Durante la Dictadura militar (1976-1981) fueron robados niños de asesinados por aquel régimen que luego eran entregados a familias próximas a los milicos

La propietaria del Grupo Clarín, Ernestina de Noble, es encarcelada por un juez que investiga si sus hijos son ‘desaparecidos’

HECHOS

El 17.12.2002 el juez federal de San Isidro Roberto Marquevich ordenó la detención de la directora del diario Clarín y principal propietaria del Grupo Clarín, Dña. Ernestina Herrera de Noble.

clarin_detencionPortaDeNobleda de Clarín el día de la detención

EL PRESIDENTE DUHALDE RESPALDA A HERRERA DE NOBLE

duhalde_noble El presidente en funciones de Argentina, D. Eduardo Duhalde, criticó el modo de actuar del juez Marquevich al considerar que buscaba más el espectáculo que averiguar la verdad.

LOS PROGRAMAS DE LOS CANALES TRECE Y TN EN APOYO DE SU JEFA

tn_trece_noble Programas como ‘A Dos Voces’ que se emitía en el canal TN presentado por los Sres. Sylvestre y Bonelli, o los telediarios de Trece, presentados por Santos Biasatti, salieron en defensa de Dña. Ernestina Herrera de Noble, sacando informaciones sobre lo arbitraria que había sido esa orden de detención. La Sra. Herrera de Noble era la principal accionista del Grupo Clarín, al que pertenecían tanto el canal TN como el canal Trece.

12 - Enero - 2003

"Hay un sector político que quiere ir limpiando el terreno para adueñarse de todo el poder"

Estnestina Herrera de Noble

Estos dolorosos días me han dejado estremecida pero entera, fortalecida por la amarga experiencia de la cárcel. Me han acompañado el amor de Marcela y Felipe y el sentimiento de que este es uno de los momentos más importantes de mi vida: como madre y como directora de Clarín.

Quiero contarles por qué.

Me encuentro frente a dos realidades muy distintas. Primero, el deseo legítimo de las Abuelas de saber si mis hijos fueron arrebatados a detenidos-desaparecidos. Segundo, los abusos del juez Marquevich.

Muchas veces he hablado con mis hijos sobre la posibilidad de que ellos y sus padres hayan sido víctimas de la represión ilegal. Y siempre les he dicho que yo apoyaba la decisión que ellos tomaran. Tienen 26 años, son lo más importante de mi vida, una vida mucho más interesante, afortunada y prolongada de lo que jamás imaginé en mi juventud.

Son chicos muy emotivos, me adoran, pero también son celosos de su independencia, y conscientes de que deben conducir su propia vida. Los adopté cuando ya era grande y estaba sola, y los preparé para que pudieran arreglárselas sin mí. Estoy muy orgullosa de ellos.

Ellos saben que yo los adopté de buena fe, en un procedimiento legal y transparente, investigado una y otra vez por la Justicia. Mi adopción fue un acto de amor y de felicidad: ese es un lazo que nos une a los tres para siempre. Y la prisión injusta que he sufrido —primero en la celda y lue go en mi casa— reforzó aún más nuestra unión. Ese amor enaltecido por el sufrimiento compartido es lo mejor que les dejo: les da fuerza y confianza en ellos mismos ahora, y también cuando yo no esté.

Cualquiera que haya sido la razón por la cual los perdieron, Marcela y Felipe tienen el derecho de conocer quiénes han sido sus padres biológicos. Se trata de un derecho, no es una obligación. Y ejercerán ese derecho cuando tengan plena voluntad de hacerlo y si se sienten confiados en las condiciones de seguridad jurídica y científica en que lo hacen. Marcela, Felipe y yo tenemos mucha desconfianza del juez Marquevich. No así de las Abuelas, a ellas las considero totalmente aparte de cualquier especulación.

¿Pero por qué me encarceló el juez Marquevich?

Ustedes ya saben que él jamás me había citado y yo jamás me había negado a presentarme. ¿Temía que me fuera del país donde viven las personas que más quiero, donde soy querida y respetada?

¿Entendió que era mejor apartarme de la sociedad porque soy un peligro para mis vecinos?

¿Por qué se demoró en indagarme cuando estaban cumplidos todos los pasos para hacerlo?

No me conoce, nunca nos hemos reunido: ¿ tiene algo en mi contra?

Ya expliqué por qué siento que este es uno de los momentos más importantes de mi vida como madre. Ahora quiero explicar la importancia que este momento de prueba tiene para mí como directora de uno de los diarios más importantes del país, con toda la responsabilidad que eso conlleva.

Mi prisión forma parte de un plan que comenzó varios meses atrás y que tiene previstas muchas acciones más. Hay un sector político que quiere ir limpiando el terreno para adueñarse de todo el poder: su primer paso es destruir a los medios independientes y, de esa manera, hacer desandar todo el camino de libertad que el periodismo y la gente hemos construido desde el retorno de la democracia

Ese sector político —junto con algunos jueces, ex funcionarios, empresarios y gente de medios— cree que en una sociedad debilitada, donde la política está desprestigiada y no hay liderazgos, hay que barrer a los medios independientes para después hacerse del control de la sociedad.

Sé que ellos dicen que “no se puede gobernar con Clarín en contra”. Yo les respondo: lo que no se puede hacer es gobernar arbitrariamente si hay una sociedad informada por medios verdaderamente independientes.

Lo que nunca confesarán es que quieren instaurar una dictadura con apariencia de democracia, sin juntas militares. Y que saben que eso no es posible si medios de difusión como Clarín siguen diciendo la verdad, siguen investigando y denunciando lo que deben y siguen defendiendo a la gente.

Así lo demostraron investigaciones de Clarín que tuvieron repercusión nacional e internacional y que son insoslayables para entender nuestro dolorido fin de siglo.

Mi prisión tuvo el valor de poner todo esto de relieve. Por eso la soporté entera y con orgullo. Y así soporto hoy un proceso judicial tan injusto como mi prisión.

Les digo que sufro más por mis hijos, que padecen por mí, que por mi situación personal. Sufro también porque veo su intimidad al aire libre, tironeada por especulaciones políticas y por deseos legítimos que terminan envueltos en esas mismas especulaciones.

Me consuela pensar que a Marcela y a Felipe esto los templará en la vida y les enseñará a luchar por los que aman y por cumplir con su misión en la sociedad: por hacer bien su trabajo.

El mío es preocuparme por la gente. Conducir un medio que defienda la democracia, conducirlo para que siga siendo una herramienta al servicio de la gente.

Eso lo pienso seguir haciendo toda la vida.

Ernestina Herrera de Noble

29 - Diciembre - 2002

¿De quién son los hijos de la señora?

Francesc Relea

Los policías cruzaron la puerta y entraron en el salón de la casa. La señora no daba crédito a lo que veía. “Queda usted detenida”, dijo en forma escueta el comisario Carlos Sablich mientras exhibía una orden judicial. Todo sucedió la tarde del pasado 17 de diciembre en la localidad de Martínez, en la provincia de Buenos Aires, donde tiene su mansión Ernestina Herrera de Noble, directora y propietaria del diarioClarín, símbolo del poder periodístico en Argentina y en América Latina. Durante 66 horas la señora estuvo bajo arresto en la unidad policial de Delitos Complejos, después de ser fichada en el Departamento Central de la Policía, hasta que el juez autorizó la detención domiciliaria.

Los presuntos delitos cometidos por la imputada se refieren a falsificación de documento público, falsedad ideológica, uso de documento público falso e inserción de datos falsos en un documento civil. Todos ellos tienen su origen en los trámites de la adopción de sus dos hijos, Marcela y Felipe, en 1976. El tribunal federal de San Martín levantó la orden de arresto domiciliario de Ernestina Herrera, que está a la espera de que el juez que decretó su detención, Roberto Marquevich, resuelva en los próximos días sobre su situación procesal. Mientras tanto, la libertad de la directora de Clarín es relativa, a la luz de las restricciones dictadas por el juez: no puede salir de su casa por más de 24 horas ni abandonar el país sin pedir autorización al juzgado y tiene que abstenerse de tomar bebidas alcohólicas.

El juez Marquevich, titular del juzgado federal número 1 de San Isidro es un viejo conocido de los medios de comunicación por la repercusión que han tenido algunas de sus decisiones. La de mayor relieve fue la detención y procesamiento del ex dictador Jorge Rafael Videla por apropiación y suplantación de identidad de bebés nacidos en los campos de concentración clandestinos del régimen militar. Nadie derramó una lágrima por el anciano general ni por ninguno de los apropiadores de bebés procesados por el juez en 14 causas. El robo de hijos de opositores a la dictadura es uno de los crímenes más aborrecibles de cuantos cometieron los militares.

Pero dictar una orden de detención contra la señora Ernestina Herrera, de 77 años, presidenta de uno de los mayores grupos multimedia de América Latina y viuda del abogado, legislador y periodista Roberto Noble, fundador del diario Clarín, son palabras mayores. Más aún si la detención está vinculada con una vieja denuncia de que sus dos hijos adoptivos, Felipe y Marcela, podrían ser hijos de detenidos-desaparecidos durante la última dictadura militar (1976-1983).

No hay duda de que se ha tocado un poderoso resorte de la estructura de poder en Argentina. A la vista está el alcance de la reacción corporativa, que incluye a empresarios, periodistas, políticos, sindicalistas, obispos y jueces. Con escasos matices han calificado de “abuso judicial” y “decisión arbitraria” la detención de la directora deClarín, lo que no es sorprendente en un país donde el poder judicial está seriamente cuestionado por su demostrada falta de independencia. Hasta el presidente Eduardo Duhalde ha salido a la palestra para criticar indirectamente al juez. Marquevich no ha tardado en responder al jefe del Ejecutivo: “Me sorprende que un presidente de la República, que es un intruso del poder judicial, pueda sin conocimiento de un renglón de la causa decir que ha sido mal tratado el tema, lo que demuestra cómo está el país”. En la ola de solidaridad con la señora Herrera llama la atención el hecho de que casi ningún comunicado entra a rebatir las causas de la detención y buena parte de ellos se dedican a descalificar al juez Marquevich, a quien identifican con capítulos oscuros y personajes turbios de la historia reciente argentina. El rotativo reflejó hasta los años setenta las ideas del movimiento desarrollista, auspiciadas por Arturo Frondizi y la Unión Cívica Radical (intransigente). Roberto Noble falleció en 1969 y la viuda heredó, no sin controversia, una fortuna y un poderoso medio de comunicación que se estaba convirtiendo en la principal referencia en Argentina. Desde entonces ocupa la dirección del diario, un cargo que en el caso de Clarín es más formal que ejecutivo.

En marzo de 1976, los militares tomaron el poder en un golpe que abrió un ciclo de terror. Aquel mismo año, según consta en el expediente judicial, Ernestina Herrera adoptó a dos niños, Marcela y Felipe. Veintiséis años después, el juez Marquevich desentierra una causa a raíz de la querella que presentó a comienzos de 2001 la asociación Abuelas de Plaza de Mayo. Alcira Ríos, abogada de Abuelas, explica que la asociación ha recibido desde 1985 “denuncias de que los hijos adoptivos de la señora Herrera de Noble eran hijos de desaparecidos, y que se los había dado el general Camps. Otras denuncias dicen que se los dio monseñor Plaza, que fue obispo de La Plata y colaboró activamente con la represión”.

El voluminoso sumario en manos del juez Marquevich tiene dos partes claramente diferenciadas. La que se refiere “a los dos expedientes que fueron falsificados para obtener la inscripción en el registro y retener a estos chicos” y la que plantea el interrogante del origen familiar de los dos hijos adoptivos. “Nosotros siempre advertimos a los familiares que presentan una reclamación que hasta que no tengamos los resultados de los análisis no podemos saber que es el nieto”, dice la abogada Ríos. “En los casos de Felipe y Marcela hay serias presunciones de que pueden ser los que buscamos”.

El abogado de la directora de Clarín, Eduardo Padilla, reconoce que las Abuelas de Plaza de Mayo han pedido desde hace años los exámenes genéticos a los dos hijos adoptivos. “Se les dijo: ‘¿ustedes tienen elementos objetivos que hagan sospechar que estos chicos son hijos de desaparecidos? Tráiganoslos, vamos a analizarlos’. En aquella época los chicos eran menores, por lo tanto, era la señora quien iba a tomar la decisión. No llegó nunca a tomarla porque las Abuelas nunca vinieron con datos concretos. Las Abuelas cuando denuncian, denuncian en el aire. No han mostrado ningún dato”. La realidad es que desde que Marcela y Felipe son mayores de edad se han negado repetidamente a los requerimientos de las abuelas y del juez a someterse a los análisis de sangre. Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, no cree que sea una actitud totalmente libre. “Creo que estos chicos están condicionados en su respuesta cuando dicen que sufren. Acá no hay duda de que están como esclavos”.

Los abogados de una y otra parte están en las antípodas a la hora de evaluar la actuación del juez Marquevich. No podía ser de otro modo, en un caso donde se respira desconfianza entre unos y otros. “Siempre actuó impecablemente en el caso de niños, jóvenes, hijos de desaparecidos. No podemos opinar sobre otras causas”, señala Alcira Ríos. El abogado de Clarín, Eduardo Padilla, replica que el juez ha condicionado sobremanera a los hijos a la hora de decidir sobre los análisis. “Ha indagado y ha metido presa a la señora, le ha dicho que él hubiese querido que estuviera detenida durante todo el proceso por falsificación de documentos públicos, y acá los procesos duran muchos años. ¿En qué circunstancias los hijos Marcela y Felipe deben tomar la decisión? No es una circunstancia de consulta amigable”. Añade el abogado: “Antes de la denuncia penal, si a los chicos se les hubiese planteado realizar el ADN quizá habrían dicho sí. Pero las Abuelas, por ejemplo, dijeron que el doctor Marquevich las invitó a presentarse en el expediente. Ellas se presentan invitadas por el juez. ¿Cree que ese expediente me da tranquilidad? El juez, que debe ser imparcial, invita a una parte como querellante”.

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