18 abril 1951

Muere Lunia Antonio Oscar de Fragoso Carmona una de las cabezas de la dictadura militar de Portugal

Hechos

El 18 de abril de 1951 falleció Antonio Oscar de Fragoso Carmona.

Lecturas

Salazar es jefe de Gobierno desde 1932. 

Ha fallecido en Lunia Antonio Oscar de Fragoso Carmona a los 80 años de edad este 18 de abril de 1951.

Militar de carrera y con gran ambición política, en 1926, ministro de Guerra a la sazón, apoyó el golpe de Estado del general Gomes Costa. Miembro del triunvirato que ejerció desde entones el poder, pronto se convirtió en dictador único de Portugal, sofocando para ello las rebeliones de Lisboa y Oporto en 1927.

Convertido en Jefe del Estado de Portugal como presidente de la República en 1928 era el principal referente de la dictadura portuguesa junto al Doctor Salazar, que ocupaba el cargo de jefe de Gobierno.

La muerte de Antonio Oscar de Fragoso Carmona no supone ningún cambio de poder en Portugal, más allá de la necesidad de designar un nuevo Jefe de Estado, el dictador absoluto del país desde 1932 era el jefe de Gobierno, Dr. Salazar.

En 1958 Americo Tomas se convertirá en el nuevo Jefe de Estado de Portugal. 

El Análisis

La muerte de Carmona y la continuidad del salazarismo

JF Lamata

La muerte del general Óscar Carmona, en abril de 1951, cierra una etapa en la historia contemporánea de Portugal. Carmona, jefe de Estado desde 1926, fue una de las figuras claves en el tránsito de la inestable Primera República a la dictadura que se consolidó tras el golpe militar de aquel año. Durante sus primeros años en el poder, encarnó la continuidad de los militares en el mando y dio a la dictadura una legitimidad institucional que la República había perdido en medio de crisis políticas constantes. Su figura, revestida de autoridad castrense, simbolizó la transición de un país convulso hacia un régimen autoritario.

Pero, con el paso del tiempo, Carmona dejó de ser el verdadero centro del poder. La llegada de António de Oliveira Salazar a la presidencia del Consejo de Ministros en 1932 alteró el equilibrio de fuerzas. Carmona, aunque formalmente era el jefe de Estado, quedó relegado a un papel ceremonial, mientras Salazar se erigía en el verdadero arquitecto del Estado Novo, controlando desde la economía hasta la vida política y social del país. En ese sentido, la larga jefatura de Carmona estuvo marcada más por su rol simbólico que por decisiones de gobierno.

Su muerte, por tanto, no implica un cambio sustancial en la estructura de poder portuguesa. El salazarismo se mantiene intacto, con el dictador en pleno control de la nación. Lo que Carmona representaba –la fachada institucional y militar que legitimaba el régimen– será rápidamente sustituido por otra figura de consenso, sin que el edificio del Estado Novo se tambalee. Portugal seguirá su camino bajo la sombra de Salazar, inmóvil en lo político, conservador en lo social y aislado en lo internacional.

Carmona será recordado como el presidente que dio rostro al régimen durante un cuarto de siglo, pero también como el militar que entregó las riendas del poder absoluto a Salazar. Su desaparición no abre una nueva era, sino que confirma que Portugal, en 1951, vive ya plenamente bajo la dictadura personal del profesor de Coímbra, que no cederá hasta que su salud lo obligue a retirarse.

J. F. Lamata