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Los conservadores tradicionales, derrotados en la primera vuelta, optaron por respaldarle en la segunda para garantizar la derrota de Massa

Elecciones Argentina 2023: Javier Milei, considerado ‘ultraliberal’ logra la presidencia venciendo al peronismo y a la derecha tradicional

HECHOS

  • El 22 de octubre de 2023 se celebró la primera vuelta.
  • El 19 de noviembre de 2023 se celebró la segunda vuelta.

Estas elecciones ponen fin al mandato de D. Alberto Fernández como presidente y la peronista Dña. Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta (condenada por corrupción en diciembre de 2022), que fueron el ticker ganador en las últimas elecciones presidenciales de 2019.

Resultados primera vuelta:

  • Sergio Massa (FR Unión por la Patria) – 9.853.492 votos.
  • Javier Milei (PL La Libertad Avanza) – 8.034.990 votos.
  • Patricia Bullrich (PRO Juntos por el Cambio) – 6.379.023 votos.

Resultados segunda vuelta:

  • Javier Milei (PL La Libertad Avanza) – 14.476.462 votos.
  • Sergio Massa (FR Unión por la patria) – 11.516.142 votos.

Los resultados vistos por las tapas de los principales diarios argentinos.

20 Noviembre 2023

La bronca por el presente le ganó al miedo

Ricardo Kirschbaum

El miedo al presente fue muy superior que el miedo al futuro. La explicación del voto masivo en favor de Javier Milei se encuentra allí: el hartazgo de la mayoría de la sociedad con la realidad cotidiana y con el fuerte deseo de cambio. Un contundente voto contra del gobierno que corporizaba el fastidio popular. Ese estado de ánimo extendido por todas las provincias y especialmente por la de Buenos Aires, que era la principal carta que jugaba el ministro de Economía para equiparar las ventajas que Milei obtendría en Córdoba, Mendoza, Corrientes, Santa Fé y en la Capital. La exigua diferencia en la provincia fue una sorpresa enorme. La otra sorpresa la dió el norte del país, salvo en Santiago y Formosa, donde también ganó Milei. El resultado se construyó además con un mayor presentismo en la votación y con la fiscalización, otro punto en el que la ayuda del PRO fue fundamental.

La magnitud de la victoria se sustentó en el claro deslizamiento del voto peronista hacia el libertario. De lo contrario, es imposible encontrarle explicación certera a las cifras que alcanzó Milei en lugares que habían largamente demostrado ser bastiones del oficialismo. Se logró a pesar del uso indiscriminado de los resortes y fondos del Estado en la campaña de Massa. El mismo fenómeno atravesó al radicalismo: sus afiliados y seguidores desoyeron la “neutralidad” decidida por la conducción de la UCR para inclinarse por La Libertad Avanza.

Hace tiempo que los partidos políticos han perdido centralidad y peso específico. La disciplina partidaria es una antigüedad y ya carece de relevancia.

El nuevo presidente -lo reconoció en su discurso- debe su elección a que la recomposición en los hechos de la oposición, dividida como estaba entre La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio, fue clave para alcanzar una victoria por más de 11 puntos. El acuerdo de Macri y Bullrich con Milei, cuando todavía el libertario estaba atónito por la pole position de Massa en la primera vuelta, fue casi una jugada de jaque mate. El volumen de votos que recibió de esa cantera fue determinante en el balotaje.

También se verificó aquí una constante regional: los oficialismos han perdido casi todas las elecciones. Y como la Argentina no se priva de nada, ahora se inaugura esta experiencia inédita: poner en la Casa Rosada a un dirigente sin experiencia política, con recetas ultraliberales, que tiene ahora la tarea de armar su equipo de gobierno y construir una política en un escenario político y legislativo entre fragmentado y muy fragmentado. La coalición electoral que lo depositó en la Casa Rosada ¿se convertirá en una coalición de gobierno o serán dirigentes sueltos? Macri, como se recordará, resistió a esa idea aunque después responsabilizó a sus aliados radicales de no haber podido avanzar en las reformas.

Milei tendrá por ahora un ancho campo de acción y habrá que ver si cuenta con una muñeca política para convertir el tumulto que es su sector en una corriente política que, dentro de las reglas de la democracia y del sistema, pueda operar en una situación crítica como es la que hereda el nuevo gobierno.

Se descuenta un acuerdo en el Congreso entre el PRO y Milei, mientras que los legisladores radicales por ahora han manifestado genéricamente la voluntad de ser “opositores”. Se deberá medir el impacto que tuvo el resultado del balotaje sobre esa posición previa.

El interrogante central es si el holgado resultado de ayer abre una nueva época política en la Argentina. El voto popular, ya se ha dicho, ha sido contra el gobierno de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa, que constituyeron las patas de un acuerdo que les permitió ganar por varios puntos la elección de 2019.

El presidente electo, en su discurso leído, ha hecho una convocatoria genérica para allanarle el camino a los que necesita incorporar para poder gobernar. Algunos sindicalistas, como el incombustible Armando Cavalieri, ya se han anotado en el apoyo. Como Barrionuevo, el dirigente mercantil tiene un pragmatismo blindado.

La intención de Milei de entregarle el manejo de los planes sociales a algunos dirigentes gremiales al parecer se mantiene.

¿Qué ocurrirá en el peronismo? Cuando triunfó Massa en la primera vuelta, apareció solo en el escenario para dar su discurso. Ayer, en la derrota, el candidato salió acompañado por las principales corrientes del peronismo, incluido Máximo Kirchner, Kicillof y Héctor Daer, uno de los titulares de la CGT. El mensaje es claro: perdieron todos. La ausencia de Cristina ha sido un clásico de esta campaña y tampoco dio la cara en la derrota como si fuera ajena a esta debacle electoral. Porque la madre de la criatura, la que inventó la fórmula con Fernández, la que fulminó a Wado de Pedro como candidato y bendijo al ministro, fue la Vicepresidenta. Así que Cristina también estuvo tácitamente en el estrado, aunque haya tomado distancias.

Massa ha advertido los riesgos de quedarse definitivamente sin ningún poder. Definirá hoy si sigue en Economía hasta el 10 de diciembre, como debería, luego de la reunión que mantendrá Milei con Fernández en Olivos. El presidente electo ya advirtió que no hay espacios para el gradualismo por lo delicado de la crisis. Y Massa no querría hacerse cargo de decisiones que reclamaría Milei antes de asumir. El frustrado candidato oficialista trata de evitar también salir más magullado. Su meta es tratar de reagrupar fuerzas en el peronismo, donde se avecina un pase de facturas fenomenal.

Los pocos indicios que dio Milei en su discurso sobre las medidas a tomar han sido para anunciar que se instrumentarán reformas en el Estado para achicar gastos y atacar el déficit. Para el libertario, todos son gastos políticos que deben ser reducidos.

El nuevo gobierno, aún con el amplio apoyo electoral obtenido en el balotaje, tiene poco tiempo porque corre contra la impaciencia. Esa cuenta atrás ha comenzado prácticamente cuando acabó el escrutinio.

El período de gracia de una nueva administración se agota muy rápido. Y los avances en los recortes presupuestario despertará resistencias.

Milei se atajó anoche en su discurso de esas resistencias y de futuros e inevitables desafíos citando a Juan Domingo Perón: “Dentro de la ley, todo; fuera de la ley, nada”.

Recuerdos del futuro.

 

20 Noviembre 2023

Un país harto eligió otra cosa

Joaquín Morales Solá

La sociedad argentina decidió abandonar el territorio conocido para adentrarse en un tiempo político cargado de innovaciones

Cayó vencido por su propia artimaña. Sergio Massa fue sepultado ayer por una avalancha de votos a favor de Javier Milei, el candidato que él ayudó a crecer para dividir a la oposición y arruinarle la vida a Juntos por el Cambio. La sociedad argentina debió entrever esa treta, porque ayer decidió abandonar el territorio conocido, ciertamente devastado, para adentrarse en un tiempo político novedoso, cargado de innovaciones. Son esos instantes en que una clara mayoría social prefiere salir de donde está, por la puerta que fuere, porque intuye que cualquier alternativa será mejor que la que le tocó padecer hasta ahora.

La Argentina también se reconcilió ayer con la lógica política, que había desafiado en las elecciones de este año como un enajenado que desconoce la ley de la gravedad. No porque le haya dado el triunfo a Milei, sino -y sobre todo-, porque no premió a un ministro de Economía de una economía desquiciada. Durante la gestión de Massa, la inflación se duplicó, el precio del dólar paralelo se cuadriplicó y la pobreza se abatió sobre un número importante de argentinos, entre tres y cuatro millones de personas más, según cómo se la mida. ¿Podía el jefe de una economía tan destruida ganar la presidencia de la Nación? Si eso hubiera ocurrido, deberíamos estar haciéndonos ahora preguntas más profundas, ya no solo sobre la política, sino también sobre las condiciones de una sociedad muy particular. Pero eso no sucedió.

Es cierto que ningún otro candidato a presidente (ni siquiera los dos Kirchner y su proverbial desparpajo político) había usado con tanto descaro los recursos del Estado en beneficio propio como lo hizo Massa. Las últimas semanas del ministro fueron una oscilación permanente entre el supuesto estadista consensual y abierto, como quería ser reconocido, y el candidato que gasto más de 2 puntos del PBI -una cifra monumental- en provecho de sus intereses personales, que es lo que realmente fue. Ni siquiera se privó de cerrar su campaña electoral en un colegio público que está, además, bajo la jurisdicción de la Universidad de Buenos Aires, como es el secundario Carlos Pellegrini. Las universidades son por definición un mosaico diverso de ideas y, más que nada, ajenas a la interferencia de los gobernantes políticos.

Nada detuvo a Masa. Atravesó toda la campaña electoral sin detenerse ni un instante en la audacia ni en la provocación de sus actos como candidato y ministro de Economía. Eso lo llevó hasta la inexplicable cima donde habitó hasta anoche. Suficiente. Milei lo vapuleó con una derrota de más de once puntos porcentuales, que no es habitual en los balotajes, en lo que se gana o se pierde, por lo general, por dos o tres puntos. Las provocaciones de Massa ni siquiera concluyeron cuando tomó nota de que había perdido de mala manera. Dijo cuando aceptó la derrota, antes de que se conociera cualquier dato oficial, que desde el lunes la economía dependerá del presidente electo; es decir, de Milei. Falso. La economía seguirá dependiendo, hasta el 10 de diciembre, del actual ministro de Economía; es decir, de Massa. Milei solo podrá hacer contribuciones verbales a la serenidad de las cosas, pero no tendrá hasta que asuma la jefatura del Estado ningún recurso fáctico para aplicar sus políticas, buenas o malas.

Fue tal la magnitud de la derrota que Massa ni siquiera podrá echar mano a su plan B, que consistía en encabezar la renovación del peronismo. Un peronista que perdió de esa manera ante un político aficionado difícilmente podrá consumar el crimen político de Cristina Kirchner, de su hijo Máximo y de La Cámpora. No obstante, los allegados a Massa sostenían anoche, entre anonadados y desafiantes, que su líder proyectaba colocarse al frente de la renovación peronista y que para eso cuenta con el beneplácito de los gobernadores de su partido. ¿Cuenta o contaba? Massa debió describir ante los mandatarios un resultado probable muy cercano a Milei, aún con el triunfo de este, y por eso los complicó en su conspiración contra los Kirchner. Pero lo de anoche fue un desastre electoral sin paliativos; un resultado parecido se vivió solo en 2011 con la reelección de Cristina Kirchner, pero en beneficio de ella, no en contra. Una cosa es que Massa haya quedado debilitado para enfrentar a Cristina; otra cosa es que ella haya recobrado fuerza. Eso no es cierto. Ella está más débil que nunca, expuesta a la ambición de un peronista eficiente dispuesto a desbancarla del liderazgo partidario. Acaba de hacer lo que hizo siempre: pretende refugiarse detrás de la sotana de papa Francisco. Otra vez quedó claro que los políticos argentinos no piensan en el pontífice, sino en la conveniencia supuesta de ellos mismos.

Si la señora de Kirchner no puede presentarse a una elección por la homérica mala imagen que la acompaña, ¿por qué lo somete al Papa a ese contagio innecesario? Porque le conviene. No hay otra explicación. Desde 2015, Cristina intentó varias veces verse con el jefe de la Iglesia católica, sobre todo cuando arreciaban las investigaciones judiciales sobre ella. El Papa evitó siempre ese encuentro, pero ahora se lo está pidiendo quien es todavía la vicepresidenta de su país.

Las sobreactuaciones en el teatro, en la vida o en la política terminan mal. Un analista de opinión pública señalaba el viernes pasado que la campaña del miedo de Massa había pasado todas las barreras existentes de la prudencia. Miedo a quedar sin salud (la salud se está cayendo ahora); miedo a no poder vacunarse (justo ellos que les esquivaron a las vacunas más eficaces contra el Covid); miedo a perder los subsidios para el consumo de energía eléctrica y gas (Massa aumentó considerablemente esas tarifas), y miedo hasta de quedarse sin transporte. Todos esos miedos fueron instalados y machacados con insistencia ante argentinos que ya surfean una tragedia, y que no estaban dispuestos a tenerle más miedo al porvenir que a la realidad dura, visible y tangible que viven. Massa ya se había pasado de pícaro cuando en el último debate, una semana antes del balotaje, jugó con Milei como un viejo político, baqueano de todos los artificios, frente a un inexperto que casi no se pudo defender. Los profesionales de la política dijeron que Massa había ganado el debate, pero la gente común se solidarizó con la víctima, con ese Milei arrinconado por un profesional de las zancadillas.

Milei es un interrogante sin respuestas. Su única oferta consistió en que él significa el cambio, y su carta de presentación dice que es un hombre sin pasado en una política que clamaba por algo nuevo. No necesitó nada más ante una sociedad que se cansó (se hartó, más bien) de buscar entre las alternativas de la política clásica. El final de anoche boceta el país de la sociedad enojada, fatigada y decepcionada que venían describiendo los analistas de opinión pública más serios. Las tres encuestadoras más prestigiosas del país (por estricto orden alfabético: Aresco, dirigida por Federico Aurelio; Isonomía, bajo la conducción de Juan Germano y Pablo Knopoff, y Poliarquía, conducida por Eduardo Fidanza y Alejandro Catterberg) habían anticipado el viernes un triunfo de Milei por una diferencia cercana al siete u ocho por ciento con respecto de Massa. El desastre oficialista fue peor: Milei superó en 11,39 puntos porcentuales a Massa.

Sabemos muy poco de Milei. Él conoce de economía (sobre todo de macroeconomía), pero es evidente que le falta experiencia política, carencia que fue precisamente lo que valoró la sociedad. En adelante podrá inclinarse hacía una política dialoguista e institucional como la que propone su principal asesor político, Guillermo Francos, tal vez su ministro del Interior, y su eventual canciller, la reconocida economista Diana Mondino, o dar rienda suelta a su carácter aparentemente volcánico. Pero, ¿es cierto ese carácter o fue parte de su mejor estrategia electoral? ¿Acaso, pudo ser durante quince años jefe del equipo de economistas de unos de los hombres más ricos del país, Eduardo Eurnekian, quien se deja llevar fácilmente por los humores del momento? Difícil, sino imposible. Por algo, eligió a Francos y a Mondino (para poner solo dos ejemplos) y no a cascarrabias como él aparentaba ser. De todos modos, asumirá también el presidente parlamentariamente más frágil desde la restauración democrática. Nunca desde 1983 hubo un presidente con solo 39 diputados y ocho senadores, menos del 20 por ciento de la Cámara de Diputados y poco más del 10 por ciento del Senado. Demasiado poco.

Las negociaciones y los acuerdos serán obligatorios y permanentes. Además, sus propuestas más controversiales necesitan de la aprobación del Congreso. Otras, como la aniquilación del Banco Central o la dolarización, requerirán de una reforma de la Constitución, que estipula que habrá un “banco estatal” que se encargará de “emitir moneda y de fijar su valor”. Queda claro que ambas cosas, el Banco Central y la moneda nacional, están en la Constitución. Una reforma de la Constitución necesita que los dos tercios de cada cámara del Congreso disponga la necesidad de abrir la ley de leyes. Solo dos líderes con el peso político y parlamentario de Raúl Alfonsín y Carlos Menem pudieron en los tiempos modernos cambiar algunas cosas de la Constitución, no su preámbulo ni su declaración de derechos y garantías.

Mauricio Macri y Patricia Bullrich pudieron anoche mirarse al espejo y decir que ellos habían percibido mejor que otros el estado de ánimo de la sociedad. De hecho, según casi la unanimidad de los encuestadores, Milei comenzó una irrefrenable curva ascendente en la intención de votos cuando recibió el apoyo de Macri; sectores sociales importantes dedujeron que el expresidente podría resolver la inexperiencia del candidato libertario. Quizás Macri lo sabía o lo intuyó porque en sus últimas apariciones públicas subrayó que su apoyo a Milei estaba condicionado a la racionalidad de las políticas y las propuestas de este. Pero lo supo el propio Milei, que anoche agradeció especialmente el apoyo de Macri y de Bullrich cuando ya se conocía la dimensión de su victoria. El candidato libertario pudo arrastrar hacia él todos los votos que cosechó laexcandidata presidencial en la primera vuelta, y también algunos votos que fueron de Juan Schiaretti. Milei y Macri hablan más de lo que se sabe; el líder libertario lo llama “presi” en la intimidad al exjefe del Estado.

Debe reconocerse, no obstante, que Juntos por el Cambio no será como fue. Anoche mismo, Elisa Carrió anunció su alejamiento de esa coalición cuando la consideró “rota” y adelantó que su partido “recobraba su plena autonomía”. En palabras simples: ella y la Coalición Cívica ya no están en Juntos por el Cambio. El radicalismo se expresó de maneras muy distintas. El gobernador electo de Mendoza, Alfredo Cornejo, un candidato para reemplazar a Gerardo Morales en diciembre en la presidencia del radicalismo, saludó con párrafos cordiales el triunfo de Milei. Otro candidato a liderar el radicalismo, el gobernador de Corrientes, Gustavo Valdés, informó temprano que en su provincia había ganado Milei. Gerardo Morales, Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti, que expresan a la franja más cercana a Massa entre los radicales, guardaron prudente silencio. Ni siquiera es posible asegurar que Pro, el partido fundado por Macri, seguirá siendo tal como fue. También Macri debió advertir que la coalición que él acompañó a construir ya no sería la misma. El fin de semana pasado, le dedicó un duro tuit a Gerardo Morales, que este le contestó de la peor manera.

El peronismo y Juntos por el Cambio se reconfigurarán de tal manera que, seguramente, dentro de poco nadie los reconocerá. El peronismo se sacudirá de kirchnerismo y es probable que, como sucedió siempre con ese partido, el liderazgo nuevo llegue también con propuestas de cambios en la dirección en que camina el mundo. Sería una buena noticia si la política local empezara a debatir según los paradigmas de las grandes naciones; si dejará de lado definitivamente la triste y caótica excepcionalidad argentina.

20 Noviembre 2023

Pobre patria mía

Jorge Fontevecchia

La ética es una óptica. Una visión de lo útil y de lo infructuoso. Y no del bien  y el mal como categorías absolutas. Lo desbordado aspira el infinito y cae siempre en infinición.

“La violencia no consiste tanto en herir y aniquilar cuanto en interrumpir la continuidad de las personas; en hacerlas representar papeles en los que no se reconocen, en hacerlas traicionar no solo sus compromisos sino su propia sustancia”, escribió Emmanuel Lévinas en Totalidad e infinito.

El pasaje de la potencia a la omnipotencia es ese infinito.

El deseo de totalidad no llena sino que ahonda. Se termina saliendo de sí.

“Si suprimes la alteridad, estará lo uno indistinto y el silencio”, decía Platón. El papel del contrario es completarnos.

La verdad está repartida, nunca se puede acceder a ella en su totalidad.

La forma de eliminar la duda es no interrogarse más. Eso es la certeza del que no duda.

Estos párrafos son para fundamentar  someramente por qué no creo en el éxito de Milei como presidente.

Para qué Milei. Mis primeras reflexiones están teñidas de mi propia desesperanza.

Que una parte significativa de la sociedad, fruto de su profunda desesperanza, adhirió a una utopía creyéndola realizable y pronto se desilusionará al comprar su imposibilidad.

Y que otra parte de la sociedad, aun consciente de que no existen las efectividades conducentes para instrumentar las ideas de Milei, está dispuesta a correr el riesgo de castigarse a sí misma para sentir el goce de herir a quienes hace responsables de la acumulación de sus heridas.

Tratando de encontrarle un sentido, apelo al concepto de Hegel la “astucia de la razón”, que conduce las decisiones de las sociedades hacia actos, que aunque resulten contraintuitivos tienen una finalidad, aun en su negatividad, necesaria para desarrollar procesos que son inevitables para su superación.

Francamente me cuesta encontrarle sentido y mantener algún optimismo.

En su libro Esperanza sin optimismo, Terry Eagleton sostiene que “el optimismo está más relacionado con la confianza que con la esperanza” y no es posible tener esperanza sin el sentimiento de que las cosas en general van a salir bien.

Y creo que en general las cosas no van a salir bien. Comenzando por las tres semanas que faltan hasta el día que asuma Javier Milei la presidencia. En su discurso, en lugar de anunciar quién será el encargado de coordinar la transición del gobierno actual con el suyo, se desresponsabilizó por completo de las consecuencias económicas que tendrá ese vacío de poder luego de decir: “La situación de Argentina es crítica, no hay lugar para gradualismo”.

Para que no queden dudas agregó: “Nos dirigimos derecho a la peor crisis de nuestra historia” y concluyó  haciendo sonar la canción de La Bersuit Se viene el estallido.

Si cuando Milei triunfó con solo dos puntos de diferencia en las PASO hubo una devaluación inmediata, aumento de la inflación y una semana de intercambios comerciales detenidos por falta de precios, las tres semanas que restan pueden ser literalmente negras.

Más allá de formalizar la renuncia  de Sergio Massa como ministro de Economía, es cierto que su condición de candidato presidencial le permitía actuar como virtual presidente y su poder se esfumó con la derrota. La ironía: “Con la versión de su eventual licencia, Massa lo que está anunciando es que reasume la presidencia Alberto Fernández”, representa la lógica de los acontecimientos que se orientan en esa dirección comenzando con la reunión que los presidentes saliente y entrante mantendrán hoy.

“Ay, pobre patria mía”, habrían sido las últimas palabras de Manuel Belgrano. No encuentro mejores para transmitir mi sentimiento actual.

Ojalá me equivoque.

by BeHappy Co.