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El artículo se publicó después de que la artista hubiera anunciado su deseo de regresar a España

Un artículo de César González Ruano publicado por ARRIBA y LA VANGUARDIA impide el regreso de Margarita Xirgu a España

HECHOS

  • El 25 de agosto de 1949 la agencia de noticias Cifra informó que la actriz exiliada Dña. Margarita Xirgu iba a regresar a España. El 26 de agosto de 1949 D. César González Ruano escribió sobre ella en su artículo ‘Ya se salvó el teatro’ (ARRIBA). La Sra. Xirgu decidió no regresar.

La Sra. Margarita Xirgu pasará a la historia por haber sido la actriz teatral que protagonizó la obra ‘Bodas de Sangre’ de D. Federico García Lorca en plena II República. La Sra. Xirgu había iniciado su carrera teatral en Cataluña, aunque obtuvo muchos otros éxitos como con la obra Medea interpretada en el teatro romano de Mérida.  Como a un gran sector teatral se la consideró partidaria del bando de la izquierda durante la Guerra Civil Española, por lo que tras el triunfo de la derecha optó por el exilio, donde siguió su carrera como actriz: en 1945 estrenó en Argentina ‘La Casa de Bernarda Alba’, la obra póstuma del Sr. García Lorca (asesinado por la derecha durante la guerra).

Este era el contexto en el que el 25 de agosto de 1949 la agencia de noticias Cifra (Agencia EFE) informó que la Sra. Xirgu se disponía a regresar a España y, probablemente, lo hubiera hecho, de no ser por el artículo de D. César González Ruano en el periódico ARRIBA del 26 de agosto de 1949. A ese artículo, titulado Ya se salvó el teatro – que también reprodujo LA VANGUARDIA – se le atribuye la decisión de la Sra. Xirgu de no retornar a España.

26 Agosto 1949

¡Ya se salvó el teatro! Parece que vuelve Margarita Xirgu

Cesar González Ruano

"MARGARITA XIRGU REPRESENTÓ EXACTAMENTE TODO LO QUE FUE EL TEATRO AMANERADO, PRETENCIOSO, INSUFRIBLE Y MONOCORDE, ELEVADO AL MITO POR MIL CIRCUNSTANCIAS TOSINCERAS Y POR EL PAPANATISMO QUE NO SE ATREVE A DISCREPAR DEL TÓPICO FORMADO"

En una come ingrata galería de figuras desagradables donde en estos días pagados, y por razones de actualidad aparecieron sobre mi firma el Aga Khan y Bárbara Hutton, no va pero lo que se dice nada mal una nombre como el de Margarita Xirgu aquella actriz española cuyo permanente llanto no han oído los jóvenes y con eso se encuentran en el índice de sus suertes y de sus ilusiones.

Un telegrama de Cifra nos da la noticia de que Margarita ha anunciado a que familiares de Barcelona que en breve regresará a España después de una ausencia de cerca de quince años sin desperdiciar ocasión rencorosa, ni mucho menos a las facilidades que le den las autoridades españolas siguiendo una clara y firme decisión que no tuvo excepciones con todos los españoles que han deseado volver a esta Patria generosa olvidadiza. Nos parece excelente que venga y que encararme en los escenarios sus sesenta y tantos años, que harán más justificable aquel permanente trémolo de voz que se le quedó desde el estreno de Marianela y que tanto contribuyó al desequilibrio de nuestro pobre sistema nervioso. Nos parece excelente que regrese con las ideas que le ´de la gana, e incluso a quejarse a los quince días en la confianza de los Ciprianos, de los cuatro supervivientes vergonzantes que encuentre en Barcelona y vayan a besarle la mano en el camerino de Calderón, y del snobismo babión, que no dejará escapar esta ocasión maravillosa.

Queda todo tan lejano en cuanto a Margarita Xirgu como su nacimiento en Molins de Rey. Nuestra ausencia de júbilo por el retorno nada tiene que ver con cuestiones ideológicas. A Gregorio Martínez Sierra, como a Pedro de Répide, buenas muestras les dimos personalmente y con la pluma, de todo lo contrario. No digamos a la deliciosa y eterna Catalina Bárcena. Nuestra falta de entusiasmo por el retorno de Margarita Xirgu se la van a explicar los jóvenes que no la vieron trabajar cuando la vean ahora. Representó exactamente todo lo que fue el teatro amanerado, pretencioso, insufrible y monocorde elevado a mito por mil circunstancias tosinceras y por el papanatismo que no se atreve a discrepar del tópico formado. Cuando se trataba de hacer la hembra popular y de rugir, y de quejarse, aún marchaba la cosa. Pero no he visto nada más cómico que a la Xirgu cambiando a Guimera por Oscar Wilde o haciendo un papel delicado en que le fuera imposible salir descalza y gimiendo.

Venga en buena hora Margarita Xirgu, y venga, si quiere con Marinaleda con María Rosa o con algo de Echegaray. Venga, además, a lo que quiera, y que Dios se lo aumente. Enmudecerá nuestra pluma, por supuesto, pasada esta sincera expansión. Será excelentemente recibida y allá tal vez la perdonen su defección final. Haya paz, como la hay para los muertos, para los fantasmas que vuelven al castillo, bien que sea, como esta vez, un castillo de bambalinas. ¡Que le vamos a hacer!

César González Ruano

16 Diciembre 1995

DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE ÉL

Eduardo Haro Tecglen

"AH, RUANO: MIEDO Y VERGÜENZA"

(…) Ah, Ruano: miedo y vergüenza cuando publicó su artículo contra la roja Margarita Xirgu, que regresaba a España (lo recoge entero la excelente biógrafa Antonina Rodrigo, en su libro sobre la Xirgu). La gran actriz deshizo sus baúle y se quedó allá hasta su muerte. Lo saben, también, sus glosadores, y los que dan premios y los reciben con su nombre. Por lo graciosas que fueron sus ‘mariposuelas’.

¿Puede un artículo causar que una persona decida revocar una decisión tan trascendental como en qué país quiere vivir? En circunstancias normales, no parece probable, pero cuando el contexto del país ha sido una guerra civil sí resulta bastante verosímil.

Uno de los que más claro lo tendría sería el columnista D. Eduardo Haro Tecglen, que escribiría sobre ese tema cincuenta años después.

El Análisis

RECONCILIACIÓN IMPOSIBLE

JF Lamata

Desde el final de la Guerra Civil en España y la instauración de una dictadura militar encabezada por el general Franco y apoyada en sus inicios por todos los sectores de la derecha, se repetía mucho lo de ‘reconciliación’, el propio dictador lo comentaba en sus discursos y especialmente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial interesaba vender que se buscaba la ‘reconciliación’. Todo era pura retórica. Incidentes como el de la Sra. Xirgu evidencian que la derecha no tenía ninguna intención en ‘perdonar’ a los ‘hermanos descarriados de la izquierda’. Los ganadores de la guerra no querían en ‘su España’ a los vencidos.

J. F. Lamata

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