9 junio 1958

Salazar seguirá acaparando los poderes desde el cargo de primer ministro

Américo Thomaz [Americo Tomas] se convierte en el nuevo Jefe de Estado de Portugal, país gobernado por la dictadura de Salazar

Hechos

El 9 de junio de 1958 el Vicealmirante Americo Thomaz asumió la Jefatura de Estado en Portugal.

Lecturas

En 1951 murió el general Carmona, presidente de Portugal. 

Tras las elecciones celebradas el 8 de junio de 1958 orquestadas por la dictadura militar del Dr. Antonio de Oliveira Salazar, el vicealmirante Américo Thomaz, candidato de la Unión Nacional se ha convertido en nuevo presidente de Portugal, en sustitución de Cavreiro Lopes.

En los comicios, llenos de incidentes y tachados de fraudulentos, consiguió derrotar a su oponente del Movimiento de Oposición Democrática, general Humberto Delgado.

Tal como estaba previsto Américo Thomaz ha ‘ratificado’ en su puesto al primer ministro, Dr. Antonio de Oliveira Salazar, el verdadero ‘hombre fuerte’ de la dictadura de Portugal desde 1932.

En 1965 moriría Humberto Delgado. 

El Análisis

Américo Thomaz y la continuidad del Estado Novo

JF Lamata

El 9 de junio de 1958 asumió la jefatura del Estado portugués el vicealmirante Américo Thomaz, elegido tras el fin del mandato de Francisco Craveiro Lopes. Su llegada no representa una ruptura en la estructura política del país, sino la confirmación de una tradición instaurada tras la muerte del general Carmona en 1951: la presidencia de la República es, en la práctica, un cargo institucional y representativo, mientras que el verdadero poder reside en la figura indiscutida de António de Oliveira Salazar, jefe de Gobierno desde 1932 y arquitecto absoluto del Estado Novo.

El intermedio de Craveiro Lopes demostró que la presidencia podía generar ciertas tensiones dentro de la dictadura, pues el general buscó mayor protagonismo político que el tolerado por Salazar. Su relevo y la elección de Thomaz, un hombre de perfil bajo y disciplinado, evidencian la voluntad del régimen de consolidar una presidencia dócil y subordinada. Con ello, el salazarismo asegura la continuidad del control sin fisuras, mientras la fachada institucional del Estado Novo se mantiene en pie.

Los retos que enfrenta Portugal en 1958 son considerables. A diferencia de España, el país forma parte de la OTAN, lo que le brinda un anclaje internacional y apoyo estratégico de Occidente en plena Guerra Fría. Sin embargo, esa pertenencia convive con una política colonial cada vez más anacrónica. El régimen de Salazar insiste en mantener bajo férreo dominio a territorios como Mozambique, Angola o Guinea-Bissau, considerados “provincias ultramarinas” y no colonias, en una lógica que lo enfrenta al despertar de los movimientos de liberación africanos y lo sitúa en contradicción con el discurso democrático que impera en sus socios atlánticos.

La elección de Thomaz, por tanto, no marca un giro en la historia de Portugal, sino la prolongación de la dictadura salazarista bajo nuevas formas protocolarias. El presidente encarna la permanencia del Estado Novo en lo institucional, mientras Salazar gobierna con mano férrea. Pero las tensiones internas, las presiones internacionales y, sobre todo, el desafío colonial que tarde o temprano estallará, configuran un futuro incierto para un régimen que, aunque sólido en apariencia, empieza a mostrar fisuras inevitables en la segunda mitad del siglo XX.

JF Lamata