25 marzo 2004
Rumores de ruptura entre Anson y el presidente del Grupo Planeta, por la intención de este último de mantener buenas relaciones con la Generalitat de Catalunya
Luis María Anson reemplazado por Mauricio Casals en la presidencia de LA RAZÓN tras su portada contra Carod Rovira
Hechos
- El 24.03.2004 el diario LA RAZÓN anunció que D. Mauricio Casals había sido nombrado por el Consejo de Administración Audiovisual Española, la empresa editora del periódico, nuevo Presidente del periódico de LA RAZÓN reemplazando a D. Luis María Anson, que pasaba a ocupar el cargo honorífico de ‘Presidente-Fundador’.
Lecturas
PROTAGONISTAS DE LA SITUACIÓN DE LA RAZÓN DEL AÑO 2004
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¿MOTIVOS DE LA RUPTURA?
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EL ‘CAMBIO’ EN OTROS MEDIOS
El diario LA RAZÓN informó muy discretamente del cambio en la presidencia del periódico. Con un pequeño recuadro si fotografía. En cambio, EL PERIÓDICO de Catalunya del Grupo Zeta (que intentó en balde comprar LA RAZÓN), dedicó una columna de gran tamaño a informar de lo sucedido con foto del relevado.
En el diario EL PAÍS, en un artículo titulado ‘Cobardía’ sobre Estados Unidos, D. Eduardo Haro Tecglen dejó caer el cambio: «Ah, ya ha cesado Anson en la presidencia de LA RAZÓN – nombre paradójico, contradictorio – cae hacia arriba, y por él me alegro: siempre quise que le pasase lo mejor» (EL PAÍS, 26-3-2004)
05 Noviembre 2004
Seis años después
Apenas he introducido variaciones en el artículo que publiqué el año pasado al cumplirse el quinto aniversario de LA RAZÓN. Porque, en efecto, nada me ha hecho disfrutar tanto a lo largo de mi vida profesional como la fundación de este diario. Desde que se anunció su salida hasta su aparición, transcurrieron tres meses de éxtasis periodístico. El ejercicio profesional más interesante para mí el de la agencia EFE. Difícil será encontrar algo comparable en nuestra profesión a rastrear una noticia, perseguirla con la nariz pegada a la tierra como el sabueso y soltarla después, igual que a un pájaro, sin saber qué rumbo va a tomar en los periódicos impresos, hablados o audiovisuales. La puesta en marcha de la televisión digital, periodismo del siglo XXI, fue otra experiencia excepcional para mí, solo superada por la agencia de noticias, y después, por los meses de vértigo y rosas de la fundación de este diario.
Cada siete días a lo largo de muchas semanas, un director de medio de comunicación entró en su consejo de redacción anunciando que a la semana siguiente cerraría LA RAZÓN. No se cansó de hacer el ridículo que caía sobre él al salir del velatorio. Frente a tantas maniobras, tantas insidias, tantas calumnias y despropósitos como hemos padecido, el director y la redacción de LA RAZÓN se han limitado a trabajar sin despeinarse en réplicas y aclaraciones. Por la piel de este periódico han resbalado sin dejar cicatrices las palabras átonas, las sonrisas sofidias, las esquinadas voces y, con cierto cachondeo inextinguible, la escritura de ensortijados bucles de algún columnista colega.
Y aquí estamos. Seis años después, aquí estamos. LA RAZÓN no debe un céntimo a nadie, no ha pedido un crédito de consideración, dispone de una importante cartera de publicidad y un número creciente de lectores. Ha recorrido un camino erizado de dificultades, las propias de la puesta en marcha de una publicación y las ajenas del histerismo comercial y la visceralidad política, ya que durante muchos meses algún ministro del Gobierno de Aznar, caído después en desgracia, nos persiguió como a ratas. La redacción, joven, profesionalizara, seria y rigurosa, sabe bien el esfuerzo que será necesario hacer todavía para instalarse definitivamente en campo abierto. Pero el milagro de consolidar un periódico impreso en la época de internet y las plataformas digitales es ya un hecho. EL PAÍS fracasó con EL GLOBO; la ONCE con EL INDEPENDIENTE; Anaya con EL SOL; ABC con CLARO. LA RAZÓN, con una financiación discreta y solvente y con el apoyo de lectores y anunciantes, de distribuidores y vendedores de Prensa, está sorteando las dificultades que no pudieron superar nuestros colegas. Durante este año y a lo largo de varios meses se ganó dinero por primera vez. Si las cosas siguen así, el 2005 se terminará en números negros, tres antes de lo previsto en el plan de negocios.
No quise ocupar en ningún momento la dirección de LA RAZÓN porque, después de dirigir ABC, no me pareció procedente repetir ese ejercicio profesional. La Redacción del diario sabe bien hasta qué punto he respetado el trabajo excelente y serio de Joaquín Vila, primero, de José Antonio Vera, después, grandes profesionales del periodismo español. Durante estos seis años he cumplido lo mejor que he podido con mi papel de fundador del periódico y presidente de su Consejo de Dirección y he acudido todos los días y sin faltar un solo día, a mi despacho, y de forma habitual a la cita con los lectores de esta columna Canela Fina, vertiendo desde mi alfar la curiosidad todavía joven sobre la poesía, la novela, el teatro, el ensayo, la filosofía, la religión, las artes plásticas, la música, la ópera, la ciencia, la política, la economía, la sociología, la Prensa, la radio, la televisión, el deporte, las costumbres y la vida bulliciosa de cada jornada.
Me siento satisfecho con el trabajo realizado. Poco más puedo hacer del o que he hecho. Al finalizar el año 2000 giraron los portones del siglo XXI sobre los goznes envejecidos de la centuria que acabábamos de vivir. LA RAZÓN consolidará su triunfo si conecta definitivamente con las nuevas generaciones. Hay que abrir los labios del siglo XXI y sentir el aliento de los años que vienen. Volver la vista al pasado sería convertir estas páginas en estatuas de sal, como la mujer de Lot. El tiempo del siglo XX se ha hecho irremediablemente viejo. Hay que tomar el pulso futuro. Y eso sólo lo pueden hacer los redactores, las redactoras jóvenes del periódico, trabajando codo a codo con sus jefes de redacción, con sus subdirectores, con su director, todos ellos pertenecientes a la nueva generación. De ella son también destacados representantes los gestores de la empresa que edita LA RAZÓN: Mauricio Casals, desde hace años vengo diciendo que está llamado a altos destinos en la vida nacional; Santiago Barreno, Joaquín Parera y sus equipos, sin olvidar el trabajo impagable de los miembros del Consejo de Amdinistración y de los accionistas. Quiero recordar también a todo el personal de talleres, al os técnicos, a los distribuidores, a los vendedores de Prensa, a todos cuantos han contribuido al éxito del periódico.
Puedo afirmar con satisfacción, como Octavio Paz, que la hora que a mí me corresponde está cumplida y bien cumplida. He fundado este diario. Lo he conducido hasta aquí, esquivando no sólo las dificultades propias de cualquier publicación nueva, sino las maniobras comerciantes histéricas y los viscerales acosos políticos. Naturalmente, seguiré como siempre en mi puesto en el periódico trabajando en él todos los días, como he hecho hasta ahora. A los jóvenes que lucharán por llevar adelante esta empresa y este sueño de LA RAZÓN quiero decirles con esperanza: “Ahí tenéis la antorcha, compañeros”.
Luis María Anson