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La que fuera cuidadora de su hija hacía referencia en la revista a que tenía 'granos en la cara'

Isabel Preysler demanda a la revista LECTURAS y causa una guerra judicial entre el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional

HECHOS

El 26.06.1989 la revista LECTURAS inició la publicación por fascículos de un reportaje de Dña. Alejandra Martín, sobra sus vivencias con Dña. Isabel Preysler, para la que había trabajado como niñera de su hija, Dña. Tamara Falcó.

Caso Lecturas: Cuando unos granos desataron el peor enfrentamiento entre los más grandes tribunales españoles

Las palabras ‘Lecturas’, ‘Sentencia’ y ‘Supremo’ aún provocan respingo a algunos magistrados de justicia, teniendo en cuenta que un pleito sobre aquella revista causó el mayor enfrentamiento judicial entre los dos principales tribunales españoles, el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional, que aún se estudia en ambientes académicos sobre las competencias entre uno y otra sala: ‘el caso Lecturas-Preysler’.

Resulta que una ex niñera de la célebre filipina Isabel Preyslar (célebre por su relación primero con el cantante Julio Iglesias y luego con el marqués de Griñón y finalmente con el político Miguel Boyer), llamada Alejandra había salido rebotada de sus labores y escribió un artículo contra ella titulado ‘La Cara oculta de Isabel Preysler’ que incluía la frase “granos que le salen de la cara”. Tras intentar sin éxito colocar el artículo en La Revista de Jaime Peñafiel de Zeta (nunca quedó claro si por motivos de ética – como dijo Peñafiel  entonces – o si fue más por falta de acuerdo en la cuantía) su texto apareció en Lecturas, provocando la consiguiente querella de la filipina.  Tras años de proceso judicial y unas condenas en primera instancia el asunto llegó al Tribunal Supremo que acordó la absolución de la revista Lecturas considerando que hablar de los granos de la cara no era catalogable “ni de lejos, como atentatorios graves a la intimidad” sino simplemente “chismes de escasa entidad”

Pero el lio se montó en 2000, cuando el tema llegó al Tribunal Constitucional – Preysler apeló a ellos por considerar atentados ‘derechos fundamentales’ – y este revocó la sentencia del Supremo, obligándoles a retomar el caso, considerando que debía condenar a Lecturas a indemnizar con 60.000 euros a Preysler estimando que aquel tema de los granos sí suponía un atentado contra la intimidad causado por la ex empleada y la revista. El Tribunal Supremo revisó el tema ese mismo año 2000 pero decidió limitar la indemnización a unos 200 euros (los titulares la prensa de la época no podían ser más hilarantes: “Preysler indemnizada con 25.000 pesetas por un artículo en el que se decía que tenía granos”).

La gresca judicial continuó y en septiembre de 2001 el Tribunal Constitucional volvía a revocar la sentencia del Supremo considerando que su indemnización era ‘testimonial’ y volvía a establecerla en 60.000 euros. Además en su resolución el TC incluía una línea-mamporro al TS diciendo que adoptó su decisión ‘sin valorar las circunstancias del caso’ y lesionando a la parte demandante. En una situación sin precedentes como si de una lucha política se tratase, el Tribunal Supremo replicaría al TS dos meses después a través de otra sentencia (sobre Diez Minutos) en la que decía literalmente que el Tribunal Constitucional en el tema Lecturas mantenía “una conducta ‘negligente’ transgrediendo la legalidad por invadir las funciones jurisdiccionales” del TS. El Supremo ridiculizaba se la sentencia de 60.000 euros (10 millones de las antiguas pesetas) considerando absurdo que aludir a los granos de la cara costara “el doble que un homicidio imprudente”.

La clase política y mediática siguió atónita aquella bronca de TC y TS. Desde que nació el TC parecía inevitable su choque con el TS por sus competencias (el TS considera que ellos son el máximo órgano judicial reservando para el TC casos excepcionales, mientras que el TC aparecía para muchos como una ‘tercera sala’), pero lo que nadie pensó fue que el caso judicial que causaría el tan esperado estallido sería no un tema político, sino un tema del corazón. La escalada de tensión entre salas llegaría a su cenit cuando, en 2004, por un asunto aparentemente menor, el Supremo multó a los once jueces del Constitucional con 500 euros cada uno en una sentencia nunca ejecutada.

La época de cornadas entre salas judiciales ha quedado atrás, no obstante muchos magistrados tardarán en olvidar aquel ‘caso Lecturas’. En las hemerotecas quedan inolvidables artículos como aquel de Alfonso Ussía pidiendo a la revista que publicara un comentario sobre su acné porque “esas pesetillas por daño moral no me vendrían mal”.

J. F. Lamata

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