6 mayo 2008
Iñaki Gabilondo pide al PP que ignore la 'incendiaria soflama matinal de la COPE'
Ángel Acebes Paniagua rompe con Mariano Rajoy y confirma su abandono de la Secretaría General del Partido Popular
Hechos
El lunes 5.5.2008 D. Ángel Jesús Acebes Paniagua anunció públicamente que renunciaba a continuar como Secretario General del PP a partir del siguiente congreso del partido.
Lecturas
El lunes 5 de mayo de 2008 D. Ángel Acebes Paniagua anuncia que ha comunicado a D. Mariano Rajoy Brey que no desea seguir siendo secretario general del Partido Popular ni formando parte de su equipo. La decisión ha supuesto que el Sr. Acebes ‘se adelante’ a los acontecimientos. Se daba por seguro que en el próximo congreso el Sr. Acebes iba a ser apartado de ese cargo de la misma manera que D. Eduardo Zaplana Hernández-Soro ha sido apartado como portavoz.
Al adelantarse el Sr. Acebes Paniagua aparece como una ‘víctima’ del Sr. Rajoy en un momento en que los sectores partidarios de que el Sr. Rajoy Brey no siga siendo presidente del Partido Popular representados mediáticamente por Libertad Digital (el grupo que controla varios programas de la Cadena COPE) y el periódico El Mundo han iniciado una campaña contra el Sr. Rajoy presumiblemente respaldada por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Dña. Esperanza Aguirre Gil de Biedma.
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Diferentes formas de expresar su marcha en EL MUNDO (pro-Acebes) y el izquierdista PÚBLICO
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GUSTAVO DE ARÍSTEGUI SE ENFRENTA AL PP
07 Mayo 2008
Incógnitas populares
La extremada reserva con la que Mariano Rajoy está conduciendo su estrategia desde la derrota del 9 de marzo hace difícil interpretar el sentido de los múltiples movimientos que se están produciendo en el seno del Partido Popular. Por una parte, la salida de pesos pesados de la legislatura anterior, con Zaplana y Acebes a la cabeza, podría dar una imagen de descomposición política interna, con los dirigentes más experimentados renunciando a permanecer junto a Rajoy. Pero, desde otra perspectiva, no deja de ser una inexplicable coincidencia que esa descomposición sólo parezca afectar, por el momento, a los representantes de los sectores más duros del PP, precisamente aquéllos de los que Rajoy tomó distancia dando a entender que no los consideraba parte de su equipo. ¿Acebes y Zaplana han dejado solo a Rajoy o, por el contrario, ha sido Rajoy quien ha logrado sacárselos de encima?
La inercia del aparato favorece a Rajoy en el congreso que el PP celebrará a finales de junio en Valencia, y de ahí que el movimiento de Esperanza Aguirre amagando con una candidatura alternativa se haya vuelto, a fin de cuentas, contra sus propias ambiciones: otros barones en su misma situación se han encargado de cerrarle el paso. Y aunque alguno de estos barones no descarte sustituir a Rajoy en el futuro, como es el caso de Camps, sabe que la batalla decisiva no se librará en el congreso de junio, sino que dependerá de los resultados del PP en las diversas elecciones previstas durante esta legislatura, en particular, las europeas. La incógnita que sobrevuela el congreso no radica, pues, en si Rajoy saldrá elegido o no, sino en qué condiciones quedará para ejercer el liderazgo.
En este contexto de indescifrable reserva, Rajoy ha optado, de momento, por no revelar los nombres que propondrá a los compromisarios del congreso para integrar la nueva dirección del partido. Una vez más, resulta difícil interpretar lo que está pasando, dada su ambigüedad continuada: ¿el silencio se debe a que Rajoy no tiene margen de maniobra para decidir el nombre del nuevo secretario general del PP o es resultado, en cambio, del amplio margen que le ofrece saber que, salvo excepcionales imprevistos, el congreso se resolverá a su favor?
Entretanto, algunos de los viejos modos de hacer política están siendo abandonados. Los populares han votado a favor del minitrasvase a Barcelona, en un gesto que, entre otras razones, pretende corregir la imagen del PP en Cataluña. Y por otra parte, prosiguen las negociaciones con el grupo socialista para alcanzar un acuerdo en materia de justicia. Pese a los ataques de sus antiguos aliados mediáticos, Rajoy se ha mantenido firme hasta ahora en ambas decisiones.
El sistema democrático necesita de una oposición fuerte, capaz de ejercer con rigor el control al Ejecutivo y, en su caso, erigirse en alternativa. Quizá el PP esté dando los primeros pasos. O no.
06 Mayo 2008
Entre la dignidad de Acebes y la alarma de Mayor Oreja
Mariano Rajoy no olvidará fácilmente el día de ayer: a primera hora de la mañana, el líder del PP recibía una llamada telefónica de Angel Acebes, su número dos, que le comunicaba su decisión de anunciar de inmediato que no continuará en ningún caso en la dirección del partido. Pocos minutos después, Rajoy tenía que tragarse los duros reproches formulados por Mayor Oreja en un programa televisivo.
Tras hacer público un comunicado, Angel Acebes -persona muy querida en el partido y víctima frecuente de injustos ataques en los que servía de parachoque a Rajoy- compareció ante los medios para confirmar que no volverá a ocupar cargos de responsabilidad en el PP tras el Congreso de Valencia. «Le he dicho a Rajoy que no cuente conmigo», subrayó con una contundencia muy poco habitual en él.
La textualidad de sus palabras y la forma cómo informó ayer de su decisión a Rajoy revelan el profundo malestar del secretario general del PP, que, una semana después del fichaje de Zaplana por Telefónica, abandona la dirección.
Acebes se había sentido probablemente humillado tras las declaraciones de Rajoy 48 horas después de las elecciones, cuando éste afirmó que había decidido presentar su candidatura en Valencia con su «propio equipo». Todo el mundo interpretó que la frase significaba que no iba a contar con Zaplana y Acebes y Rajoy ni siquiera lo matizó.
Cabe interpretar, por tanto, el portazo dado por Acebes como una respuesta a aquellas manifestaciones de Rajoy y, sobre todo, como un gesto de dignidad para a poner fin a las muchas especulaciones que habían surgido en los pasados días sobre su futuro en el partido.
Acebes era el único superviviente del aznarismo -con la excepción del propio Rajoy y del contratado Arriola- que quedaba en el aparato del PP, lo cual podría ser utilizado para intentar demostrar la renovación del partido. El argumento podría ser válido si no fuera porque quien permanece y pretende permanecer al frente del PP fue puesto a dedo por Aznar.
Al anuncio de la inminente salida del número dos del partido, se sumaron ayer las declaraciones de Mayor Oreja, en las que reprochaba veladamente a Rajoy estar prescindiendo de la generación de «las personas que ahora cumplen 50 años».
Mayor Oreja señaló que «Aznar, Cascos y Rato tienen que ser parte de la solución» en la crisis que atraviesa el partido y enfatizó que no se puede permitir «el despilfarro político» de la pérdida de una experiencia como la suya.
El diagnóstico de Mayor Oreja pone el dedo en la llaga al criticar la decisión de Rajoy de prescindir de muchas de las mejores cabezas del PP y del peligro que esta estrategia encierra. Lo que está diciendo el ahora eurodiputado es que un congreso ganado por aclamación, gracias al respaldo de unos compromisarios controlados por los barones regionales del partido, no sólo no va a servir para cerrar las heridas abiertas sino que además contribuiría a acentuar la actual crisis. Rajoy no debería desdeñar la advertencia de Mayor Oreja, pues sigue siendo una sólida e indiscutible referencia moral para los militantes, al igual que Alvarez Cascos que también se pronunció en un sentido similar.
06 Mayo 2008
Gesto de lealtad
07 Mayo 2008
El moderado Rajoy dejó que Acebes acuchillara a Piqué
Recordemos a Josep Piqué. Fue llamado por Aznar -tras las elecciones de 1996- con el fin de convertirlo en el pepero bonito de Cataluña, gracias a ser ministro primero de Industria; luego, además, portavoz del Gobierno; posteriormente, titular de Exteriores y, por último, ministro de Ciencia y Tecnología. En octubre de 2002, fue apartado de la política nacional o estatal para transformarse en la esperanza blanca del PP catalán ante las urnas autonómicas que se avecinaban.
Cinco años más tarde, en julio de 2007, Ángel Acebes provocó su caída mediante un golpe de mano que consiguió poner a Piqué contra las cuerdas. Tuvo éste que lanzar la toalla. No le quedaba otra salida, salvo la de tragarse el acoso frontal de uno de los exponentes más nítidos del neonacionalismo español. Piqué era –en esa época- uno de los símbolos del centrismo popular y creyó que su papel debía consistir en llevar al PP por la senda de catalanismo de baja intensidad.
Por cierto, un exacto retrato de Acebes podía leerse ayer en un artículo hagiográfico publicado en La Razón: “[Acebes] pertenece a esa raza de castellanos viejos, mezcla del incorrupto brazo de Santa Teresa y la pata de caballo del Cid. O sea, sencillo, íntegro, trabajador, sin fuegos de artificio, pero sin un potente carisma propio”. En la batalla contra Piqué, acabó venciendo Acebes. Estaba cantado. No se puede luchar contra la síntesis de un brazo incorrupto –que no pudo impedir, sin embargo, la muerte del Caudillo– y la pata del caballo del Cid.
Sobre todo, ganó Acebes porque contó con la complicidad de Rajoy. Avaló el líder de la derecha “la línea dura preconizada por el secretario general Ángel Acebes, azuzado por el sector españolista radical y más antinacionalista”, según explica el colega Graciano Palomo en Rumbo a lo desconocido. Historia secreta de los años más convulsos del PP, su nuevo libro.
Añade Palomo: “Sólo se mantenía [Piqué] en su puesto por amistad con Rajoy. La gota que colmó su paciencia –además de las intrigas permanentes de Alejo Vidal-Quadras y su socio Julio Ariza que mezcla, al decir del PP, la política ultramontana con sus negocios de todo tipo- fue el recurso ante el Tribunal Constitucional del PP sobre el Estatut (…)”
Puntualiza el autor del libro: “Acebes y la línea dura (azuzada también por Jiménez Losantos…) han decidido ya cepillárselo manu militari. A primera hora del jueves día 19 de julio, Rajoy recibe una llamada de Piqué. “Mariano, por favor, ¿alguien me puede explicar qué coño está haciendo el secretario general en Barcelona y con qué intención…?” “Pepe –contesta el presidente.-, Ángel está cumpliendo con su trabajo (…) ¡Así no podemos seguir, con tanta gresca diaria, tanta fuga y tanta pelea! Yo te he metido en maitines y nunca te he negado protagonismo. Eres una pieza fundamental en mi proyecto…”
Ésta fue la réplica de Piqué: “Muy bien, Mariano, ¿y quién o quiénes son los responsables…? Y déjate de coñas (…) aquí se me está punteando (…) Y tú lo sabes perfectamente, y si la dirección nacional no me apoya públicamente y sin lugar a dudas, no tendré más remedio que dejarlo (…) ¡Mariano, esto no puede ser! Me dan leña todos los días desde los medios afines al secretario general y al portavoz parlamentario… ¿Soy acaso tonto del bote? No, Mariano, no (…) Te he dicho muchas veces que hay que centrar el partido. No vale esa política de enfrentamiento con todos (…) Y por ello se me acuchilla en mi propia casa…”
Rajoy permaneció impávido y dejó hacer a Acebes. Piqué, en efecto, fue acuchillado. De entonces a hoy, no ha transcurrido siquiera un año. Tras la derrota electoral del 9 de marzo, Rajoy pretende presentarse ante los españoles como un centrista. Hasta hace poco él perseguía a los centristas o dejaba que el tándem Acebes-Zaplana -jaleados desde la COPE y el periódico de Pedro J.- lo hicieran. Pero semejante comportamiento únicamente confirma que es un político veleta o, dicho de otro modo, un tipo oportunista y errático. No resulta de fiar. Es bien sabido que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.