1 julio 2026
Lara Hernández dimite como coordinadora de Movimiento Sumar, el partido de Yolanda Dïaz, después de haber sido acusada de acoso laboral
Hechos
El 1 de julio de 2026 Lara Hernández García dimite como Coordinadora de Movimiento Sumar y anuncia su baja del partido.
11 Junio 2026
Manual para enterrar un partido
Artículo 14
La izquierda tendría que pedir perdón a sus votantes y simpatizantes por los espectáculos bochornosos a los que estos se ven sometidos, una y otra vez. Quienes estuvimos implicados alguna vez en algún partido de izquierdas, claro, tendríamos que pedir perdón por no haber sido capaces de parar el bochorno a tiempo, por no haber hecho más. Quien me lea quizá no sepa o quizá ya no recuerde que abandoné Sumar hace algo más de un año, agradeciendo la confianza a quienes en mí habían confiado. Yo era, por aquel entonces, secretaria de Comunicación y una de las cuatro coordinadoras generales de aquel momento de coordinación colegiada transitoria: poco de lo que sucediera en aquella formación política podía resultarme ajeno.
A principios de esta semana dimitió como secretaria de Organización de Movimiento Sumar Laura Moreno, hasta hace no tanto tiempo persona de confianza y del círculo más estrecho de Lara Hernández, cocoordinadora general desde la última asamblea de Movimiento Sumar, en la que yo ya no participé. No culpo a quien me lea si estos nombres no les suenan de mucho. No es lo importante. Lo importante son lo graves que son los motivos que argumenta Laura Moreno en su carta de renuncia. Afirmaba que “el silencio ante lo que yo, humildemente, considero injusticias produce impunidad y acaba reproduciendo las injusticias”. Señalaba “la falta de respeto que [la dirección de la cual había formado parte] ha cometido contra su gente, sus militantes, su organización”.
Que no cometan injusticias ni las reproduzcan, que no callen, que no se traicionen sólo por peleas de poder o bandos. Es la preocupación de una ciudadana, no la preocupación de una militante. Con sinceridad lo digo: quiero poder votar al espacio político que representa Sumar en las próximas elecciones y no me apetecería tener que hacerlo con vergüenza ante un espacio en el que he militado. Como no me apetece tener que hacerlo con vergüenza, hay varias cosas que considero inaceptables.
Doy crédito a lo que relata Laura Moreno, al menos en lo que toca al modo de proceder que yo misma conocí: ese modus operandi ya existía antes de la última Asamblea de Sumar, anterior por tanto a los hechos que ella sitúa. Por no complicar la situación de mi partido en un momento difícil, y por respeto y lealtad tanto a Yolanda Díaz como a otra mucha gente trabajadora y capaz que estaba y sigue dentro, callé mucho al abandonar la formación y traté de ser lo más escueta posible en mis declaraciones públicas. La realidad era otra. Desde poco tiempo después de mi nombramiento como una de las cuatro integrantes de la coordinadora interina, junto con Lara Hernández, tras la dimisión de Yolanda Díaz como coordinadora después de las elecciones europeas, Hernández se negó casi sistemáticamente a reunirse conmigo cuando yo se lo proponía. Pasó a tratarme como a una enemiga, pese a que yo intentara hacerle llegar, incluso por personas interpuestas, que no tenía ambición ni interés en competir con ella, ni por los puestos de salida de unas listas que no me interesaban.
El trato se desplazó entonces a personas de mi equipo: según me trasladaron quienes trabajaban conmigo, les gritó por teléfono o los sometió a silencios prolongados. No interpuse ninguna denuncia interna porque, en aquel momento, era su departamento, Organización, el que la habría tramitado. Cuando ese trato alcanzó a una trabajadora a mi cargo, consideré que se había cruzado una línea roja, y a partir de ahí prácticamente no hubo comunicación entre nosotras. Aquella trabajadora dejó el partido por otros motivos, aunque animada también por el trato de la futura coordinadora general. Cuando todo esto sucedió, trasladé que lo más probable era que la siguiente en marcharme fuera yo: por la tensión insostenible con mi departamento, y porque no estaba dispuesta, por principios, a votar una lista que mantuviera a Hernández al frente de la organización. Hubo intentos de mediación que nunca obtuvieron respuesta. Algunas personas me pidieron que me presentara a la coordinación, sola o junto a ella; respondí que no tenía sentido codirigir con quien no me dirigía la palabra y que no aspiraba a ese puesto. Sin alternativa a esa forma unilateral de decidirlo todo, cogí mis cosas y me marché.