24 abril 1965
Se encontraba exiliado en la España franquista
Asesinado el líder opositor de Portugal, Humberto Delgado, presuntamente por agentes de la dictadura salazarista
Hechos
El 24 de abril de 1965 se conoció el asesinato de Humberto Delgado.
Lecturas
Americo Tomas era presidente de Portugal desde 1958.
Los cadáveres del líder de la oposición de Portugal, Humberto Delgado, y de su secretaria, son encontrados por un pastor cerca de Badajoz, en el término municipal de Villanueva del Fresno.
Humberto Delgado, ex general del ejército, se exilió a Brasil en 1959, y desde allí dirigió el secuestro de Santa María por el capitán Galvao.
Expulsado de Brasil en julio de 1964 se trasladó a Argel, donde constituyó un gobierno provisional. Según algunos comentaristas político, es probable que su ‘desaparición’ fuera debida a una acción más de la PIDE (policía secreta de Portugal) de la dictadura de Oliveira Salazar.
En 1968 Caetano sucederá a Salazar como dictador de Portugal.
El Análisis
El asesinato en España del general Humberto Delgado y de su secretaria, la joven brasileña Arajaryr Moreira de Campos, ha sacudido a la conciencia internacional y puesto al descubierto, una vez más, la naturaleza violenta y represiva del régimen de António de Oliveira Salazar. Delgado no era un opositor cualquiera: su figura encarnaba, desde las elecciones presidenciales de 1958, la esperanza frustrada de un Portugal democrático. Militar de prestigio y condecorado por su papel en la aviación, Delgado sorprendió al país con una campaña electoral directa, valiente y combativa, en la que pronunció la célebre frase “Obviamente, demito-o”, en referencia a Salazar. Su desafío al dictador le costó caro: aunque oficialmente derrotado por Américo Thomaz, la percepción general fue que el fraude electoral le arrebató una victoria legítima.
Tras aquel fracaso, Delgado partió al exilio, primero a Brasil, donde trató de organizar la oposición al Estado Novo. Fue desde allí, y en conexión con movimientos democráticos internacionales, donde su figura cobró dimensión de mito. Su nombre quedó también asociado al episodio del secuestro del trasatlántico Santa María en 1961, dirigido por el capitán Henrique Galvão, acción que pretendía denunciar las dictaduras ibéricas de Salazar y Franco. Aunque no participó directamente, Delgado fue vinculado al movimiento y se consolidó como el rostro visible de un Portugal alternativo, decidido a derribar al régimen por vías insurreccionales si fuese necesario.
El final de Delgado resulta tan trágico como revelador. Atrapado en una operación de engaño, fue atraído desde el exilio hasta la frontera hispano-portuguesa, cerca de Badajoz, donde él y Moreira de Campos fueron asesinados en 1965. Todas las sospechas recaen sobre la PIDE, la policía política de Salazar, conocida por sus métodos implacables contra opositores y por extender su represión más allá de las fronteras portuguesas. El asesinato no solo arrebató a la oposición democrática a su líder más carismático, sino que también expuso la colaboración tácita de la dictadura franquista con Lisboa en la persecución de disidentes.
La muerte de Humberto Delgado es un punto de inflexión en la historia de la oposición portuguesa. Con él desaparece un general que había demostrado que dentro del propio ejército podía haber voces disidentes y que la democracia aún era posible en Portugal. Pero su asesinato también desnuda la vulnerabilidad del Estado Novo: un régimen que, pese a su aparente solidez, necesita recurrir al crimen de Estado para sostenerse. Y aunque hoy Salazar parezca inamovible, la sangre de Delgado y de Arajaryr Moreira de Campos anticipa que la represión no será capaz de contener eternamente las ansias de libertad.
J. F. Lamata