El periódico de Pedro J. Ramírez había empezado su difusión por fascículos, pero el periódico de PRISA ha sorprendido publicándolas todas de una sola vez

El diario EL PAÍS publica los ‘papeles del CESID’ de Perote y enfurece a sus competidores EL MUNDO y a la COPE

HECHOS

El 17.12.1996 el diario EL PAÍS publicó en portada ‘Los papeles del CESID’.

96_DocumentosCesid  papelescesidelm Si los papeles publicados por EL PAÍS y EL MUNDO son veraces se acreditaría que los GAL no fue obra de un grupo de incontrolados, sino creado – acta fundacional incluida – por las cloacas del Estado español.

96_Perote_Manglano Los hombres que durante años controlaron los Servicios Secretos españoles, el coronel Perote y el general Manglano, estaban al tanto de todas las acciones y crímenes de los GAL.

ATAQUES DE TERTULIANOS CONTRA EL PAÍS Y PRISA

D. Ramón Tamames: “EL PAÍS ha utilizado el coeficiente de ocultación para atacar ahora a Pedro J. Ramírez” (COPE, 17-12-1996)

D. Jesús Cacho (EL MUNDO): “PRISA quiere defender a quien ha hecho de Jesús de Polanco una de las mayores fortunas de España” (COPE, 17-12-1996)

D. José Luis Gutiérrez: “Antonio Herrero también es una víctima del Grupo PRISA, ya que lo echaron de ANTENA 3 RADIO” (COPE, 17-12-1996)

D. Antoni Bassas: “Hay que cuestionarse los criterios de los diarios para fiarse o no de los mensajeros que suministran dossiers y acaban con el ideal de rigor informativo. ¿Es más lícita la filtración de Perote o la del Ministerio de Defensa?” (Catalunya Radio, 19-12-1996)

17 - Diciembre - 1996

El papel de cada cual

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Los 20 papeles del Cesid que hoy publica EL PAÍS corresponden a la transcripción que de ellos hacen los jueces Garzón (18), Gómez de Liaño (1) y Justo Rodríguez (1) en los autos remitidos al Gobierno en su día para pedir su desclasificación. Son fruto de la requisa que practicó Garzón en la celda que el coronel Perote ocupa en la prisión militar de Alcalá de Henares. Ignoramos si tales documentos son auténticos o no, es decir, si corresponden fielmente a papeles elaborados por el servicio secreto español. Lo que sí sabemos es que la petición de desclasificación de los instructores se refiere a estos papeles concretos. La decisión está en manos del Tribunal Supremo, que habrá de pronunciarse en breve.Al publicar estos papeles, íntegramente y de una vez, EL PAÍS intenta, ante todo, acabar con cualquier pretensión de administrar a conveniencia la agenda política mediante la difusión dosificada de informaciones o documentos comprometedores. El diario El Mundo publicó ayer cinco de estos papeles y anunció nuevas remesas para días sucesivos. Pues bien, aquí están todos. El “muy intenso trabajo de investigación periodística” a que aludía ayer ese diario consiste en ser recipiendario de una filtración. Que la fecha de difusión se elija en función de otro sumario, el del caso Banesto, que ayer vivió una jornada singular -sobre todo por haber sido imputado en el mismo Mariano Gómez de Liaño, abogado y supuesto socio de Conde en sus operaciones-, es una sospecha no probada, pero en absoluto carente de fundamento. La evidencia de que otro abogado de Mario Conde intentó chantajear al Gobierno amenazando con la publicación de informaciones supuestamente comprometedoras si no se cumplían determinadas exigencias del ex banquero y la efectiva publicación de algunas de esas informaciones, siempre en el mismo medio, avalan esa sospecha.

Al margen de ese aspecto, la publicación de una primera entrega y el anuncio de la difusión por capítulos del resto nos dispensa de cualquier reserva sobre el contenido. Eso de que la vida política del país -y sus derivaciones judiciales- tenga que girar en tomo a las conveniencias o los caprichos de un medio de comunicación nos parece estrafalario: una estrategia de la tensión en fascículos. Si un periódico dispone de informaciones veraces (o al menos contrastadas) cuyo contenido es de interés general, que las publique. Eso es lo decente. Lo otro, dosificar las informaciones con la pretensión de marcar el calendario, es utilizar el poder de la prensa para fines diferentes a los de la información.

Ante al caso GAL ha habido diversas actitudes. Algunas personas -políticos y periodistas- pidieron combatir a ETA con todos los medios, sin excluir los de la guerra sucia, y diez años después denunciaron que les hubieran hecho caso. Otros estuvieron en contra de la guerra sucia antes, durante y después de que los GAL asesinaran a 27 personas; EL PAIS pertenece sin ningún género de dudas a este segundo grupo. Cuando la escalada de crímenes de ETA se doblaba con la de los GAL, lo denunciamos y hubo gobernantes que se querellaron por ello contra nosotros. Tras la resurrección mediática y judicial del caso GAL, a partir de diciembre de 1994, seguimos pidiendo el esclarecinminto de las responsabilidades que resultasen de los nuevos datos, pero nos negamos a seguir a quienes trataron de utilizar el asunto como arma de deslegitimación del sistema.

El caso GAL está en los tribunales. Ellos habrán de decidir si desclasifican o no los papeles del Cesid, que, desde luego, no son el único elemento incriminatorio que aparece en el sumario. La mayor o menor fuerza probatoria de los mismos es una cuestión discutible que en todo caso corresponde dilucidar a los tribunales. Los jueces que investigan los sumarios principales del caso GAL los incluyeron en los autos y pidieron que se levantara el secreto por considerarlos decisivos. Los ciudadanos tendrán ocasión ahora de conocer su contenido. Íntegramente y en su conjunto. Ojalá que los tribunales decidan zanjar cuanto antes este asunto, estableciendo las inesquivables responsabilidades penales de un episodio cuyo fantasma sigue envenenando. la convivencia de los españoles; y que al hacerlo acaben también con los fantasmas que intentan utilizarlo para reescribir su propia biografía.

18 - Diciembre - 1996

El papelón de Serra y la papeleta de EL PAÍS

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Ayer por la mañana, el titular de la cartera de Defensa, Eduardo Serra, admitió que lo publicado el lunes por EL MUNDO se corresponde con los papeles que están en los archivos del CESID.

Aunque Serra sólo se refiera a lo publicado por EL MUNDO también el diario EL PAÍS sacó ayer en sus páginas los papeles del CESID. No tendríamos nada que objetar – al contrario – si el móvil del periódico en cuestión fuera poner en conocimiento de la opinión pública esos documentos clave. Pero EL PAÍS ha justificado su publicación con una alegación verdaderamente sorprendente: “Al publicar estos papeles, íntegramente y de una vez”, escribía ayer en un editorial “El PAÍS intenta, ante todo, acabar con cualquier pretensión de administrar a conveniencia la agenda política mediante la difusión dosificada de informaciones o documentos comprometedores”. Una pretensión que, acto seguido, atribuía a EL MUNDO.

Vayamos por partes.

La práctica periodística consistente en publicar en forma de seire de artículos sobre materias que abarcan muchos aspectos o son muy extensas no tiene nada de estrafalaria, y menos de indecente, como sostiene EL PAÍS. Tampoco la hemos inventando nosotros, desde luego. Por poner sólo un ejemplo, que ya es historia: The New York Times dio a conocer los célebres papeles del Pentágono en una muy larga serie de artículos. En realidad EL PAÍS también ha publicado series: el pasado noviembre, sin ir más lejos, cuando dio cuenta del resultado de la comisión rogatoria en Suiza sobre el caso Banesto. En esta ocasión ha optado por servir a sus lectores todos los papeles del CEISD en una sola pieza de problemática digestión. Allá él. Tal vez no tenía mayor interés que pudiera digerirse bien.

Por entregas o en dosis única, lo que no puede hacerse es presentar la información adulterándola. Y EL PAÍS lo hizo ayer. Se sacó de la manga que los papeles avalan que ‘Pte’ quiere decir ‘pendiente’ y no ‘presidente’. Lo que los documentos avalan es que cuando Manglano quería escribir ‘pendiente’ lo hacía con todas las letras. Peor aún: EL PAÍS tituló: “Ningún papel del CESID menciona a los GAL’ Y reprodujo dos documentos (el 12.01 y el 13.m) en los que aparecen cuatro veces las siglas de los GAL y se habla de la fabricación por el CESID del sello de los GAL.

EL PAÍS no tiene empacho en asegurar que EL MUNDO no ha hecho ningún trabajo de investigación periodística para hacerse con los papeles. Sostiene que ha sido mero recipiendario de una filtración. Nosotros sostenemos que nos ha costado más de un año lograrlos y que procede de varias fuentes. A cambio, quien sí ha sido recipiendario de una filtración fulminante y muy interesada, es EL PAÍS. Alguien le ha hecho llegar los papeles al iniciar EL MUNDO su publicación. Así debe ser porque, si no habría que deducir que los tenía y loes estaba ocultando.

Insinúa EL PAÍS que EL MUNDO ha publicado los papeles para ayudar a unos ex colaboradores de Mario Conde, cuyo destino nos es, salvo por lo que les une al resto de la raza humana, perfectamente indiferente. No sól ose trata de una pura especulación, sino también de una especulación absurda. Lo que esos señores afrontaban era una actuación judicial, que no se vio en nada alterada por lo publicado en EL MUNDO sobre los GAL . A cambio, el modo en el que EL PAÍS ha presentado los papeles sí tiene claros beneficiarios: los inculpados en los procedimientos judiciales de los GAL, en cuya defensa sale. Así lo vino a admitir implícitamente ayer Joaquín Almunía que condenó la publicación de esos documentos en EL MUNDO, pero alabó la hecha por EL PAÍS

El hecho objetivo e incontrovertible es ése: que EL PAÍS ha estado siempre, y está, en perfecta sintonía argumental con los acusados por los crímenes de los GAL. Y que hace lo posible por desprestigiar a los jueces que quieren aclarar esos crímenes y castigar a los culpables. EN tanto que EL MUNDO ha hecho sistemáticamente lo contrario. Así de sencillo.

19 - Diciembre - 1996

La conexión

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

En un editorial publicado ayer, el diario EL MUNDO aplicaba a sus heridas más recientes un bálsamo consistente en establecer ciertas diferencias morales entre la publicación de los papeles del Cesid iniciada por este periódico el lunes y la realizada el martes por EL PAÍS. De entrada, ese diario justifica la publicación de tales papeles por entregas argumentando que es práctica corriente hacerlo así cuando el texto en cuestión es muy extenso. En su apoyo recurre nada menos que al antecedente de The New York Times, que en 1969 publicó en “una muy larga serie de artículos” los famosos papeles del Pentágono.Se comprende que lo hiciera así, porque tales papeles constaban de unos 7.000 folios…

Ese diario dice que EL PAÍS “adultera” el contenido de los papeles al decir, por una parte, que en ellos no se menciona a los GAL y, por otra, que su lectura avala la hipótesis de que la abreviatura incluida en la famosa anotación de Manglano “me lo quedo, pte. para el viernes” significa pendiente y no presidente. Los dos documentos que cita ese diario en apoyo de su primera acusación no son del Cesid, sino del juez Garzón, que es quien, efectivamente, escribe cuatro veces las siglas GAL. Respecto a la segunda acusación, ese diario sostiene que “cuando Manglano quería escribir pendiente lo hacía con todas las letras”. La nota de despacho es del 28 de septiembre, miércoles. Hay en los papeles otra anotación manuscrita, en la hoja de despacho de 25 de abril de 1984, que dice: “Pendiente para el 27.4”. El 25 era miércoles, y el 27, viernes. La deducción lógica es que los miércoles leía ciertos documentos, algunos de los cuales dejaba para despachar el viernes. ¿Con quién? Hay una tercera nota manuscrita de Manglano que dice: “Pendiente. No hacer nada sin mi autorización”. Corresponde al 24 de octubre, también miércoles. El tono taxativo de la orden parece indicar que su destinatario era un subordinado, tal vez el coronel Perote. En todo caso, no parece lógico pensar que fuera el presidente del Gobierno.

Molesta a ese diario que EL PAÍS ponga en duda que el origen de los papeles fuera “un muy intenso trabajo de investigación periodística”, y reitera que para conseguirlos han necesitado “más de un año”. Todas las letras y hasta los signos de puntuación de la totalidad de los papeles cuya publicación por capítulos inició ese diario el lunes pertenecen a los autos de los jueces Garzón (18 de los 20 papeles), Gómez de Liaño y Justo Rodríguez en los que piden su desclasificación; esos autos fueron redactados la pasada primavera; luego hablar de más de un año resulta ridículo. Y un pelín heroico considerar que lo suyo es intenso trabajo de investigación, y lo de EL PAÍS, el resultado de “una filtración fulminante y muy interesada”.

También considera ese diario que es absurdo insinuar cualquier conexión entre la publicación de los papeles y los intereses de Mario Conde. Es cierto que no hay pruebas; sin embargo, cabe recordar que el director de ese diario argumentó en su día que lo que daba credibilidad a las declaraciones de Amedo y los demás acusados era que conformaban “una versión coherente en la que cada pieza encaja con las demás”, mientras que el Gobierno de González había sido incapaz de aportar cualquier explicación alternativa mínimamente coherente. Éste fue precisamente uno de los principales argumentos de EL PAÍS en su denuncia de la guerra sucia a mediados de los ochenta: cuando los GAL mataban.

Ese diario tampoco ha sido capaz de presentar una explicación alternativa a la que se deduce lógicamente de la concatenación entre la existencia de unos papeles robados por Perote su utilización por un abogado de Conde como elemento de chantaje contra el Gobierno socialista, exigiendo impunidad y dinero para impedir su difusión, la publicación de algunos de esos papeles en EL MUNDO y la sistemática defensa en sus páginas de la tesis mariocondista -de él, de sus hagiógrafos y de sus empleados disfrazados de economistas independientes- de la intervención política de Banesto.

En fin, ese diario concluye afirmando que EL PAÍS ha estado siempre “en perfecta sintonía” con los acusados por los crímenes de los GAL, mientras que el periódico dirigido por Ramírez “ha hecho sistemáticamente lo contrario”. Cuando los GAL mataban, ese diario no existía, luego difícilmente pudo estar en contra entonces, como, desde luego, lo estuvo EL PAÍS. Y se conservan artículos de Ramírez y editoriales de periódicos dirigidos por él que revelan su actitud, como mínimo ambigua (con benevolencia), respecto a la posibilidad de emprender acciones directas contra los etarras en Francia. En cuanto a la actitud del periódico de Ramírez respecto a los acusados de organizar la guerra sucia, muchas veces ha estado en contra, pero otras ha cambiado el tono si los acusados, y aun condenados en firme, se mostraban dispuestos a colaborar con ese diario en el sentido deseado por su director. ¡Qué desnudez!

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