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Hijo del histórico ex ministro, es el tercer Director General del ente público desde la llegada al Gobierno del PP

El cambio de López Amor por Pío Cabanillas al frente de RTVE es interpretado como un giro al centro por parte del Gobierno

HECHOS

El 13.11.1998 el Gobierno anunció el nombramiento de D. Pío Cabanillas Alonso como nuevo Director General de RTVE reemplazando a D. Fernando López Amor.

lopezamor_caba lopez_amor D. Fernando López Amor, el gran defenestrado, seguía negando que fuera a ser destituido horas antes de que se hiciera público.

EL FIN DE ‘QUIÉN SABE DÓNDE’ EN TVE

paco_lobaton D. Francisco Lobatón

D. Francisco Lobatón ‘Paco’ habla con J. F. Lamata sobre el final de ‘Quién Sabe Dónde’

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14 - Noviembre - 1998

La tercera oportunidad

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

La sustitución de Fernando López-Amor como director general de Radiotelevisión Española (RTVE) por Pío Cabanillas, un profesional de reconocida capacidad en la gestión de empresas audiovisuales, obedece seguramente al deseo de José María Aznar de reforzar la imagen centrista y de intentar arreglar la catastrófica situación económica del ente. López-Amor ha sido el responsable de una etapa significativa de la radio y televisión públicas, que a la vista de los resultados debe ser juzgada con severidad.Existe un acuerdo general en que la gestión económica de López-Amor al frente de RTVE ha sido mediocre y refractaria a cualquier crítica e intento de modernización. El director general saliente no sólo ha sido incapaz de reducir el gasto faraónico de la radio y televisión públicas, sino que lo ha aumentado -a casi 270.000 millones de pesetas en 1999- a límites insoportables para un Gobierno que profesa una política de austeridad en el gasto. La megalomanía se traduce en unas pérdidas de 160.000 millones para el próximo año, lo que elevaría la deuda a 765.000 millones. Bajo su gestión, el endeudamiento de RTVE ha devenido ni más ni menos que en un problema económico de Estado. La dirección de RTVE no ha sabido poner fin al despilfarro endémico con un plan de empresa riguroso y bien articulado, ni de ordenar un plan de aumento mínimo de los ingresos. Por el contrario, ha irritado a las televisiones privadas y a la propia Comisión Europea con la aplicación de un sistema de doble financiación, pública y procedente de publicidad privada, denunciado en repetidas ocasiones como abusivo y limitador de la libre competencia. Su único objetivo ha sido mantener el liderazgo de la audiencia, al precio que fuese.

López-Amor ha encadenado sus carencias como gestor -evidentes en el empobrecimiento de la calidad de los programas informativos y de entretenimiento de la televisión pública- con una radical inflexibilidad política. Podía hacer lo que le viniese en gana por el amparo político que le concedía el Ejecutivo (de ahí su incredulidad cuando se enteró de su destitución). Se ha enfrentado a la oposición con una hostilidad arrogante y ha exhibido una preocupante falta de tacto en acontecimientos decisivos, al punto de convertir el homenaje a Miguel Ángel Blanco en la plaza de toros de Las Ventas en un festival sectario que, lejos de mantener el clima de consenso ciudadano que provocó aquel asesinato, provocó una irritación generalizada ante la utilización partidaria de ese acto cívico.

Un cuadro ajustado de la gestión como máximo responsable de RTVE de Fernando López-Amor sería incompleto si no se insistiese en que una parte importante de su fracaso se deriva de la incapacidad del Gobierno para resolver sus diferencias internas sobre la forma de afrontar el problema de la deuda del Ente Público. RTVE es, además de un instrumento poderoso de información y convicción pública, una empresa que requiere soluciones con urgencia casi agónica.

Estamos ante el tercer intento desde que Aznar llegara al poder, hace dos años y medio. Su nueva y tan publicitada vocación centrista debería medirse en un campo de pruebas como el de RTVE. Es hora de revisar a fondo el modelo de nuestra televisión pública: en términos de independencia política y también de una razonable viabilidad económica. Como servicio público tendrá un coste, pero no la desmesura actual.

14 - Noviembre - 1998

López Amor

Luis María Anson

Siempre dúctil, siempre objetivo, siempre ecuánime, siempre atento y constructivo. ¡Ay, Fernando López-Amor, cómo harán algunos leña del árbol caído! Es la hora cainita del Partido Popular porque casi tres años en el poder el tiempo para que el hacha de los leñadores descargue sobre los troncos altivos, para que los escoberos diligentes barran escombros y dignidades ofendidas. La Historia es un eterno retorno. En sus telares se tejen siempre los mismos tapices. He conocido a pocas personas tan serias en su trabajo, tan responsables, tan infatigables como López-Amor. La debilidad de su jefe inmediato ha segado su gestión cuando más frutos podía dar. Sería injusto no dejar en esta página palabras de reconocimiento a un hombre que cae pero que mantiene intacto un futuro esperanzado. López Amor es un político de raza. Los que ahora le derriban volverán a contar con él.

Luis María Anson

13 - Noviembre - 1998

RTVE: El Gran fracaso del Gobierno Aznar

EL MUNDO (Director: José María Aznar)

«El Gobierno ha conducido a la Radiotelevisión Pública a una situación de extrema gravedad, con un exorbitante nivel de endeudamiento, una quiebra práctica y un total descontrol del gasto». Este diagnóstico, perfectamente aplicable a día de hoy, lo hizo el PP en su programa electoral del año 96.

Dos años y medio después de llegar al Gobierno, José María Aznar está a punto de nombrar a su tercer director general de RTVE sin haber solucionado ni uno solo de los problemas estructurales de este organismo público. La gestión del Ente es el gran fracaso de este Gobierno. Primero fue Mónica Ridruejo, un fichaje de Rodríguez, a la que el puesto le vino grande. Después, saltándose a la torera su compromiso de no designar a un militante del PP, nombró al diputado Fernando López-Amor. El hasta ahora director general llegó al puesto casi por casualidad, al no aceptarlo Pedro Antonio Martín Marín.

En este tiempo, la deuda de RTVE ha ido creciendo -a finales de este año alcanzará los 800.000 millones- sin que el Gobierno haya presentado el plan de reestructuración que prometió en su programa electoral.

La realidad es verdaderamente escandalosa. La cifra de la deuda acumulada equivale al Presupuesto de la Defensa Nacional. Recientemente, el Círculo de Empresarios decía en un informe que las pérdidas anuales del Ente son mayores que el dinero destinado al Ministerio de Justicia. La Comisión Europea ha anunciado la apertura de un expediente sancionador contra nuestra televisión pública por la doble financiación.

Es curioso. José María Aznar y su Gobierno han sido capaces de pactar con los nacionalistas contra muchas previsiones, de iniciar contactos con ETA dando un viraje a su estrategia política y de ofrecer unos datos económicos que no esperaban ni los más optimistas. Pero no son capaces ni siquiera de encarar el problema de RTVE. La inexperta Mónica Ridruejo esbozó un plan de saneamiento que no contó con el respaldo del Gobierno. El proyecto se guardó en un cajón y Fernando López-Amor está a punto de ser relevado después de una gestión en la que ha primado el uso de RTVE como un instrumento político-electoral. Bajo su mandato, la forma de competir deslealmente, pagando sumas astronómicas por acontecimientos deportivos o televisando la boda de la hija de la duquesa de Alba, ha encontrado su apogeo. La retransmisión en directo de este evento de la prensa del corazón es un hito del concepto que el ex diputado del PP tiene de lo que debe ser un servicio público.

El relevo de López-Amor tendrá una lectura política clara. Aunque quiera desvincularse de él, el vicepresidente Alvarez Cascos fue su principal valedor, por lo que su despido será un nuevo desaire del presidente al que ha sido su mano derecha. Los tiempos cambian y ahora Aznar ha encargado a su nuevo hombre de confianza, Josep Piqué, la búsqueda de una salida al inviable modelo de televisión pública. A él se refiere sin duda el incauto López-Amor cuando habla de los que intoxican sobre su cese.

El Gobierno asegura que quiere encarar la reforma estructural de RTVE. Bien está. Ha perdido 30 meses preciosos, pero si cumple su promesa electoral, más vale tarde que nunca.

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