desde el Chikilicuatre, está sometido a asalto por cadenas que intentan sacar un provecho parasitario. Y que reclama para TVE el derecho a tomarse en serio el festival y a defenderlo de interferencias paródicas. Dicho queda.

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