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Los carlistas de la Comunión Tradicionalista están alineados con las derechas frente a las izquierdas socialista y comunista

Asesinado el diputado tradicionalista Marcelino Oreja por socialistas durante la ‘Revolución de Octubre’ del PSOE contra la República

HECHOS

El 5.10.1934 fue asesinado a tiros el diputado de Las Cortes, D. Marcelino Oreja Elósegui.

D. Marcelino Oreja Elósegui se ha convertido en el primer diputado de Las Cortes asesinado desde la proclamación de la II República, volviendo así a los tiempos de La Restauración, en la que el pistolerismo terrorista acabó con figuras históricas como D. Antonio Canovas del Castillo, D. José Canalejas o D. Eduardo Dato, todos ellos diputados y presidentes del Consejo de Ministros asesinados en ese periodo.

19 Octubre 1934

CÓMO FUE ASESINADO EL SEÑOR OREJA ELÓSEGI

R. Oreja Elósegui

Emocionante relato de un hermano de la víctima como respuesta a la afirmación de que Marcelino Oreja murió ‘por un tiroteo’

Eran las ocho de la mañana cuando cinco obreros caracterizados por sus exaltadas ideas, obreros de la Unión Cerrajera, en cuya fábrica ostentaba mi hermano la alta dirección, se presentaron en su casa, armados de pistolas, escopetas y bombas de mano, llamando al timbre y manifestando a su esposa, que acudió ante ellos, la absoluta necesidad de que les acompañara el fallecido, pues de los contrario se encargarían a la fuerza de ello, penetrando en su domicilio. Mi hermano, que al alborear esa mañana, creyó notar cierta anormalidad en el pueblo por haberse apagado la luz de madrugada y oír algún tiroteo, terminó el Santo Rosario con su familia, y al requerimiento indicado acudió solícitamente al llamamiento, sin pretender la menor huida, presentándose ante aquel Tribunal, que sin salir todavía del portal de su casa le registraron, al que jamás llevó arma alguna, pues le bastaba el continuo deseo de una conciencia que se esforzaba por servir a Dios.

Una vez detenido y con las pistolas al pecho, fue llevado por las calles de Mondragón a la Casa del Pueblo, donde el poco rato, en unión de los señores Rezusta y Azcoaga, administrador éste de la fábrica, quedaron solos en un local totalmente aislado, bajo la vigilancia de aquello, con prohibición terminante de dirigirse la menor palabra.

Así continuaron hasta cerca de la una en que en el local próximo al de ellos y previa discusión en alta voz se decidió la muerte, para cuyo cumplimiento, a las dos de la tarde, les ordenaron siguieran a la misma cuadrilla que apresó a mi hermano, para ser conducidos a un monte próximo. Domina, sin embargo, la impaciencia a los verdugos: en un huerto, al que da salida por la parte trasera de la Casa del Pueblo y al saltar, por orden de ellos, una pequeña tapia que conduce al camino vecinal y monte, lo hizo el primero el administrador, intentando seguir mi hermano, quien al instante recibió un tiro de pistola en la columna vertebral, calibre nueve, que conservo; otro en la cabeza con destrozo de la masa encefálica, un tercero en la mano, y un cuarto tiro, éste de escopeta, en el brazo derecho, cayendo allí bañado en un charco de sangre y con los brazos en cruz perdonando a sus enemigos. A continuación matan al Sr. Rezusta, y consumado el hecho, muy tranquilamente vivieron a la Casa del Pueblo, donde todavía continuaron constituidos en Soviets, hasta que a las ocho de la noche hizo su aparición una compañía de soldados, cuya presencia bastó para que los valientes se dispersaran huyendo por los montes.

¿Interesa a usted conocer la causa de la muerte de mi hermano?

Obreros que trabajaban en la fábrica actualmente, como antes digo, comiendo diariamente el pan, aparte de mercedes particulares que él hacía desvelándose por implantar la doctrina social católica, bastó este hecho matizado con una vida práctica de profunda piedad religiosa, para que despertara el deseo de venganza a satisfacer en la primera ocasión en una revuela preparada y alentada hace mucho tiempo por parte de la Prensa sugería el pobre obrero ver cercano su ideal. ¡Pobres ejecutores de un mal llamada sentencia popular y bendito el que la luz de la fe inspiró siempre sus actos!

Y aquí traigo a la memoria un recuerdo íntimo que testimonia lo que acabo de afirmar. El primer día de Cortes llegó a mi casa entregándome al despedirse un Crucifijo análogo al que tiene sobre su mesa y que como regalo de boda lo adquirió para su querido amigo Sr. Gil Robles.

Al dorso de este Crucifijo grabó estas palabras del capítulo VI, versículo 35, del Evangelio de San Lucas, que dice así:

“Empero o vosotros amad a vuestros enemigos, haced bien y prestad sin recibir nada por ello y será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque El es bueno aun para los ingratos y malos”.

He ahí condensado todo lo que era mi hermano, en reivindicación de cuya mamoria hago este relato.

Nada más, señor director, dejando el comentario a su razón y cumplido este deber, atentamente le saluda y se reitera de usted atento servidor.

Oreja Elosegui

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