4 marzo 1970
El nuevo Gobierno cuenta con la simpatía de Estados Unidos, que busca aliados en la zona de indochina
Un Golpe de Estado derroca al Príncipe Sihanuk, gobernante de Camboya, que será reemplazado por el dictador derechista Lon Nol
Hechos
El 18.03.1970 el príncipe Sihanuk fue depuesto como Jefe de Estado de Camboya.
El Análisis
El príncipe Norodom Sihanuk, el equilibrista político que mantuvo a Camboya en una cuerda floja durante años, fue derrocado en un golpe de Estado orquestado por su primer ministro, el general Lon Nol. Mientras Sihanuk recorría Europa, la Unión Soviética y China, la Asamblea Nacional votó unánimemente para despojarlo de su título de Jefe de Estado, entregando el poder a Lon Nol, un derechista de mano dura que no oculta su aversión por los comunistas y los vietnamitas. El telón de fondo es un país atrapado en la tormenta de la Guerra de Vietnam, con Sihanuk intentando un malabarismo imposible: tolerar la presencia de Viet Cong en su territorio para mantener la neutralidad, mientras los militares camboyanos y sus aliados en Washington hervían de impaciencia. Este golpe, que huele a respaldo tácito de la administración Nixon, no solo destituye a un príncipe, sino que arroja a Camboya al centro del huracán indochino.
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Sihanuk, un líder carismático y astuto, gobernó desde 1953 combinando nacionalismo, populismo y un coqueteo calculado con el socialismo para mantener a raya a los Khmers Rojos, las guerrillas maoístas que crecen en las sombras. Su estrategia de permitir el paso de armas vietnamitas por el puerto de Sihanoukville a cambio de jugosos beneficios económicos le ganó enemigos en casa y en el extranjero. Lon Nol, un militar nacionalista y anticomunista hasta la médula, no podía soportar más esa danza con Hanoi. Apoyado por el príncipe Sirik Matak y, según rumores, por guiños de la CIA, Lon Nol ha dado un paso audaz: cerrar el puerto a los vietnamitas, expulsar a sus tropas y alinear a Camboya con Estados Unidos. Nixon, enfrascado en su “vietnamización” y desesperado por cortar las rutas del Viet Cong, parece ver en Lon Nol un aliado útil, aunque su régimen naciente ya apesta a represión y caos. Mientras, los Khmers Rojos, liderados por el misterioso Pol Pot, observan desde la selva, listos para aprovechar el descontento popular que este golpe inevitablemente desatará.
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Este cambio de guardia no augura paz, sino más sangre. Las protestas contra el golpe, que Sihanuk ha avivado desde su exilio en Pekín, ya han sido aplastadas con brutalidad, dejando cientos de muertos. Lon Nol, con su ultimátum a los vietnamitas para que abandonen Camboya en 72 horas, ha invitado a una invasión del Viet Cong y a una escalada del conflicto. Nixon, con su apoyo militar y económico, parece dispuesto a apostar por este nuevo dictador, pero el precio podría ser una Camboya destrozada. Los Khmers Rojos, fortalecidos por el caos y el respaldo de China, no son solo una guerrilla: son una amenaza que crece con cada error de Lon Nol. Sihanuk, el príncipe derrocado, no era un santo, pero su caída marca el fin de una neutralidad frágil y el comienzo de un capítulo sombrío. Camboya no ha cambiado de líder; ha cambiado de tragedia. ¿Cuánto tardará en explotar?
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J. F. Lamata