Tercer atentado yihadista en lo que va de año contra los ingleses

Segundo atentado islámico con atropello en Reino Unido: 8 asesinados en el Puente de Londres

HECHOS

  • El 3.06.2017 Se produjo un atentado en el puente de Londres y en Borough Market en Londres (Reino Unido), donde un grupo de tres terroristas condujo un vehículo por la acera del puente de Londres, atropellando a los viandantes,​ y acto seguido los tres atacantes se bajaron del vehículo para apuñalar a numerosas personas en el mercado, una concurrida zona de restaurantes

LOS ASESINOS:

Los tres yihadistas que asesinaron al menos a siete personas, fueron identificados como Khuram Shazad Butt, británico nacido en Pakistán de 27 años, Rachid Redouane, de 30 y origen marroquí y libio,​ y Yusef Zaghba, italiano nacido en Fez (Marruecos) de madre italiana y padre marroquí, de 22 . Los tres fueron abatidos a balazos tras atacar con cuchillos a más víctimas.

UN ESPAÑOL ENTRE LAS VÍCTIMAS

 En vez de huir ante el atentado, el español Ignacio Echeverría, presente en aquel momento decidió, usando su monopatín como arma, plantar cara a los terroristas logrando salvar la vida a un policía. No obstante asesinado por estos poco después.

05 - Junio - 2017

La tolerancia del extremismo se vuelve pesadilla

EL MUNDO (Director: Francisco Rosell)

EL ZARPAZO terrorista vuelve a golpear a Europa. Reino Unido es hoy un país en estado de shock, tras sufrir el tercer atentado islamista en apenas tres meses. El ataque en el célebre Puente de Londres se ha producido, además, es vísperas de las elecciones legislativas británicas del jueves. Una vez más, el terrorismo intenta influir en las urnas. Porque el yihadismo no busca sólo provocar el mayor daño posible en Occidente, sino que también persigue combatir los valores y el modo de vida que nos caracteriza. El Estado Islámico ha declarado la “guerra total” a los occidentales no por lo que hacemos, sino, sencillamente, por lo que somos y representamos en el mundo.

Por ello, Europa en su conjunto está en el punto de mira, y en estado de alerta máxima desde hace ya varios años. Y los muchos ataques perpetrados por el IS en distintos países demuestran la gran capacidad que la organización terrorista más peligrosa de la historia tiene para situar su conflicto en suelo europeo. El Califato está sufriendo un retroceso imparable sobre el terreno, en Siria e Irak, gracias a la acción coordinada de las potencias mundiales. Y, como reacción, intenta redoblar sus ataques en el exterior para exhibir músculo y cierta fortaleza a modo propagandístico. Le favorece, además, el hecho de avanzar en el reclutamiento de activistas en Europa. Todos los servicios de Inteligencia detectan un progresivo aumento de ciudadanos radicalizados. Como alertaba la primera ministra británica, Theresa May, en la reciente Cumbre del G-7, el yihadismo está pasando del campo de batalla a internet, principal vía de radicalización. Y pedía una mejora de la cooperación occidental en la prevención y la lucha antiterrorista en este ámbito, cada vez más prioritario.

Es difícil calibrar hasta qué punto los atentados influirán en las elecciones británicas. Lo que sí sabemos es que las encuestas no dejan de estrechar la distancia entre los conservadores y los laboristas. La primera ministra decidió este adelanto electoral con el único objetivo de ampliar su mayoría parlamentaria y fortalecer su liderazgo para negociar con más fuerza el Brexit con Bruselas. Pero su pretensión de que éste fuera casi el único argumento de campaña se fue al traste; el debate de la seguridad se ha situado en primer plano, lo que está favoreciendo las perspectivas laboristas.

Por ello, May se vio obligada ayer a endurecer su discurso, denunciando que “hay demasiada tolerancia con el extremismo” en su país. No es éste, sin embargo, un diagnóstico nuevo. Tanto su antecesor, David Cameron, como ella misma, han declarado repetidamente la “guerra” al radicalismo islámico, sin éxito. Las políticas de integración se han demostrado fallidas. Y en las periferias de las grandes ciudades se han enquistado grandes guetos. La situación es una auténtica bomba de relojería. De hecho, los servicios de Inteligencia británicos tienen detectados a unos 23.000 potenciales yihadistas, una amenaza desbordante. Máxime porque las redes cibernéticas se han convertido en un gran reino de impunidad para la propagación del yihadismo. Al igual que lo son muchas mezquitas, sobre las que las autoridades de los distintos Estados europeos apenas ejercen control. Esperemos que las promesas de hoy de May de aplicar cambios en la lucha contra el extremismo no sean el olvido de mañana.

Pero, en el caso concreto británico, también ha habido errores ante los que la premier no puede echar balones fuera. Así, por ejemplo, las filtraciones de los servicios de Inteligencia de EEUU tras el atentado de Manchester que tanto malestar produjeron en Downing Street, dejaron al descubierto fallos de la Seguridad británica en la vigilancia de sospechosos. De ahí que Londres deba revisar sus protocolos. Y, al mismo tiempo, sea imprescindible redoblar la cooperación tanto comunitaria como con EEUU para luchar más eficazmente contra el yihadismo. No caben meteduras de pata como la de May, meses atrás, cuando amenazó a la UE con rebajar su aportación en esta materia si no lograba un buen acuerdo comercial tras el Brexit. Con algo tan serio como la seguridad no caben juegos, como se volvió a demostrar este trágico sábado.

05 - Junio - 2017

Un poco más de miedo

John Carlin

El nuevo fenómeno de los apuñalamientos expande el abanico de riesgos y a la vez sugiere que la labor policial de prevención dificulta el acceso a armas de fuego y explosivos

Me desperté esta mañana temprano aquí en Londres y vi un mensaje de una amiga que vive en Sudáfrica. “¿Tú y tu hijo no estabais cerca de London Bridge anoche, espero? Por favor, di que no”. Le contesté, medio dormido y sin pensármelo mucho: “Felizmente no. Pero se están acercando”.

Pienso lo mismo ahora, un café y un par de horas de reflexión después. De repente da un poco más de miedo vivir en Londres. La parte racional de mi cerebro me dice que, estadísticamente hablando, uno tendría que tener una extraordinaria mala suerte para caer víctima de un atentado como el del sábado por la noche en el Puente de Londres y en el cercano Borough Market. Pero, tras la masacre de Mánchester hace dos semanas, murieron siete personas más, hubo al menos 48 heridos y con el nuevo fenómeno de los apuñalamientos terroristas se expande el abanico de posibilidades mortales para nosotros los ciudadanos de Londres y, se supone, para los de otras ciudades europeas aún no tan acostumbradas a vivir bajo la sombra del terror como los habitantes de Oriente Próximo.

Siempre había pensado que el lugar donde uno debería estar más alerta era en el metro, usado por mí y mi hijo de 17 años todos los días. Tiene que ser el objetivo más deseado para el terrorista suicida, el que ofrece la mejor posibilidad de maximizar las víctimas, el horror y el impacto en el colectivo social.

Ahora resulta que hay que estar igual de alerta o más cuando uno sale de noche a Borough Market, un lugar muy concurrido lleno de bares y restaurantes cerca del Támesis que me gusta mucho y al que voy con frecuencia.

Habrá que estar atento ahora cuando uno se encuentra en cualquier grupo de gente que se aproxime a una multitud, cuando uno sale de juerga en la noche o de compras en Oxford Street, o cuando uno va a un partido de fútbol, o a un concierto, o a un aeropuerto, o cuando uno viaja en autobús o en tren. A estos locos homicidas que optan por utilizar un vehículo motorizado como arma letal les parecen gustar los puentes también, con lo cual se agrega un factor de alarma a lo que antes hubiera sido un inocente paseo por el río.

No hay consuelo posible para las víctimas o sus familiares, pero si hubiese algo, algo de agradecer, es que los tres yihadistas de London Bridge no tuvieran ni bombas ni armas de fuego. Que se hubiesen visto obligados a recurrir a vehículos y a cuchillos para matar indica un punto de relativa impotencia y desesperación, da razones para pensar que el trabajo preventivo de la policía británica y los servicios de inteligencia algún fruto ha dado.

O al menos, en lo que amenaza con ser un verano de más miedo en Londres de lo habitual, eso es lo que quiero y necesito pensar.

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