11 mayo 1995
Las fotos fueron tomadas por paparazzis españoles sin que el Jefe del Estado español lo supiera
Una revista italiana difunde imágenes del Rey de España, Juan Carlos I, desnudo tomando el sol en su barco

Hechos
En mayo de 1995 una revista italiana difundió unas fotografías del Rey de España desnudo.
Lecturas
17 de mayo de 1995. El semanario italiano de información rosa Novella 2000 sorprende publicando en portada una fotografía del rey Juan Carlos I de Borbón completamente desnudo. La revista, perteneciente entonces al grupo editorial Rizzoli-Corriere della Sera (RCS), especializado también en numerosas publicaciones periódicas, presenta el reportaje como una exclusiva mundial bajo un título inequívoco: «El Rey está desnudo». En total publica cuatro fotografías del jefe del Estado español y acompaña las imágenes con comentarios deliberadamente provocadores sobre las «joyas de la Corona».
Las fotografías muestran a don Juan Carlos tomando el sol desnudo en la cubierta del yate Fortuna, tumbado alternativamente boca arriba y boca abajo sobre unas colchonetas y llevando únicamente un pequeño gorro blanco. Nada de lo que aparece en las imágenes corresponde a una actividad pública: el Rey está navegando durante sus vacaciones y tomando el sol en una zona aparentemente resguardada del barco. La Casa del Rey calificará la publicación como una intromisión en los derechos constitucionales a la intimidad y a la propia imagen y encargará a los servicios jurídicos del Estado estudiar posibles acciones contra la revista italiana. El presidente del Gobierno, Felipe González Márquez, hablará igualmente de una intromisión intolerable en la vida privada.
LAS FOTOS NO ERAN DE 1995
Novella 2000 creó inicialmente la impresión de que las fotografías podían ser recientes. Las averiguaciones realizadas inmediatamente en España condujeron, sin embargo, hasta Mallorca y el verano de 1989, casi seis años antes. Según la reconstrucción publicada entonces por Tiempo, varios paparazzi se habían apostado en unos acantilados tratando de obtener fotografías relacionadas con el príncipe Felipe de Borbón y Grecia e Isabel Sartorius Zorraquín y consiguieron captar desde allí el Fortuna. Reconstrucciones posteriores coinciden en que varios fotógrafos trabajaron conjuntamente y obtuvieron una amplia serie de imágenes.
Había además una explicación para el desnudo. Según publicó Tiempo, el urólogo Josep Maria Gil-Vernet Vila había recomendado al Rey tomar el sol sin ropa como complemento del tratamiento de una fibrosis en la zona pélvica, secuela del accidente de esquí sufrido por don Juan Carlos en Gstaad en 1983. Era, en cualquier caso, una cuestión estrictamente privada que no alteraba el hecho fundamental: los fotógrafos habían captado desde gran distancia un momento que evidentemente no estaba destinado a hacerse público.
UNAS FOTOGRAFÍAS QUE NADIE QUISO PUBLICAR EN ESPAÑA
Lo más llamativo es que las imágenes llevaban años circulando por determinados ambientes periodísticos.
Los fotógrafos intentaron venderlas en España. Una de las publicaciones a las que fueron ofrecidas fue Interviú, del Grupo Zeta. Su entonces subdirector y responsable de compras, Miguel Ángel Gordillo, recordaría posteriormente que llegó a contemplar una colección de alrededor de veinte fotografías. Cuando comunicó la oferta al presidente de Grupo Zeta, Antonio Asensio Pizarro, éste se negó incluso a verlas. Según el posterior relato de Gordillo, Asensio temía precisamente verse obligado a desembolsar una fortuna por unas fotografías que después no estaría dispuesto a publicar.
Existen versiones posteriores según las cuales los fotógrafos llegaron a pedir cantidades enormes por retirar definitivamente el material. Alfredo Fraile Lameyer, relacionado entonces con el grupo KIO, aseguró años después que le ofrecieron las fotografías pensando que el grupo kuwaití podría comprarlas y regalárselas al Rey; según su relato, consultó a Zarzuela y recibió instrucciones de no pagar.
También aparecería posteriormente el nombre del empresario Javier de la Rosa Martí. Informaciones publicadas años después sostuvieron que las fotografías habían sido retiradas temporalmente del mercado gracias a su intervención y que volvieron a circular cuando su situación empresarial y judicial se derrumbó. Es una versión repetida posteriormente en distintos relatos sobre las fotografías, pero no quedó establecida judicialmente como explicación definitiva de su recorrido hasta Italia.
Lo seguro es más sencillo: durante aproximadamente cinco años nadie quiso publicarlas en España.
Hasta que llegaron a Italia.
NOVELLA 2000 LAS PUBLICA
En mayo de 1995, Novella 2000 rompe el bloqueo.
El semanario italiano publica cuatro fotografías y convierte el desnudo del monarca en producto de prensa rosa. La presentación deja pocas dudas sobre el enfoque elegido: el interés no consiste en revelar una actuación del Rey relacionada con sus funciones constitucionales, sino sencillamente en ofrecer al público el cuerpo desnudo de una personalidad mundialmente conocida.
La paradoja es que la fotografía revela mucho menos sobre Juan Carlos I que sobre quienes consiguieron y comercializaron la imagen.
El Rey estaba tomando el sol.
Los paparazzi estaban trabajando.


21 Mayo 1995
El rey desnudo
A uno le parece que el rey tiene tanto derecho como cualquier ciudadano a quemarse el culo al sol de altamar, en un yate. Este derecho de quemarse el culo debiera figurar entre los Derechos del Hombre, y mayormente de la mujer.
Lo que pasa es que el culo de un rey siempre es noticia, y por eso los paparazzi abusan, sobre todo los italianos, sin quitar mérito a los españoles, que son muy buenos. Un culo heráldico siempre vende más en la prensa del corazón y de los culos que un culo republicano, socialista, rojo, hortera, democristiano o del Opus, por más que los democristianos y el Opus no tienen culo, que el culo es grave pecado.
Ahora se ha montado el cirio con unas fotos del rey Juan Carlos tomando el sol desnudo en la condición y circunstancia que se ha dicho, y parece que se le ve la cara y el culo. Las fotos son robadas, claro, que Juan Carlos no posa, pero curiosamente vende más el culo que la cara, y esto es lo que tiene levantiscas a las jais, que tras la llorandera por Lola Flores se están levantando el ánimo con las susodichas fotos reales, y siempre es una alegría saber que, en una España folklórica y monárquica, el rey, cuando menos, tiene el mandado en condiciones. Pero no sé yo a qué viene tanto pollo y albricia con el desnudo real, porque cuando este rey se desnudó verdaderamente, cuando hizo su strip/tease histórico, fue el 23/F, por la tele, que ahí le vimos todos la condición civil y macho (sólo llevaba la guerrera sobre el pijama).
El rey debe andar siempre desnudo de alma, de intención, de actualidad, de sinceridad, para que un niño pueda gritar a su paso que el rey está desnudo. Cuando entonces, cuando la última asonada cuartelera, el rey se desnudó para siempre ante los españoles y ante el mundo, y de allá hasta ahora ha seguido desnudo, como una espada honesta y brava, tendida en mitad de la vida nacional. En un país que tira más a republicano o socialista, este rey, con su desnudez de carácter e intención, con su ofrecido torso político de hombre libre que quiere hacernos libres, no sé si ha salvado la monarquía, pero se ha salvado él para la Historia.
Como aquí los nacionales siempre vamos al bulto, como los toros, el gentío anda en lenguas con el culo fotográfico del rey, pero es éste un rey que vive siempre con el culo al aire, y de él se sabe que no ha traicionado su proyecto político y fundacional, cuando casi todos los políticos lo han traicionado, desde el 75, y mayormente desde el 82. Juan Carlos vive con el culo al aire porque no se le han descubierto dobleces ni otras intenciones, sino que se le ve entero de una vez, como pintado por Antonio López. El que ahora los italianos monten la cover con unas fotos viejas del rey quemándose el culo en altamar me parece cosa de poco momento, porque a uno los culos masculinos le interesan poco, aunque sean blasonados. Me interesa más el culo al aire político de un rey que no va a tapárselo cambiando de chaqueta.
No he llegado a ver las fotos del rey en bolas, ni puñetera falta. Aquí Manolito Hidalgo sostiene que ha visto en bikini a la infanta Elena y que está buenísima. En cuanto a la buenez de Juan Carlos, que opinen las marujas de Lola Flores, después del luto, en plan contrarrestar. Lo que de verdad importa a los españoles es la desnudez democrática de un ciudadano más que vive en La Zarzuela y no es nada zarzuelero. Los italianos no han descubierto nada. El rey, sí, está desnudo todo el año para los españoles. Democrática y constitucionalmente desnudo, con las ideas claras y sufriendo España, como los demás, a cuerpo limpio. Pues eso.
El Análisis
Una Monarquía constitucional depende inevitablemente del comportamiento de quienes encarnan la Corona. Una parte importante de la legitimidad del Rey descansa en la ejemplaridad, la neutralidad institucional y el respeto que inspire su conducta. Pero ninguna de esas exigencias obliga a un jefe del Estado a dejar de tener intimidad. Tomar el sol desnudo en una zona aparentemente aislada de un barco privado no constituye una conducta censurable, ni compromete a la Corona ni dice absolutamente nada sobre la manera en que Juan Carlos I desempeña sus funciones. Las fotografías dicen bastante más sobre el trabajo de unos paparazzi dispuestos a perseguir con teleobjetivos a una persona durante sus vacaciones y sobre el tipo de producto que una revista está dispuesta a comercializar cuando convierte su desnudez privada en una exclusiva mundial. Que el fotografiado sea Rey aumenta el precio de la fotografía; no aumenta su interés público.
Y difícilmente serán estas imágenes las que deterioren en 1995 la extraordinaria popularidad de Juan Carlos I. El Rey continúa siendo para muchos españoles uno de los principales símbolos de la Transición, conserva un prestigio público superior al de prácticamente cualquier dirigente partidista y ejerce además como uno de los representantes internacionales más reconocibles de España. Si algún día hubiera que plantearse seriamente la ejemplaridad de un monarca, habría que hacerlo por conductas privadas incompatibles con las responsabilidades familiares que públicamente representa, por utilización de su posición para obtener beneficios, por problemas relacionados con dinero o tributación o por actuaciones que comprometieran la dignidad y neutralidad de la institución. Nada semejante aparece en estas cuatro fotografías. En ellas sólo aparece un hombre tomando el sol desnudo creyendo que nadie puede verlo. Si alguien queda retratado en este episodio, quizá no sea precisamente quien estaba delante del objetivo.
J. F. Lamata
