14 septiembre 1901

Nuevo magnicidio anarquista

William McKinley, presidente de Estados Unidos, es asesinado, le reemplaza Theodore Roosevelt

Hechos

El 14 de septiembre de 1901 William McKinley, el presidente de Estados Unidos de América, fue asesinado.

Lecturas

En la ciudad de Buffalo ha muerto asesinado William McKinley, 25º Presidente de los Estados Unidos de América.

McKinley ha sucumbido a las heridas producidas en el atentado de que fue víctima en Detroit el día 6 de septiembre, cometido por el anarquista León Czolgosz. En estos días, el presidente defendía en la cámara de representantes el proteccionismo en materia de política interior y el expansionismo imperialista en política exterior. Le sucederá como presidente de Estados Unidos de América, Teodoro Roosevelt.

Refiriéndose a los anarquista, la revista religiosa El Aldeano escribe en su última entrega: «Deberíamos poder castigar con mayor energía a los elementos de esta ralea que va repitiendo por ahí que Dios no existe y que el hombre desciende del mono.».

McKinley había sido reelegido en las elecciones apenas un año antes en 1900. Roosevelt asumirá la presidencia hasta las siguientes elecciones previstas para 1904.

El Análisis

McKinley: Un magnicidio, un imperio y una sombra popular

JF Lamata

La tragedia volvió a golpear a la presidencia de los Estados Unidos el 6 de septiembre de 1901, cuando el presidente William McKinley fue mortalmente herido por un anarquista en plena exposición pública. Se convirtió así en el tercer presidente asesinado en apenas cuatro décadas, tras Abraham Lincoln en 1865 y James Garfield en 1881. Una vez más, la violencia irracional truncaba la vida de un jefe de Estado electo en democracia, y con ella, la estabilidad que su figura representaba.

McKinley será recordado, principalmente, por la guerra que en 1898 enfrentó a los Estados Unidos con España, conflicto breve pero decisivo que marcó el fin del imperio colonial español y el inicio de la proyección imperial norteamericana en el Caribe y el Pacífico. Bajo su mandato, Estados Unidos emergió como potencia mundial, con presencia en Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam. También impulsó un modelo económico proteccionista, que agradó a los industriales pero generó tensiones con sectores más liberales. Fue un presidente eficaz, aunque su estilo prudente, casi anodino, no despertó pasiones.

Y, sin embargo, la ironía de la historia quiso que su vicepresidente y sucesor, Theodore Roosevelt, eclipsara por completo su figura. Brillante, carismático y fogoso, “Teddy” capturó la imaginación del pueblo americano como McKinley jamás lo hizo. El legado de McKinley —imperial, industrial, expansionista— fue el suelo fértil donde Roosevelt edificó su fama y reformismo. Hoy, la memoria colectiva recuerda más al oso que al hombre que permitió que entrara en la Casa Blanca.

J. F. Lamata