13 febrero 1979
Por orden del vicepresidente Gutiérrez Mellado
Arrestado el Capitán de Navio Menéndez por un artículo en el diario EL ALCÁZAR
Hechos
El 13 de febrero de 1979 el Capitán de Navio D. Camilo Menéndez fue arrestado por el artículo ‘Virtudes Militares’ publicado en el diario EL ALCÁZAR el 13 de enero de 1979.
Lecturas
El artículo ‘Virtudes Militares’ que causó el arresto del Capitán de Navio D. Camilo Menéndez publicado en el diario EL ALCÁZAR el 13 de enero de 1979.
El marine Menéndez ya se había hecho célebre por enfrentarse al vicepresidente General Gutiérrez Mellado en el entierro de víctimas del GRAPO de enero de 1977 cuando gritó su célebre: «¡Encima de la disciplina está el honor!.
Durante el 23-F, Camilo Menéndez se sumará físicamente a la intentona golpista.
13 Enero 1979
VIRTUDES MILITARES
Las virtudes militares están tan entrelazadas que es muy difícil, por no decir imposible, glosarías separadamente. Sin embargo, es indudable que unas tienen mayor rango que otras, y así se ha reconocido siempre en las Fuerzas Armadas.
Sin más méritos que 41 años de servicio en guerra y en paz, justo los años que acaba de cumplir nuestro Rey Don Juan Carlos (q. D. g.), voy tratar el tema en muy breve líneas.
El famoso diccionario militar de Almirante, en un párrafo que no tiene desperdicio, dice así textualmente.
Los Ejércitos, como todas las máquinas destinadas a producir grandes efectos, ofrecen un complicado conjunto que funciona por medio de un motor y un mecanismo. El motor es una fuerza enteramente moral. Lo constituyen los grandes sentimientos de los pueblos: el orgullo nacional, el amor a la Patria, la viva solicitud por sus intereses y el honor, y también los grandes principios de los Ejércitos: el espíritu de abnegación y sacrificio, la disciplina, el orden. El mecanismo es una fuerza puramente material. Se compone de ruedas múltiples y diversas, cuya principal condición es funcionar con armonía. La fuerza principal de ciertos Ejércitos reside en la potencia del motor; la de otros en la perfección del mecanismo. Un Ejército que reuniese en grado igual estos dos elementos de superioridad, sería temible y pudiera decirse casi invencible en la guerra’.
Como puede verse, Almirante sitúa el honor por encima de la disciplina.
Igualmente se coloca el honor por encima de la disciplina, en el esquema trazado por la Comisión Revisora de Normativa de Moral, integrada por miembros de los tres Ejércitos, que se reunió en junio de 1977 para plantar los cimientos de las nuevas Reales Ordenanzas Militares. En dicho esquema se agrupan las virtudes militares en dos grandes bloques: “virtudes motoras y virtudes instrumentales”. El primer bloque lo encabezan la Hombría y el Honor; en el segundo bloque figura muy destacada la Disciplina como virtud instrumental.
Del estudio detenido tanto de las antiguas como de las nuevas ordenanzas, se deduce que, sin olvido alguno de importantes virtudes militares como la Lealtad, al Compañerismo, la Abnegación, etcétera, brillan con luz propias tres virtudes que son esenciales: Valor, Honor y Disciplina.
Unas Fuerzas Armadas que fueran solamente valerosas, podrían convertirse es una horda; pero unas Fuerzas Armadas que solamente fueran disciplinadas, podrían convertirse en un rebaño de corderos.
El Honor alimenta al Valor y a la Disciplina.
Es importante señalar que las nuevas ordenanzas que, como es natural, dedican varios artículos al Honor y a la Disciplina, el Honor lo tratan ya en el Artículo 1º, mientras que de la Disciplina empieza a hablarse en el Artículo 11.
En ocasiones críticas en las que el error del poder amenazaba gravemente a España, siempre hubo hombres que pusieorn por encima de todo el Honor. Por citar sólo dos casos cabe señalar el del general Martínez Campos que, con sugolpe de fuerza en Sagunto consiguió la restauración de la Monarquía en la persona de Alfonso XII, bisabuelo de nuestro actual Monarca. Caso más reciente y en sus consecuencias de plena actualidad, el de nuestro caudillo Franco (de quien nadie dudará que toda su vida rindió culto a la Disciplina) y que al frente del Alzamiento Nacional evitó la desintegración de España y a quien se debe la nueva instauración de la Monarquía en la persona de Don Juan Carlos I de Borbón.
El tema merece ser tratado con mucha más extensión y profundidad. Con estas rápidas pinceladas sólo pretendo dejar bien claro que no hay contraposición alguna entre Honor y Disciplina, pero que siempre, siempre (y mucho más en situaciones límite en las que peligre la misma existencia de la Patria) POR ENCIMA DE LA DISCIPLINA, ESTÁ EL HONOR.
Camilo Menéndez Vives.
El Análisis
El Gobierno ha ordenado quince días de arresto para el capitán de navío Camilo Menéndez Vives, tras la publicación en El Alcázar de un artículo titulado Virtudes Militares (13 de enero de 1979), considerado un acto de indisciplina. La medida, firmada por el vicepresidente y ministro de Defensa, Manuel Gutiérrez Mellado, ha levantado un polvorín en los cuarteles y en la opinión pública.
El contexto no puede olvidarse. España vive bajo una brutal ofensiva terrorista de GRAPO, ETA Militar y ETA Político-Militar. Los uniformes se sienten asediados: cada semana caen compañeros asesinados en emboscadas y atentados. Muchos militares creen que el Gobierno los deja en soledad, sin el respaldo político ni judicial que esperan. En ese caldo de cultivo, periódicos como El Alcázar dedican buena parte de sus páginas a azuzar la impaciencia y la desconfianza dentro de los cuarteles.
El artículo de Menéndez, lejos de ser un inocente ejercicio de erudición castrense, contiene párrafos que en el clima actual resultan abiertamente subversivos. Al insistir en que “siempre, siempre, por encima de la disciplina está el honor” y al citar como ejemplo histórico el golpe de Martínez Campos en Sagunto o el Alzamiento de 1936 liderado por Franco, el marino no se limitaba a reflexionar sobre doctrina militar: estaba deslizando la idea de que, en “ocasiones críticas” —como él mismo escribía— el deber del soldado puede ser rebelarse contra la autoridad legítima. Y hacerlo en un momento en que la Transición aún es frágil, con la legalización del PCE y las primeras elecciones democráticas a las espaldas, convierte el texto en una insinuación inquietante.
La paradoja es que este enfrentamiento reproduce, con palabras impresas, la escena televisada de dos años atrás, cuando Menéndez se encaró con Gutiérrez Mellado en el entierro de tres agentes asesinados por el GRAPO. Allí gritó: “¡Encima de la disciplina está el honor!”. Ahora lo escribe, lo razona y lo publica. Y por ello ha recibido la sanción.
El arresto no pretende sofocar un debate teórico, sino recordar lo esencial: en un Estado democrático el honor del militar no puede estar por encima de la obediencia a la legalidad. Lo contrario abre la puerta al golpismo y a la indisciplina, males que ya asomaron en la historia reciente de España con consecuencias nefastas.
El Gobierno Suárez tiene, no obstante, un difícil equilibrio que sostener. Debe mantener firme la disciplina en las Fuerzas Armadas sin agraviar a un estamento que sufre la ofensiva terrorista más sangrienta de la Europa occidental. Tiene que dar confianza a los uniformes, pero también frenar cualquier tentación de convertir la frustración en desobediencia. Gutiérrez Mellado, que no desconoce el dolor de los cuarteles ni la necesidad de la disciplina, ha actuado con el convencimiento de que un ejército dividido entre “honor” y obediencia es un ejército debilitado.
Los enemigos de la democracia —sean terroristas que matan en nombre de una utopía o nostálgicos que alientan alzamientos desde los periódicos— buscan lo mismo: quebrar el proceso democratizador. España necesita un Ejército fuerte, sí, pero disciplinado. Porque sin disciplina no hay Fuerzas Armadas posibles, y sin Fuerzas Armadas al servicio de la legalidad no hay democracia posible.
J. F. Lamata